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Música

'Sin ir más lejos': con la música de Marta Valdés en Ciudad de México

La Fonoteca Nacional reunió a un grupo de admiradores de la compositora cubana.

Ciudad de México
Marta Valdés
Marta Valdés Cubadebate

Parecía que la lluvia que cayó a media tarde sobre Ciudad de México iba a impedir, este 24 de septiembre, que la cita prevista con la música de la compositora cubana Marta Valdés sucediera según lo previsto. Para tal cosa, los fieles de sus canciones tendrían que llegar hasta la Fonoteca Nacional, ubicada entre las calles de Coyoacán, con sus adoquines y empedrados irregulares. Pero aún bajo el aguacero estuvimos ahí los suficientes, para que el nombre de la autora de "Canción desde otro mundo" y "Tú no sospechas" resonara entre los viejos muros de ese edificio, conocido también como la Casa Alvarado, y donde, como nos recuerda una tarja ubicada junto a su portón, vivió sus últimos días el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz.

En la que también fue llamada Quinta Rosalía, y que se conoció como Casa Alvarado por asegurarse que en ella residió Pedro de Alvarado, uno de los personajes más singulares de la Conquista, radica ahora esta institución, ocupada en preservar el acervo sonoro de México. La casona tiene su propio misterio, y aunque es imposible que el conquistador llegado a estas tierras junto a Hernán Cortés viviera entre sus paredes, pues la edificación es del siglo XVIII, una de sus célebres habitantes, la arqueóloga norteamericana Zelia Nutall hizo crecer esa leyenda. Diversos fueron los usos y moradores de esta casa tras su fallecimiento, pero en el 2005 fue restaurada y desde entonces radica allí la Fonoteca. Entre sus actividades culturales se encuentra esta que comento aquí, y que fue realizada en formato de radio en directo, conducida por Rita Abreu, autora del libro Es letra y se canta. Veintiséis canciones de Marta Valdés. Mediante una selección de composiciones de la Valdés, en voz de algunos de sus más renombrados intérpretes, la anfitriona comentó momentos de la vida de la artista cubana, cuya relación con México y sus compositores daría para varias sesiones como esta que se disfrutó en Coyoacán, ante un público que unió a cubanos y mexicanos, en un respetuoso y sentido tributo a una de las figuras más singulares del ámbito musical de la Isla.

Desde que escribió sus primeras canciones, a partir de 1955, Marta Valdés ocupó un sitio que aunque la ubica como parte de una tradición, también la señala como un carácter y una voz de auténtico perfil propio. Ya en aquellos días de juventud, con temas como "Palabras" o "En la imaginación", quedó claro que aunque se le pueda integrar a una segunda generación del movimiento filin, ella misma se extrañaba ante tal ubicación, porque sus caminos no fueron los mismos de otros que hoy son citados como imprescindibles de aquel movimiento.

La música cubana, las enseñanzas con la profesora Francisqueta Vallalta, la primera guitarra, y lo que se escuchaba en la radio, fueron añadiendo matices y sorpresas en el oído y la mente de aquella muchacha nacida en Luyanó, en 1934, y que luego viviría también cerca del Almendares. El jazz, la canción, el bolero, se iban fundiendo en esas influencias, y de ahí Marta Valdés logró extraer sus primeras composiciones.

La música mexicana estaba muy presente, con el Trío Los Panchos o el Trío Talavera. Y también desde allá llegaron, de vuelta, acordes y canciones que ella creía que eran mexicanas, pero que en realidad eran también de autores cubanos, popularizadas en el país vecino por voces como la de Fernando Fernández, o los hermanos Rigual. De todo eso se fue nutriendo ese pequeño mundo propio de Marta Valdés, cargado de suficiente intensidad como para ir seduciendo a intérpretes que en varios casos no solo grabaron con éxito algunos de sus temas, sino que además establecieron un diálogo y un compromiso con esas canciones que perduraron por mucho tiempo.

Tal y como recordó acertadamente la periodista, locutora y guionista Rita Abreu, una de esas voces ligadas a Marta Valdés de modo imbatible fue la de Elena Burke. Y por ello fue doblemente acertado que la escucha de esta tarde de septiembre, a manera de breve antología de sus canciones, diera inicio con la Señora Sentimiento y su versión de "En la imaginación", acompañada por Frank Emilio. Ello permitió a la presentadora evocar también uno de los primeros encontronazos que padeció Marta, precisamente con un productor mexicano, que a su paso por Cuba buscando artistas que grabar para la RCA Victor, fue llevado por la Burke a la casa de la compositora. Cuando ella cantó "En la imaginación", el productor se ofuscó, incapaz de asimilar lo que ese tema proponía en sus muchos aportes y renovaciones, que iban más allá del patrón de la canción de éxito. Fue algo que le dolió a la joven compositora, apuntó Rita Abreu, el desagrado con el cual ese señor, Mariano Rivera Conde, reaccionó ante lo que hoy reconocemos como uno de los clásicos en el repertorio de la Valdés. Más allá de esa anécdota, Marta comprendió que para ser honesta consigo misma, esa era la vía en la cual debería seguir insistiendo, lejos de dejarse llevar por las fórmulas que procuraban las disqueras para rellenar las victrolas de la época.

No sería ese el único encontronazo que sufrió por elegir esa manera de crear, con ese cuidado en la letra y en la emoción, con esa conexión con la poesía y una sensibilidad que eran de otra época, y que se adelantaban en sus desafíos a lo que iban imponiendo modas más pasajeras. Ya en los años 60, cuando se imponen otros ritmos e ideologías, los temas de Marta Valdés pasan a ser menos escuchados en la radio, y con el cierre de bares y la desaparición de las victrolas, esa música gustada por bohemios y trasnochadores llegó a ser tildada como cosas incompatibles con los nuevos aires, las marchas y las consignas.

Marta Valdés halló entonces su refugio en Teatro Estudio, bajo la dirección de Raquel Revuelta, y asesoró musicalmente muchos espectáculos de la agrupación, creando también a partir de algunas de esas experiencias canciones tan memorables como "José Jacinto" y "Hacia dónde", que en esta sesión de escucha pudimos disfrutar en la voz de la española Martirio, versionada desde un aire que unía intimidad y flamenco. En 1978, cuando Marta Valdés gana el Gran Premio del primer Concurso de la Canción Adolfo Guzmán, empieza a ser rehabilitada y vuelven a grabarse sus temas, a los que se añaden nuevas composiciones, demostrando que su talento no se había detenido en aquellos años llenos de tantas tardes grises, para decirlo con Sindo Garay.

En el encuentro de la Fonoteca, se pudo oír además a Haydée Milanés interpretando "Tengo"; "No te empeñes más" en la voz de Fernando Álvarez, desde una hermosa orquestación de Bebo Valdés; y "Como un río" en la interpretación de Miriam Ramos. "Si vuelves", llegó a cargo de Argelia Fragoso; "Sin ir más lejos", por Gema Corredera; y la versión libre y jazzeada de Dayron Ortiz a partir de "Palabras", uno de los grandes éxitos de Marta Valdés, fueron cerrando el ciclo seleccionado por Rita Abreu, que añadió a esas voces la de la compositora, a la que se escuchó en una grabación de su "Canción difícil".

Quien conoce a fondo el repertorio de esta creadora, podrá extrañar en esta breve retrospectiva otros temas esenciales, como "Hay mil formas", "Canción desde otro mundo", "Aunque no te vi llegar", "Llora, llora", "Canción fácil". O voces como las de Pablo Milanés, Freddy, Renée Barrios, Doris de la Torre y Bola de Nieve, que también forman parte de ese arco en el cual todos coinciden en la extraña seducción que Marta Valdés sigue proponiendo a todo aquel que se acerque a sus canciones desde la transparencia y el rigor que hay en cada una de ellas. Prueba de que ese arco se extiende a nuevas generaciones, fue la presencia de la joven cantante y actriz Ana Ochoa, quien cerró la velada interpretando en vivo "Tú no sospechas" y "Hay todavía una canción".

Todo esto ocurrió a pocos días del aniversario de la muerte de Marta Valdés, quien falleció en La Habana, a sus 90 años, el 3 de octubre de 2024. En esas voces consagradas, en los discos que le han dedicado íntegramente figuras como Elena Burke, Miriam Ramos, Gema Corredera y Haydée Milanés, y en los que grabó la propia compositora como testimonio de su propio gusto a la hora de conformar un repertorio de su autoría o acudiendo a canciones de otros compositores, hay una imagen nítida de su legado que hay que ampliar con la relectura de los libros donde compiló sus reseñas sobre música, o en las entrevistas que periodistas e investigadores de su obra, como Raúl Nogués, han ido preservando.

Todo ello permite hacer creer que ese mundo sonoro creado por Marta Valdés debe empezar a entenderse como una biografía que ya podemos ir asumiendo desde sus canciones, desde la sutileza con la cual también las nuevas voces la van trayendo a sus conciertos y presentaciones, para que entendamos mejor quién fue y cómo tradujo sus vivencias en esas composiciones que deben seguir acompañándonos. Y acercándola a temas y variaciones de sensibilidades más amplias, como hizo Gema Corredera en su video clip de "Sin ir más lejos", que dibuja una anécdota de amor entre mujeres como una suerte de clave para que logremos ir más allá de sus estrofas.

También de eso se habló en esta noche dedicada a Marta Valdés, en la que Rita Abreu añadió a sus palabras poemas de Nancy Morejón y Minerva Salado. Con gusto hubiera oído también algún poema de Sigfredo Ariel, tan afín a lo que nos regaló esta compositora, a la que recordamos esta vez, bajo la lluvia en Ciudad de México, con un fervor que no debería faltar en el país donde ella nació y donde murió.

Al fin y al cabo, cuando nos despedíamos ante el portón de la casona de Coyoacán, los que compartimos esta noche coincidimos en que hasta la lluvia estuvo a favor de Marta Valdés, para dar con la frescura de la noche un espacio más singular a sus canciones. "Ha llovido esta tarde, los extraño y te extraño, me siento y te escribo", dicen esos versos de "Canción sin título", que siempre recuerdo en la voz de Miriam Ramos. Y que por un momento me hizo creer que, mientras oíamos esas canciones suyas, estábamos también en La Habana que en sus canciones imaginó Marta Valdés. 

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2 comentarios

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Marta Valdés y Dulce María Loynaz son dos de las creadoras cubanas que casi nunca se les menciona cuando se habla de la marginación de los artistas. Dos figuras convencidas de su talento e ideas que prefirieron el exilio interno y la dignidad profesional.

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Cuánto me hubiera gustado haber estado allá.