Tras suspenderla el pasado febrero debido a la crisis de combustible y al colapso generalizado en la Isla, el régimen cubano celebrará finalmente en agosto su Feria Internacional del Libro de La Habana, uno de los eventos culturales más importantes del país. No obstante, la edición actual será notablemente más reducida, a pesar de que el Instituto Cubano del Libro (ICL) la había presentado con más ambición que las anteriores, toda vez que está dedicada al centenario de Fidel Castro y tiene a Rusia como país invitado.
Si la celebración tradicional del evento implicaba que se extendiera durante dos semanas, esta vez será mucho más breve, al celebrarse del 10 al 16 de agosto. Asimismo, la sede emblemática del evento, la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, también queda relegada "debido a las actuales circunstancias", según justificaron las autoridades del sector, que presentaron como nueva sede la Estación Cultural de Línea y 18, significativamente más pequeña.
El ICL anunció que el evento contará con "más de 1.300 novedades editoriales y dos millones de ejemplares disponibles". Sin embargo, la mayoría de estos serán en formato electrónico y el resto se compone de remanentes de los almacenes de la entidad.
Asimismo, la institución señaló que espera recibir delegaciones de China, México, Argentina, Venezuela, Brasil, España, entre otras naciones, aunque ninguna de ellas resulta especialmente relevante en el contexto actual.
En cuanto a la presencia rusa, la que más interesa al régimen, estará encabezada por Mikhail Shvydkoy, representante especial del presidente Vladimir Putin para la Cooperación Cultural Internacional, detalló el embajador de Moscú en La Habana, Víctor Koronelli.
El diplomático dijo, en conferencia de prensa, que la delegación de su país busca "acercar al público cubano a la Rusia de hoy". Para ello, "una delegación de destacados escritores rusos contemporáneos visitará Cuba", con el objetivo de "presentar sus obras, intercambiar con sus lectores, compartir sus experiencias literarias y ofrecer charlas en universidades, escuelas y bibliotecas", explicó.
"En total presentaremos más de 1.500 títulos, entre ellos, obras de los grandes clásicos de la literatura rusa, como Pushkin, Lérmontov, Tolstói, Dostoievski, Chéjov, Bulgákov, Gorki, Mayakovski, Shólojov y muchos otros", agregó. También indicó que la delegación estará integrada por Vladímir Grigoriev, director del Departamento de Apoyo Estatal a la Prensa Periódica y la Industria del Libro del Ministerio de Desarrollo Digital de Rusia, lo que reforzaría la voluntad compartida por La Habana y Moscú de extender su aparato propagandístico.
Además de las actividades meramente literarias, la embajada rusa organizará durante el evento, en colaboración con sus contrapartes cubanas, varios conciertos y un ciclo de cine que incluye la proyección de dibujos animados soviéticos en salas de La Habana.
Dejando entrever que la Feria Internacional del Libro constituye un escenario ideal para la propaganda y el soft power, Koronelli ponderó que "participar simboliza el nivel de relaciones entre nuestros pueblos y gobiernos".
En un reciente artículo al respecto, el periodista de DIARIO DE CUBA José Luis Reyes destacó que, "más allá de los vínculos militares y de inteligencia entre La Habana y Moscú, el elemento más visible de esta influencia es el poder blando que ejerce el Kremlin en la Isla a través de sus medios de comunicación, universidades e instituciones con acuerdos de intercambio y colaboración de diverso carácter".
Asimismo, subrayó que uno de los objetivos del Kremlin para mantener su área de influencia es "mostrar la cultura, el idioma y la imagen de Rusia en la mayor de las Antillas, promoviendo los valores espirituales y materiales de la nación eslava", algo que Moscú ejecuta a través de la cada vez más poderosa Casa de Rusia en La Habana.
Con el advenimiento de celulares, táblets y computadoras ya nadie lee libros, mucho menos la basura comunista.
Rusia no está en condiciones de dedicarse al tema cubano, porque ya lo ven como una causa perdida. Con su guerra a cuestas, el uso del dinero y - sobre todo - las extensas negociaciones diplomáticas, no tienen sentido en la actualidad. Sin aliados regionales, los "bolos" aparecen como una opción buena, bonita y barata, para dedicarle unos pocos días, en un espacio lúgubre, y darle a la pobre gente, algo para distraerse. Seguramente aparecerán buenas ofertas, que servirán para hacer uso doméstico del papel: Cien horas con Fidel, Fidel y la Religión, Un encuentro con Fidel y varias "joyas" más, incluidas algunas escritas para beneplácito del sucesor monárquico, Castro II, y para deleite de las autoridades del ICL. Luego, las estadísticas dirán que la gente está más comprometida que nunca, cuando en verdad la miseria golpea a las puertas de todo el pueblo.
Muchas latas de carne rusa ayudarían al hambreado pueblo cubano y de nuevo barcos de chícharos...