Desde el año pasado Nueva York está en un estado de euforia con el arte cubano y cubanoamericano: la exposición de Coco Fusco en El Museo del Barrio, la de Rafael Soriano en la prestigiosa galería Hollis Taggart en Chelsea, y la de Wifredo Lam en el Museo de Arte Moderno. Mi libro sobre arte cubano de los años 40 fue presentado por el Centro Cultural Cubano y el Instituto Cervantes en enero, y su auditorio se llenó un miércoles por la noche, con temperatura en números negativos. ¿Que está sucediendo? Parece que la autenticidad, la belleza formal, y un arte con contenido de substancia, sea Fusco, Soriano, Lam u otros está atrayendo a un público cansado de la frivolidad y de la última moda efímera que plaga tantas galerías y museos neoyorquinos.
Este pasado 9 de febrero la casa de subastas Bonhams, en la calle 57, abrió la exposición Modern Cuban Painters, From Havana to New York 1939-1949 (Pintores Cubanos Modernos, de la Habana a Nueva York 1939-1949). La comisaría de la muestra está a cargo de Elizabeth T. Goizueta y Cristina Figueroa Vives, y la muestra es auspiciada por la Fundación Mariano Rodríguez. La exposición va acompañada por un hermoso coffee table book lleno de imágenes a todo color de las pinturas y documentación fotografica de ese rico periodo de actividad cultural.
El volumen contiene cuatro ensayos, entre los que sobresalen el de la doctora Susanna Temkin (sobre los precedentes del arte moderno cubano en Nueva York), y un artículo publicado hace años por la difunta curadora del Museo Nacional, la doctora Luz Merino. El ensayo de Cristina Figueroa Vives repasa con claridad e inteligencia la presencia del arte cubano en Nueva York durante la década 1939-49. El ensayo de Elizabeth T. Goizueta da más importancia a María Luisa Gomez Mena de la que tuvo.(Ella apoyó la exposición Modern Cuban Painters en el MoMA, pero su papel de mecenas de las artes visuales fue breve. En cuanto se divorció de su segundo esposo, el pintor Mario Carreño, su interés por mantener la Galería del Prado desvaneció. Y su siguiente pasión fue la literatura y el cine, muy conectados con su último marido, el poeta español Manuel Altolaguirre).
Los años 1939-49 (yo me extendería más, hasta el 10 de marzo de 1952, cuando la democracia constitucional desapareció de Cuba) fueron años de un renacimiento cultural en la Isla, donde las artes visuales sobresalen en su vigor y originalidad. En la primavera de 1944, el Museo de Arte Moderno de Nueva York abrió la exposición Modern Cuban Painters, la cual sentó una pauta de lo que sería el canon de nuestra pintura moderna y sobre cuáles eran sus figuras esenciales. Mas allá de la exposición del Museo del Arte Moderno, organizada por Alfred H. Barr Jr., con la asesoría del entonces joven crítico José Gómez Sicre, la ciudad de Nueva York exhibió a los artistas importantes en muestras individuales: Carreño y Martínez Pedro en Perls Gallery, Lam en Pierre Matisse, Mariano en Feigl, y Portocarrero en Julien Levy, y no olvidemos la exposición de Fidelio Ponce en Delphic Studios (que representaba a Orozco), y Amelia Peláez en la Galería Norte, asociada a la revista del mismo nombre.
El arte moderno cubano, a través de su pintura (extrañamente la escultura fue y sigue siendo olvidada o ignorada en exposiciones) ofreció al público neoyorquino de la guerra y posguerra una visualidad alternativa de lo que podía ser el arte de América Latina: ni el politizado arte mexicano de los muralistas, ni el cerebral y austero arte de Torres-García y sus seguidores. La pintura cubana era figurativa, pero expresiva, revelando una poética de colorido y movimiento, sin caer en lo ilustrativo.
Esta exposición reúne obras claves de importantes colecciones privadas, como Rudman y Ruibal (pero se nota la ausencia de la colección de Ramón y Nercys Cernuda), y muchas de ellas no se han exhibido en décadas. En pinturas y dibujos vemos la originalidad de nuestros "tres grandes": Peláez, Ponce y Enríquez.
Amelia Peláez absorbe las lecciones de Matisse, Braque y Soutine, y crea un barroco decorativo y monumental que referencia la arquitectura vernácula de la Colonia, con sus columnas, mediopuntos y vitrales, e incorpora flora y fauna caribeña. Fidelio Ponce, sin duda el "artista más maldito" de la primera vanguardia, crea un expresionismo cargado de extrañeza, donde la luz devora las formas y los colores oscuros son asfixiantes; pinta santos y Cristos enajenados, tuberculosas, niños alucinados. Su mundo es el subsuelo de la República, donde los pobres esperan la muerte —todo esto sin haber salido jamás de la Isla—. Su retrato de Rosie, la esposa del escritor y diplomático Girón Cerna es único y enigmático dentro de su producción. Carlos Enríquez crea en su arte una síntesis del ensueño del surrealismo, el movimiento del futurismo, y la sensualidad dislocada del expresionismo.
Wifredo Lam, "el hijo prodigo" está bien representado por obra de su mejor periodo, que fue sin duda los años 40. Recordemos que Lam se negó a participar en la exposición del 1944, diciendo falsamente que era una "exposición oficial" pagada por el Gobierno de Batista. La muestra fue auspiciada por María Luisa Gómez Mena, por ese entonces casada con el pintor Mario Carreño. Los esenciales de la segunda vanguardia están muy bien representados: Mariano, Portocarrero, Bermúdez y Carreño, Luis Martínez Pedro y Felipe Orlando, y la siempre fascinante figura de Roberto Diago, que en su breve vida de 34 años dejo una originalísima obra en dibujo y algunas pinturas.
Dentro de este grupo, El desayuno de Mariano es un extraordinario cuadro, cuya luz y sensualidad demuestran lo que absorbió de Bonnard y Matisse, y transformó en un vocabulario propio. El retrato de María Luisa Gómez Mena por Cundo Bermúdez capta a la excéntrica dama en un espacio completamente inventado y lleno de encanto.
Instalada con sobriedad y elegancia, el buen ojo curatorial de Goizueta y Figueroa Vives es notable en toda la exposición. ¿Falta algo? Solo añado mi modesta observación de que una exposición de esta categoría debía estar en un museo, no en las galerías de una casa de subastas. Debe de haber una distancia física y ética entre una exposición de arte y una casa de subastas, sobre todo una casa con una trayectoria problemática.
Hace unos 20 años, mi colega Juan Martínez y yo íbamos a organizar una exposición que fuera una reconstrucción y revisión crítica de Modern Cuban Painters. Juan consiguió prestamos de varias colecciones privadas en Miami, yo logré que instituciones públicas se comprometieran en prestar sus obras cubanas que habían estado en la exposición del Museo de Arte Moderno. El Jersey City Museum tendría la primicia de la exposición, después iría a El Museo del Barrio en Nueva York, y por último terminaría en Florida International University. Solo faltaba la cooperación del Museo de Arte Moderno. El entonces curador principal, un experto en Matisse, negó toda cooperación. Para él, nuestro arte no era importante, era figurativo, pasado de moda, padecía de mucho color, etc. Juan y yo solicitamos la ayuda de una importante coleccionista que tenía lazos con ese museo. Con diplomacia nos contestó que nada podía hacer, que no era el momento, y que la abstracción geométrica estaba en ascendencia. La exposición no llego a realizarse. Cuento esta anécdota como un ejemplo concreto de la frase "Nos mastican, pero no nos tragan".
Esta exposición demuestra la importancia del arte moderno cubano más allá e independientemente de la obra de Wifredo Lam. La exposición ofrece una promesa. Nos deja con ganas de ver más y ver más en un museo. Espero que, en un futuro no muy lejano, otros curadores, jóvenes y con nuevas ideas, decidan reconstruir críticamente la importante Modern Cuban Painters de 1944, y expandirla con los artistas ausentes (Arche, Abela, Gattorno, Fernández, Peña, Pogolotti, Lam) e incluyendo escultores como Teodoro Ramos Blanco y Alfredo Lozano. No en una casa de subastas, si no en un museo importante, como se merece. La exposición estará abierta hasta el 6 de marzo.
RECLAMACIÓN POR OBRA ROBADA / DISPUTA DE PROPIEDAD
Notifico formalmente que la obra "El Rapto" de Carlos Enríquez, valorada en subastas por $108,000 USD, es de MI PROPIEDAD legítima.
Tras el silencio injustificado de Christie’s, Sotheby’s y la falta de acción inicial de la unidad de Arte Robado del FBI, hago público que la comercialización de esta pieza es un acto ilícito.
Quien facilite o participe en su venta será incluido en las acciones legales por receptación de bienes en disputa. No permitiré que el silencio ampare este fraude.
Referencia de la obra: https://www.artsy.net/artwo…