Araceli García Carranza, considerada una de las investigadoras y bibliógrafas más importantes del siglo pasado en Cuba, y a quien se deben bibliografías e índices analíticos de figuras y obras de la historia literaria nacional, falleció el lunes 2 de febrero en La Habana a los 88 años de edad.
Nacida en la capital de la Isla en 1937, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana en 1962 y, luego de ejercer como maestra, comenzó su trabajo en la Biblioteca Nacional, donde desempeñó diversos cargos.
En esa institución dirigió el Departamento de Colección Cubana entre 1972 y 1979, además de asesorar la Red de Bibliotecas Públicas del país.
Según consta en la enciclopedia oficialista Ecured, García Carranza tuvo a su cargo la elaboración de bibliografías de José Martí para las revistas Anuario Martiano y Anuario del Centro de Estudios Martianos, así como de autores como Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Fernando Ortiz y Elías Entralgo.
También de Emilio Roig de Leuchsenring, Eliseo Diego, Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal Spengler, Cintio Vitier y Ernesto "Che" Guevara.
Entre 1995 y 2005 fue miembro corresponsal de la Sección de Bibliografía de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de la Biblioteca (IFLA, por sus siglas en inglés), y en 2004 fue nombrada miembro del consejo de redacción de la revista estadounidense Cuban Studies.
Fue profesora titular adjunta de la Universidad de La Habana, donde ejerció como investigadora titular y docente de Bibliotecología. Asimismo, fungió como miembro del Tribunal de Categorías Científicas del Ministerio de Cultura desde 1995.
Recibió, entre otras, la Distinción por la Cultura Cubana y las medallas Alejo Carpentier y Nicolás Guillén. En 2003 recibió el Premio Nacional de Investigación Cultural y en 2024 el Premio Anual de Investigación por la obra Bibliografía de Armando Hart Dávalos 1930-2017.
Hay que añadir su excelente labor en la preparación de índices de revistas, como desde Verbum a Ciclón, pasando por Orígenes. También le ordenaban labores francamente ridículas como la bibliografía de Armando Hart, pero qué remedio, era una empleada.