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Arquitectura

Palacio de los Capitanes Generales: el museo

'El Palacio de los Capitanes Generales continúa haciendo historia, la del conocimiento y respeto por el pasado, la de la preservación y gestión patrimonial'.

Madrid
Palacio de los Capitanes Generales, La Habana.
Palacio de los Capitanes Generales, La Habana. Online Tours

Inaugurado en 1791, sobre los restos de una iglesia, en plena plaza fundacional, en el núcleo de la vida urbana, el Palacio de los Capitanes Generales tiene mucho que contar sobre Cuba y su capital.  Funcionó como cárcel durante cuatro décadas, como sede del gobierno de la Isla durante 11 décadas, y como oficinas del alcalde habanero durante 176 años. Hace 57 años es museo y su colección es una de las más consecuentes y útiles que exhibe la ciudad. No obstante, su realización fue resultado de mucho esfuerzo y del empeño de dos hombres determinantes en la divulgación de la historia nacional y en la preservación de su patrimonio mueble e inmueble, material e inmaterial, en toda su complejidad y matices.

Por eso, como museo, el Palacio de los Capitanes Generales continúa haciendo historia, la del conocimiento y respeto por el pasado que vertebra nuestra identidad, la de la preservación y gestión patrimonial. Y es que la creación del Museo Histórico de La Habana está íntimamente relacionada con la de la Oficina del Historiador de la Ciudad, institución que radicó en ese inmueble durante 42 años.

En la década de 1930, Emilio Roig de Leuchsenring trabajaba para el Ayuntamiento de La Habana como comisionado intermunicipal. Por su gran interés en el estudio y divulgación de la historia habanera, fue nombrado en 1935 Historiador de la Ciudad, y constituida oficialmente su Oficina en 1938, como dependencia del Ayuntamiento.

La Oficina del Historiador de la Ciudad ocupó primero algunos locales de la planta baja del palacio municipal, con tres áreas de trabajo fundamentales: el Archivo Histórico, que contenía el conjunto de actas capitulares celosamente preservadas por Roig; la Biblioteca Histórica Cubana y Americana, conformada por 200.000 volúmenes donados por intelectuales cubanos; y Publicaciones, que inició con la edición de las actas del Archivo, posibilitando el acceso a su valioso testimonio histórico, y cuadernos de historia habanera que distribuía gratuitamente.

En 1940, Roig ideó un museo municipal y sus oficinas fueron trasladadas al entresuelo del Palacio, donde permanecieron entre 1941 y 1947. El museo comenzó a funcionar en 1942, sin embargo, apenas tenía una sala. La intensa labor de Roig desde la Oficina del Historiador le llevó a la creación de varias asociaciones culturales muy activas en el estudio y defensa del patrimonio nacional, así como a la celebración anual de los Congresos Nacionales de Historia en ese palacio a partir de 1942.

Para facilitar la ampliación del museo, en 1947 la Oficina del Historiador se mudó a la planta baja y entresuelo del Palacio del Conde de Casa Lombillo, con acceso desde la Plaza de la Catedral. Sus fondos estaban compuestos por esculturas, lápidas y objetos de La Habana colonial, y por una colección de documentos de los próceres cubanos, especialmente de José Martí, que Emilio Roig pudo conformar con la ayuda de sus amigos intelectuales. No obstante, a la muerte de Roig, en 1964, la Oficina del Historiador se disolvió, el Archivo Histórico regresó al Ayuntamiento, la Biblioteca apenas conservó diez ejemplares y gran parte del museo pasó a los fondos de la Academia de Ciencias.

En 1959 había comenzado a trabajar como inspector del Ayuntamiento Eusebio Leal Spengler, con 17 años de edad. Allí conoció a Roig y comenzó una estrecha relación que cultivó en Leal la pasión por la historia y su divulgación, y la necesidad de salvaguardar el patrimonio nacional. Fue él quien convenció al alcalde de la necesidad de no perder el trabajo realizado por Roig en las décadas precedentes y recuperar el museo para la ciudad. De este modo, en 1967, cuando se decidió mudar el Ayuntamiento (entonces Administración Metropolitana de La Habana) al edificio de la Avenida de las Misiones, se designó a Leal responsable de la restauración del Palacio de los Capitanes Generales y director del Museo Histórico de La Habana que allí se recrearía. No obstante, el registro burocrático de estas funciones corresponde a 1970, cuando fue nombrado director del museo, y a 1971, como Historiador de la Ciudad.

Sin experiencia, pero con mucho esfuerzo, Eusebio Leal logró las alianzas necesarias con diferentes instituciones estatales e intelectuales amigos de Roig para rehacer el proyecto perdido. En 1968 abrieron las primeras salas del museo y en 1969 se recuperaron las funciones del Archivo Histórico y de la Biblioteca Histórica Cubana y Americana. Durante las obras de restauración se realizaron importantes prospecciones que localizaron los restos arqueológicos de la antigua Parroquial Mayor. Se hallaron 250 restos humanos y objetos, estos últimos incluidos en la colección.

De este modo, el diseño museológico del Palacio de los Capitanes Generales comienza con la historia misma de la Parroquial, los orígenes de la villa y el desarrollo de una sociedad que dio lugar a la construcción del monumental palacio de Gobierno. También están representadas sus funciones históricas como cárcel pública y palacio de gobernación, con diferentes estancias como salón de ceremonia, despacho, dormitorio, comedor, aseo, etc. Finalmente, se incluyó una colección titulada "Cuba heroica", que ilustra la gesta independentista como una ventana a la historia de la nación de la que este edificio también formó parte, primero como sede del Gobierno español y luego con los primeros gobiernos republicanos. Allí se reunió una exclusiva colección de banderas, armas y documentos históricos de excepcional valor para el país, hasta entonces dispersos y olvidados.

En 1969 concibió Leal una sala dedicada a Emilio Roig, y con ayuda de su viuda recuperó el mobiliario utilizado cuando su oficina estaba en el entresuelo del palacio. De este modo, recreó el gabinete original de trabajo como homenaje al ilustre historiador que tanto hizo por el patrimonio cultural de la nación y la divulgación de su historia. La constitución general del museo conllevó la búsqueda y reunión de un número apreciable de bienes desperdigados por distintas instituciones del país, algunas guardadas en depósitos y deterioradas, que debieron restaurarse. Con lo cual, a su función social sumó el mérito de custodiar y preservar objetos invaluables.

El Palacio de los Capitanes Generales fue hasta 2001 sede de la Oficina del Historiador, que luego transitó por otras dos casonas coloniales. Su ímproba labor en la recuperación del centro histórico y en la concepción de un equipo multidisciplinar para la salvaguarda del patrimonio cubano y la adecuada apreciación de sus valores, suma méritos a la historia de este edificio que parece signado a presenciar grandes cambios y decisiones manifiestas en la vida habanera.

Refiriéndose al trabajo de ambos historiadores, Félix Julio Alfonso resumió que "nunca la Oficina del Historiador fue para ellos instancia administrativa o lugar para el adocenamiento burocrático, sino espacio privilegiado de creación intelectual, abierto a los más amplios horizontes de la cultura. Los dos debieron superar obstáculos y oposiciones, y como Quijotes se batieron sin tregua contra sietemesinos y censores de la utopía". El Palacio de los Capitanes Generales fue testigo y cuna de todo ello, trascendiendo cada etapa con la suma de experiencias que moldearon de un modo u otro la ciudad y su gente. 

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4 comentarios

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Yo lo que me pregunto es si esas piezas no son réplicas y las originales las vendieron hace décadas a algún ricachón.

Profile picture for user Ana J. Faya

El museo que es ese edificio es invaluable. Las colecciones y cada pieza que se muestran --vajillas, candelabros, quinqués, porta velas--, fueron cuidadosamente escogidas por los restauradores y técnicos que trabajaron en ese museo, quienes acogieron ese trabajo como propio. Valga la labor diaria, constante de Eusebio Leal para lograrlo. Como bien dice la autora, requirió ese empeño de Leal el apoyo de muchos, y a sabiendas de que cualquier decisión en la Cuba de los 70 pasaba por el tamiz de Fidel Castro, su labor incluyó los llamados y visitas a las oficinas de Miyar Barruecos y Celia Sánchez en Palacio, como se le decía. Al Estado cubano le convenía además presentar, como pantalla a cuanto mandatario visitaba Cuba, la labor de restauración en los Capitanes Generales y La Habana Vieja, en tiempos en que en la ciudad comenzaba el deterioro que muestra hoy. Era un win-win para todos, incluidos los cubanos y su historia.

¿Ya nombraron un nuevo Historiador de la Ciudad o el cargo sigue vacante tras la muerte de Eusebio Leal? ¿Quién podría ser?

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Milagro y no lo hicieron trizas.