¿Es el nacimiento un drama? ¿Una tragedia? ¿O apenas un acto natural que da vida?
El alumbramiento se anuncia con un llanto, con una llamada. Así, simplemente, comienza Eva, una obra teatral de mujeres para mujeres.
¿Qué somos? ¿Cuánto de comedia y cuánto de tragedia nos depara la existencia? Todo depende de dónde nos toque desembarcar y crecer.
Eva, la nueva propuesta de Liliam Vega, es sin duda una obra madura. Retrocede de la realidad hacia la introspección, cuestionando las relaciones humanas, y rompe con la linealidad del texto tradicional, multiplicándolo en imágenes que conforman un discurso paralelo, visual.
Liliam Vega juega con el espectador, lo seduce con una ritualidad heredada de la cubanía de los años 80, hija artística de los grandes directores teatrales de los 60.
Volvemos al principio: el verbo se hizo llanto y el llanto se hizo mujer/mujeres.
Cinco actrices en escena tratan de explicar su vida, sus frustraciones, sus risas. En Eva, la protagonista puede estar en cualquier parte. Hay un guiño a las mujeres árabes, aquellas de las que solo los ojos hablan.
La mujer-objeto, la mujer víctima del grito, del engaño.
La mujer que define su destino con un cuchillo… o con un canto.
La puesta en escena de Vega se nutre del lenguaje del teatro más primitivo: el canto, la danza. Pero los mezcla y sazona con contemporaneidad, creando un lenguaje caribeño-americano.
El negro de los trajes unifica a estas mujeres que viajan en paralelo con sincronía casi militar.
Madres, guerreras, defensoras, protectoras de sus hijos.
Estas mujeres se definen como sacerdotisas, redentoras.
Sacrificio, sinónimo de mujer.
El rojo, utilizado de manera sistemática en la obra, es otro de los elementos rituales: vino, carne, cuerpo, sangre, sacrificio.
El rojo y el negro.
El miedo y la alegría.
La religiosidad: Eleguá, Santa Bárbara.
Eva, nombre bíblico de la primera mujer: madre, curiosa, desobediente, desterrada. Ese paralelismo lo utiliza Vega para llevarnos a su origen, a Cuba, al viaje de retorno, a la búsqueda de las raíces.
Eva y Cuba: dos mujeres, dos geografías, ambas atravesadas por la causalidad… y la casualidad.
Las mujeres/mujer en la obra aman, sufren, casi matan por amor.
La isla está presente en el hombre que se va, en la barca que no llega, en las despedidas, en la desesperanza, en la imposibilidad de un reencuentro, en el grito sin eco.
La mujer/madre/abuela/tía… Ella, una y todas, cuentan la historia como los cantores de la antigüedad: palabra por palabra, al viento.
Liliam Vega crea un espacio mutante, sostenido por claroscuros que advierten tragedia.
Los pasos de las cinco actrices, fuertes en momentos ineludibles, sintetizan el estado de ánimo de cada una.
La música original en directo de Héctor Agüero y Jorge Morejón completa un discurso sonoro entrañable, potenciado por la voz emotiva y potente de Ivanesa Cabrera, que arrancaba aplausos espontáneos durante la representación.
Las actrices —Ivanesa, Simone, Kirenia, Rocío y Fanny— se movían con destreza dentro del espacio escénico.
Palabra dicha con fuerza, con los matices necesarios.
La rigurosidad del entrenamiento y la dirección actoral se tradujo en actuaciones notables.
La última escena, el epílogo, es de una fuerza y ternura difícil de describir, porque es sinónimo y antónimo al mismo tiempo:
Es el dúo perfecto.
Es continuidad.
Son compañeras indispensables.
Son madurez.
Son plenitud.
Son Flora y Lili.
Flora Lauten, la maestra de tantos, la directora eterna, es el regalo que Liliam Vega hace al público.
Lilliam se une en escena a su madre y se funde en sus ojos.
Dos actrices enormes.
Flora rompe la fragilidad de los años y entrega una actuación magistral con la experiencia escrita en su cuerpo. El texto está en sus manos, en sus pies, en su mirada.
Flora, siempre brillante, siempre provocativa. Es arte, es amor, es legado.
Eva-Cuba-Mujer. Eva es una declaración , un canto y un grito a la vez.
Un llamado a no olvidar.
A buscar nuestra genealogía.
No importa dónde nos lleve el azar: la historia tendrá que contarse.
Eva termina augurando un futuro —ojalá— no más horrendo que este presente.
Una mirada a la esperanza.
Una mirada a los reencuentros.
Una mirada al futuro.
Una mirada al inicio.
Eva, texto de Adyel Quintero y Lilliam Vega, dirección de Lilliam Vega y producción de Loipa Alonso se presentó este mes en Sandrell Rivers Theater, Miami.
Un gran acierto del Ingenio Teatro y de Lilian Vega con la cual tuve el gran honor y placer, como siempre, de trabajar para esta obra como coreógrafo.