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Artes plásticas

Una obra de Carlos Martiel, en la colección permanente del Museo Guggenheim de Nueva York

Se trata de 'Hijo pródigo', una impactante pieza donde el artista cubano se coloca las medallas de su padre.

Madrid
'Hijo pródigo', de Carlos Martiel.
'Hijo pródigo', de Carlos Martiel.

Una obra del artista cubano Carlos Martiel forma parte de la colección permanente del Museo Guggenheim de Nueva York, según da a conocer el propio creador en su perfil de Facebook.

"No tengo palabras para describir la alegría que siento porque mi obra 'Hijo pródigo' es ahora parte de la colección permanente de Guggenheim", escribe Martiel en la red social y agradece a todos los que han hecho posible esto.

I have no words to describe the joy I feel because my artwork Prodigal Son is now part of the @guggenheim permanent...

Publicada por Carlos Martiel en Martes, 1 de octubre de 2019

Hijo pródigo (2010) es una obra en la que el artista engancha directamente sobre la piel de su pecho todas las medallas que el Estado cubano le concedió a su padre "por sus méritos patrióticos", explica Martiel en su página web.

Con esta pieza el artista obtuvo en 2013 el Premio Arte Laguna en Venecia, en la categoría de videoarte y performance.

Esta obra, que podemos incluir dentro de la corriente del body art, no es solo una reflexión sobre el cuerpo y el dolor físico —ya que las medallas son puestas directamente en la piel del artista—, sino también sobre el sufrimiento individual y colectivo de la sociedad cubana a través de una serie de referencias políticas.

El trabajo de Mariel tiene un componente de impacto visual con el uso del cuerpo como eje central, dando lugar a imágenes de una dureza minimalista que buscan la conmoción del espectador.

En un extenso texto sobre la obra de Martiel, la académica Jill Lane sugiere que Hijo pródigo podría verse como una respuesta a Por América, la polémica obra del artista cubano Juan Francisco Elso donde un Martí de madera empuña un machete, mientras "su cuerpo está atravesado por dardos de madera —como una especie de San Sebastián moderno— y la sangre le corre del cráneo al cuello". 

"Esos dardos, entonces, podrían ser flechas enemigas disparadas por la España imperial en la lucha por la independencia", sugiere Lane.

"Las perforaciones de Martiel, en parte, imitan el sufrimiento del mártir, convirtiéndose en un acto auto-flagelante de reverencia (el hijo pródigo, después de todo, vuelve penitente). Pero el gesto también resiste la inscripción en tales regímenes de sacrificio y redención. A diferencia del Martí de Elso, el compromiso de Martiel con la revolución está, por así decirlo, en un estado de arresto: inmóvil y no sugiere una lucha hacia un futuro revolucionario", opina la académica.

Con esta impactante obra, Carlos Martiel se suma a una pequeña nómina de artistas cubanos que han llamado la atención de este prestigioso museo, entre los que figuran Wifredo Lam, Ana Mendieta, Félix González-Torres, Guillermo Calzadilla, Tania Bruguera, María Elena González, Carlos Garaicoa y Wilfredo Prieto.

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