Tras meses de incrementar la campaña estatal contra las drogas, el régimen no ha logrado contener su repunte en la sociedad cubana, tanto en lo referido al tráfico como al consumo. En tal sentido, el jefe del Órgano Especializado de Enfrentamiento Antidrogas del Ministerio del Interior, Juan Carlos Poey Guerra, reconoció que "el fenómeno se manifiesta en todas las provincias".
Citado por el periódico oficial Granma, el funcionario detalló que "las sustancias como metanfetamina y cannabinoides sintéticos son las de mayor presencia", admitiendo el fracaso de la estrategia gubernamental antidrogas.
Después de meses de acciones que la propaganda oficialista resaltó como supuestamente eficientes, Poey Guerra se refirió a la necesidad de "fortalecer los niveles de prevención y enfrentamiento a los ilícitos de drogas, así como garantizar un sistema de trabajo permanente que frene su evolución".
Ante este panorama, conviene preguntarse: ¿En qué se han centrado las campañas antidrogas hasta ahora? ¿Por qué no están siendo efectivas? ¿Por qué la propaganda oficial miente y alaba sus supuestos progresos?
Además, Poey Guerra reconoció que desconocen "cuántos consumidores se han reinsertado y rehabilitado". Al propio tiempo, el vicepresidente cubano, Salvador Valdés Mesa, subrayó que "se debe elevar el control de manera permanente y estable, y fortalecer los planes de enfrentamiento para obtener mejores resultados". Sus palabras indican que la jerarquía del régimen conoce el fracaso de las campañas anteriores.
Entretanto, el vicejefe primero de la Aduana General de la República, William Pérez González, reconoció problemas de detección de drogas en los aeropuertos y señaló que "se debe reforzar el enfrentamiento en las fronteras".
El pasado junio, el especialista en Toxicología Alejandro Mestre Barroso reconoció que "el incremento del consumo pospandemia ha sido dramático, con un aumento de más del 200% en comparación con el período prepandémico".
Subrayó, asimismo, la "debilidad fundamental" del Observatorio Nacional de Drogas, que el régimen creó en 2025 con fondos de la Unión Europea y la promesa de contener el fenómeno, algo que no ha sucedido.
En tal sentido, Mestre Barroso sostuvo que dicha "debilidad fundamental" se debe a que el observatorio "no cuenta con una red a nivel sectorial, que es donde está el problema". Es decir, se trata de especialistas que, desde La Habana y sin ir al terreno, elaboran informes sin tomar el pulso real al fenómeno.
El más reciente informe del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), publicado por el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, reveló como uno de sus hallazgos más relevantes la expansión acelerada de los delitos asociados a las drogas.
"Durante 2025 se reportaron 437 hechos vinculados a la producción, venta y consumo de estupefacientes, consolidando esta tipología como una de las tendencias más preocupantes del año. La presencia creciente de sustancias como el llamado 'químico', junto a marihuana, cocaína y otras drogas sintéticas, evidencia un cambio cualitativo del fenómeno criminal, con mayor penetración territorial, impacto comunitario y afectación directa a jóvenes y sectores vulnerables", detalló.