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Educación

Menos estudiantes y más necesidad de trabajar: la universidad cubana ante la crisis

'Si no trabajamos para contribuir al hogar, estamos perdidos', dice una estudiante que dejó el curso diurno. Como ella, muchos jóvenes intentan estudiar y sostener económicamente a sus familias al mismo tiempo.

Zaragoza
Estudiantes de la Universidad de Matanzas en 2022.
Estudiantes de la Universidad de Matanzas en 2022. Cubadebate

Dayde Ibana Echevarría Martínez tiene 19 años y estudia segundo año de Logopedia en la Universidad de Matanzas. Este curso decidió pasar de la modalidad diurna al curso para trabajadores. No quería dejar de estudiar, pero necesitaba encontrar una manera de contribuir económicamente a su hogar.

"La situación en Cuba actualmente es bastante difícil y el transporte representa un gasto importante, sobre todo los viajes hacia la universidad. Aunque mi esposo trabaja, no puede cubrir todas nuestras necesidades. Por eso sentí que debía comenzar a aportar económicamente a mi hogar y cubrir mis propios gastos. Además, tengo responsabilidades familiares y quiero poder ayudar cuando sea necesario", explica.

En la actualidad, Dayde trabaja como secretaria en la sala de hospitalización del Servicio de Oncología del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Faustino Pérez Hernández de Matanzas. Aunque su decisión fue personal, estuvo muy condicionada por la realidad que viven los cubanos.

"No quería dejar el curso diurno, porque me gusta estudiar y quiero terminar mi carrera. No fue una decisión porque haya perdido el interés en ella, sino porque necesitaba encontrar una manera de continuar estudiando y, a la vez, poder ayudar en mi hogar".

Una situación similar atraviesa Elizabeth Cabrera Rojo, de 22 años, quien estudia Licenciatura en Rehabilitación Física y también pasó al curso para trabajadores. Tiene dos empleos: es manicurista y forma parte de una compañía de regalos sorpresa.

"La situación del país me llevó a abandonar el curso para pasar al de trabajadores; todo lo que estamos viviendo, la economía, se ha vuelto muy difícil. En este tiempo si no trabajamos para contribuir al hogar, estamos perdidos".

"El tema de ser manicurista fue mi elección, pero tuve que ponerle más empeño debido a la realidad en Cuba. Lo que empezó como una decisión personal para mis ratos libres, después se volvió una obligación, de ser un hobby se volvió un trabajo", añadió la estudiante matancera.

Una universidad condicionada por la crisis

Las historias de Dayde y Elizabeth se producen en un contexto de contracción de la matrícula universitaria cubana. Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), entre los cursos 2020-2021 y 2023-2024 el número de estudiantes universitarios cayó aproximadamente en 72.500, un 25%.

En 2023, DIARIO DE CUBA publicó un reportaje sobre alumnos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Matanzas que abandonaban la carrera debido a las deplorables condiciones de la institución.

Para el nuevo curso escolar 2026-2027, iniciado el 1 de septiembre, la dirección del centro de educación yumurino dio a conocer en su página web que las clases se harían de forma mixta, presencial y en línea, y por división en bloques según el año y la carrera correspondiente, debido a la situación del transporte y la energía eléctrica.

En medio de ese contexto, cada vez más estudiantes optan por cambiar su modalidad de estudio. Pero la decisión no siempre viene acompañada de apoyo o validación.

"Mi familia está compuesta por profesionales y reaccionaron mal. Mis profesores, incluso, me llamaban y me decían que todavía tenía oportunidad de hacer la prueba, pero cuando uno crece y ve lo que es el dinero, y que con su trabajo puede sostener a su familia o contribuir bastante a la economía del hogar, uno prioriza eso, piensa en todo el trabajo que se pasa si no lo hace", explica Elizabeth.

"Pasar cinco años estudiando una carrera para que al final te paguen 6.000 pesos (poco más de ocho dólares) en transferencia, y que no se pueda usar" por las dificultades para extraer dinero y la negativa de muchos negocios a aceptar pagos con tarjeta, además de que "los precios están exorbitados… eso influye mucho", añade.

Dayde, en cambio, encontró comprensión en su entorno. "Mi familia entendió que era una decisión necesaria debido a mi situación. Algunas personas pudieron verlo como algo negativo porque significa renunciar a una parte de la experiencia universitaria, sin embargo, también comprendieron que así puedo trabajar, adquirir experiencia y tener cierta independencia económica".

Mientras los estudiantes del curso regular van a la universidad cuando les corresponden clases presenciales y permanecen en sus casas enfrentando las peripecias de la conexión a internet cuando las actividades son a distancia, ambas alumnas trabajan para poder llegar a fin de mes, con un resultado que va más allá de una buena calificación escolar.

"He aprendido a valorar más el esfuerzo que hago para alcanzar mis metas. Sé que combinar el trabajo con la universidad puede ser más agotador, pero considero que es un sacrificio necesario", dice Dayde Echevarría.

Elizabeth también identifica diferencias importantes entre ambas modalidades: "A favor de mi decisión estuvo el argumento de que por lo menos iba a seguir estudiando, y en contra que me iba a ser muy difícil, porque en el curso diurno uno tiene el rigor, la presión de estudiar todos los días, tienes pruebas sistemáticamente, un curso por dirigido es una vez a la semana, menos riguroso, menos aprendizaje. No tengo nada en contra de estos últimos, y muchas veces las personas logran graduarse de esa forma, pero el rigor no es el mismo".

Trabajar sin abandonar la carrera

La crisis económica y social de Cuba lleva a estudiantes en edad universitaria a abandonar por completo sus carreras y dedicarse únicamente al trabajo para garantizar un ingreso económico. Dayde reconoce que ella misma ha pensado en abandonar la universidad, pero no quiere hacerlo.

"En algún momento he pensado que quizás sería más fácil dejar la universidad por completo, pero no quiero abandonar mi carrera. Logopedia es algo que quiero terminar y considero que mi formación profesional es importante para mi futuro. Por eso decidí buscar una alternativa que me permitiera hacer ambas: trabajar y estudiar".

Elizabeth ya tuvo que renunciar anteriormente a una carrera por motivos relacionados con el trabajo. Ahora, después de haber conseguido reingresar a la universidad, asegura que no quiere repetir aquella experiencia.

"Fui cambio de carrera y también la anterior la dejé por esta cuestión del trabajo. Recuerdo que cuando lo hice lloraba, veía una bata blanca y le decía a mi mamá que anhelaba volver a tener una, estudiar, volver a ser universitaria. Pude hacer mi reingreso. La universidad me brindó una oportunidad. Creo que no la dejaría por nada, aunque la situación se pusiera más difícil. Me veo ejerciendo la carrera, incluso si eso significa tener que dejar todos los trabajos que realizo, porque vale la pena".

Las estudiantes concuerdan en que un título universitario garantiza herramientas para su futuro, aunque el camino hacia la graduación no sea sencillo. Para Dayde, además, ese futuro profesional no necesariamente está en Cuba.

"La verdad es que no puedo asegurar que mi futuro profesional esté en Cuba. Me gustaría terminar mi carrera, ejercer como logopeda y desarrollarme profesionalmente, pero considero que en otro país podría encontrar mayores oportunidades laborales, mejores condiciones para crecer en mi profesión y una mayor estabilidad económica", dice.

"No significa que no quiera trabajar en Cuba, sino que, teniendo en cuenta la situación actual del país, me gustaría tener la posibilidad de buscar un futuro en otro lugar donde pueda aprovechar mejor mi preparación y alcanzar mis metas. Mi prioridad ahora es terminar mi carrera y prepararme lo mejor posible", añade.

Seguir estudiando pese a las dificultades

Desde la experiencia del cambio del curso diurno al de trabajadores y de enfrentarse a lo que día a día dicha decisión representa, las estudiantes matanceras tienen claro su mensaje para otros jóvenes que estén atravesando por una situación similar.

"Si las circunstancias económicas los obligan a trabajar, eso no significa que tengan que renunciar a sus sueños o abandonar sus estudios. Incorporarse al curso para trabajadores es una forma de continuar preparándose mientras se enfrentan las responsabilidades de la vida. Puede ser más difícil y requerir mucho más esfuerzo, pero mientras uno tenga claro lo que quiere lograr, vale la pena seguir adelante, aunque el camino no sea como lo imaginamos", dice Dayde.

"Les diría que se sienten y sean muy realistas con su situación, que lo conversen con sus padres, con sus profesores, siempre hay quienes te van a ayudar; que sigan adelante, que lleguen a graduarse, que un título universitario es un título, y si encima es una carrera por la que lucharon, vale la pena, aunque se pase un poco más de trabajo", concluye Elizabeth.

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