La felicitación del Fondo de Población de las Naciones Unidas a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) por su presunto trabajo en favor de la igualdad y protección de los derechos de mujeres y niñas, es otra afrenta más en una larga lista de atropellos contra las cubanas.
Durante décadas, las mujeres cubanas han sido el eslabón más castigado en una sociedad profundamente empobrecida por las políticas económicas gubernamentales y bajo el fuego inmisericorde de la represión política.
En este engranaje, la FMC no solo ha sido colaboradora necesaria, sino parte esencial.
En 2025, el 40% de las acciones represivas del régimen fueron contra mujeres, según datos del Observatorio Cubano de Derechos Humanos. Y en la provincia de Matanzas, sube hasta el 74%.
La tibieza internacional ha encontrado eco también en España, donde el Congreso rechazó en marzo pasado una propuesta que instaba al Gobierno de Pedro Sánchez a proteger a las mujeres cubanas de la represión castrista.
En paralelo a la persecución política, resulta evidente el desinterés del régimen cubano en poner coto a los crímenes machistas. El Gobierno ha aprobado algunas normas, pero Cuba continúa sin una ley integral y específica contra la violencia de género. La dispersión legal impide articular estrategias de prevención y apoyo efectivo para las víctimas, mientras las autoridades persisten en la falta de transparencia sobre los feminicidios.
Nadie debe olvidar que las mujeres cubanas son hoy las que más fuerte suenan sus calderos durante los apagones, ante la frustración por las ollas vacías y las cocinas apagadas. Cualquier proyecto de transición en Cuba debe priorizar estas demandas, mejorar la situación de las mujeres y conseguir una igualdad verdadera.
La FMC NUNCA se ha ocupado de los problemas de las cubanas. No por gusto en las discusiones previas al IV Congreso del PCC, por allá por inicios de los 90, hubo peticiones de eliminarla, o de reformarla dándoles poder a sectores femeninos en sindicatos y en organizaciones agrícolas. El problema, más allá del peso de las carencias que recae sobre las mujeres con más fuerza, es el de la ineficiencia de la FMC por su concepción, que entre otras cosas, nunca ha tenido presencia efectiva en las bases y la actividad se reduce a cobrar los cuatro quilos que cuesta la membresía (me pregunto cuántas se habrán dado de baja ya).
Asignatura pendiente por parte de la satrapía cubana, como muchas otras. Moco Pegao se adueñó del tema por ser ADN Castro, y lo manejó a su antojo, en detrimento de los derechos de las mujeres. Es hora de sacarles las máscaras del descaro, del robo, y de la violación sistemática de los DDHH.