Mientras el colapso generalizado de Cuba es cada vez más evidente y al régimen se le cierran los caminos que permitan su continuidad en el poder, una delegación de la Cámara de Comercio de la Isla, encabezada por su presidente, Antonio Carricarte, viajó a Seúl para firmar un acuerdo de colaboración con la Asociación de Importadores de la República de Corea, que busca la "promoción de la oferta exportable cubana en el país asiático", indicó la entidad cubana en su perfil de Facebook.
Durante una reunión en la capital surcoreana con Youn Young-mi, presidenta de la citada asociación, ambos dirigentes se refirieron a las "oportunidades de negocios en sectores estratégicos como el agroalimentario, las energías renovables y la industria biofarmacéutica", detalló la Cámara de Comercio.
Según el reporte de The Korea Herald, Carricarte también señaló la posible cooperación en reciclaje, producción de alimentos para animales, cría de cerdos y cultivo de granos, al tiempo que destacó que "Cuba está interesada en aprender del modelo de desarrollo industrial de Corea del Sur, en particular de su éxito en la transformación de pequeñas y medianas empresas en compañías competitivas a nivel mundial".
Luego de que EEUU amenazara con imponer sanciones a las empresas extranjeras que mantengan negocios con el régimen, lo que provocó una estampida de compañías de la Isla como la canadiense Sherritt, Carricarte dijo a su contraparte que "habrá mayores oportunidades de cooperación en sectores como la minería y los metales, donde Corea tiene una importante fortaleza".
Al hilo de lo anterior, y analizado el impacto del foro de negocios celebrado en la embajada del régimen en Seúl, el medio local MK reseñó: "Han surgido predicciones que indican que Cuba, actualmente sometida a una presión integral que incluye sanciones económicas estadounidenses, se convertirá en una nueva 'tierra de oportunidades' para las empresas surcoreanas".
"Si bien su potencial de crecimiento, derivado de sus abundantes recursos naturales y mercados emergentes, representa una fortaleza, también se recomendó actuar con cautela en el contexto actual de sanciones estadounidenses", agregó.
En tal sentido, el funcionario comercial de Corea del Sur en La Habana, Lee Myung-joon, enfatizó que "las empresas no pueden abordar el mercado de la misma manera que lo harían en otros lugares".
Así, instó a las compañías surcoreanas a "analizar las oportunidades caso por caso, mediante una debida diligencia exhaustiva, garantías legales y mecanismos de pago alternativos fuera del sistema financiero estadounidense".
Además, el funcionario surcoreano "recomendó una entrada gradual y con gestión de riesgos al creciente sector privado cubano", detalló MK.
En este contexto, el auge de las relaciones entre La Habana y Seúl representa un giro significativo en la política exterior surcoreana, orientada a reforzar su presencia en América Latina, al tiempo que marca un golpe simbólico para Corea del Norte, tradicional aliado de Cuba desde la Guerra Fría.
La Habana, que ya no cuenta con grandes benefactores, busca hacer negocios con sus pocos aliados e incluso con países como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y mecanismos como la Unión Económica Euroasiática. No obstante, la confianza inspirada por el castrismo en este sentido es escasa.
Corea del Sur, según los cálculos del régimen, entraría en este rejuego, pero el flujo de dólares se resiste a llegar a sus arcas a pesar de que, en diciembre último, La Habana obtuvo un importante beneficio de esta apuesta, con la donación por parte del Ministerio de Agricultura de Corea del Sur de 24.600 toneladas de arroz a la Isla.