La Administración de Donald Trump enfrenta un escenario complejo respecto a Cuba, con opciones que van desde un acuerdo económico hasta una posible intervención militar, todas con riesgos políticos y consecuencias inciertas tanto para la Isla como para Estados Unidos, según un artículo de USA Today.
Tras imponer un embargo petrolero que ha empujado a Cuba "al borde de una crisis humanitaria" —según el medio estadounidense—, la Casa Blanca no ha definido aún una estrategia clara. El propio Trump insinuó recientemente que "muy pronto… esta gran fuerza traerá un nuevo amanecer para Cuba", sin precisar el camino.
Un posible acuerdo bajo condiciones
Una de las opciones sobre la mesa es un acuerdo económico con La Habana. En febrero, Trump encargó al secretario de Estado, Marco Rubio, explorar negociaciones "a muy alto nivel", en lo que el propio presidente describió como una posible "toma amistosa de Cuba".
Fuentes citadas por el medio estadounidense señalan que las conversaciones incluyen inversiones en puertos, energía y turismo, así como la posibilidad de flexibilizar sanciones. A cambio, Washington exige reformas económicas, liberación de presos políticos, compensaciones por propiedades confiscadas y mayor apertura política. La Casa Blanca ya advirtió que "solo Trump y Rubio están al tanto de lo que ocurre en Cuba", en desmentidos a reportes de la prensa estadounidense
Un funcionario del Departamento de Estado afirmó a USA Today que el Gobierno de Cuba tiene "una pequeña ventana" para aplicar cambios antes de que la situación empeore. Durante una visita diplomática el 10 de abril —la primera de este tipo desde 2016—, también se propuso introducir servicios de internet de alta velocidad como Starlink en la Isla.
Sin embargo, esta vía genera resistencias dentro del propio Partido Republicano. El congresista Carlos Giménez advirtió que sería "inaceptable" cualquier acuerdo que permita a figuras vinculadas a los Castro mantenerse en el poder. "Todo lo que quieren es tiempo… y son muy buenos en eso", afirmó.
Presión para un cambio estructural
Otra alternativa citada es intensificar la presión para forzar un cambio de régimen sin recurrir a la fuerza militar. Rubio ha insistido en que cualquier acuerdo debe implicar una transformación profunda del sistema político cubano.
Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel y otros funcionarios del régimen y su Cancillería han reiterado su disposición al diálogo, pero sin ceder el control político.
El debate en Washington refleja la dificultad de esa vía. Durante una audiencia en el Congreso, la legisladora María Elvira Salazar rechazó cualquier negociación con el núcleo del poder en Cuba: "No vamos a hacer negocios con los Castro. Tienen que irse y entonces empezar de cero".
Entre las medidas de presión consideradas figuran recortes a remesas, suspensión de vuelos y sanciones a países que suministren petróleo a la Isla, aunque estas acciones podrían agravar la situación humanitaria.
La carta militar sigue sobre la mesa
El escenario más arriesgado es una intervención militar. El Pentágono ha intensificado discretamente su planificación para una posible operación en Cuba, según fuentes citadas por USA Today.
El 15 de abril, un dron de vigilancia MQ-4C Triton sobrevoló durante seis horas la costa sur de la Isla, con patrones de vuelo similares a los utilizados en zonas de conflicto. Aunque el Departamento de Defensa no explicó la misión, el movimiento es interpretado como una señal de presión.
Consultado al respecto, Trump respondió evasivamente: "Depende de lo que usted entienda por acción militar".
En los últimos días el régimen de La Habana ha acelerado la retórica de confrontación y de resistencia en nombre de una población agotada desde todo punto de vista.
Expertos citados en el reporte advierten que, aunque una incursión podría ser rápida desde el punto de vista militar, implicaría un costoso proceso posterior de reconstrucción en un país con infraestructura deteriorada y un sector privado débil.
En el Capitolio, el senador Roger Wicker restó prioridad al tema: "Tenemos dos guerras en las que concentrarnos ahora mismo", dijo, en referencia a otros conflictos internacionales.
La opción de no actuar
Otra posibilidad, según USA Today, es mantener la presión actual y esperar un desenlace interno en Cuba. La Administración Trump se encuentra en una especie de compás de espera mientras prioriza otros escenarios, como la guerra en Irán.
"Podríamos ocuparnos de Cuba después", dijo Trump el 13 de abril, calificando al país como "una nación que ha sido horriblemente gestionada durante muchos años por Castro".
Mientras tanto, Washington ha permitido la llegada de petróleo desde Rusia y ha moderado temporalmente su amenaza de imponer aranceles a países que suministren combustible a la Isla, lo que sugiere margen para maniobras tácticas.
Un dilema sin salida clara
Cada opción implica costos políticos. Un acuerdo podría provocar rechazo entre votantes cubanoamericanos; una escalada de sanciones podría empeorar la crisis humanitaria; una intervención militar abriría un escenario de ocupación incierto; y la inacción podría percibirse como incumplimiento de expectativas, opina el medio estadounidense.
Para sectores clave del exilio, el margen es limitado. "No seguir adelante es peor que no hacer nada", advirtió Giménez.
En ese contexto, considera el diario estadounidense, la política hacia La Habana aparece como uno de los dilemas más complejos para la Administración Trump: una decisión con impacto directo en la Isla, pero también con profundas repercusiones internas en Estados Unidos.