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Transporte

Transporte en Cuba en mínimos: solo 1.716 viajes de ómnibus y 27 trenes en un mes

Una salida diaria de ómnibus por provincia, trenes a una frecuencia de ocho días, ferry con dos salidas semanales y servicios locales prácticamente paralizados.

La Habana
Una parada en La Habana Vieja llena de personas.
Una parada en La Habana Vieja llena de personas. Diario de Cuba

La crisis energética que atraviesa Cuba ha llevado al sistema de transporte a niveles mínimos de funcionamiento, con recortes severos en servicios nacionales, paralización de inversiones y la adopción de soluciones de emergencia que evidencian el deterioro estructural del sector.

El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, reconoció en el programa oficial Mesa Redonda de este miércoles que fue necesario reducir las salidas de ómnibus nacionales a apenas una diaria por provincia, mientras los trenes operan con una frecuencia de cada ocho días, una situación que limita drásticamente la movilidad en la Isla.

Según datos oficiales, en aproximadamente un mes se realizaron 1.716 viajes de ómnibus y algunos servicios adicionales para atender casos puntuales, transportando a poco más de 90.000 pasajeros. En el sistema ferroviario, apenas 27 trenes —incluidos tres extraordinarios— movilizaron a unas 40.000 personas.

Movilidad restringida y país paralizado

Las limitaciones no solo afectan el transporte interprovincial. A nivel local, numerosos servicios han sido reajustados o suspendidos, priorizando únicamente sectores considerados estratégicos como salud, educación y actividades vinculadas al sistema eléctrico.

El transporte marítimo también ha sido reducido a dos salidas semanales, mientras que los vuelos nacionales operan con ajustes, reflejo de una crisis de combustible que atraviesa todos los niveles del sistema.

El resultado es un país con movilidad severamente restringida, donde trasladarse entre provincias o incluso dentro de las ciudades se ha convertido en una tarea incierta.

Soluciones precarias para servicios vitales

Ante la falta de combustible, el propio ministro admitió la adopción de medidas excepcionales para garantizar servicios esenciales. En el caso de pacientes de hemodiálisis, algunos han tenido que ser hospitalizados ante la imposibilidad de transportarlos regularmente, mientras que otros son trasladados en taxis o incluso triciclos.

Estas soluciones improvisadas ilustran el nivel de precariedad en que opera el sistema, que depende además de la colaboración de transportistas estatales y privados para sostener servicios mínimos.

El Gobierno también ha priorizado el traslado de estudiantes de educación especial, movilizando recursos limitados para asegurar este servicio considerado "sensible".

Parálisis de inversiones y deterioro acumulado

La crisis ha obligado a detener la mayoría de las inversiones en infraestructura vial y transporte, incluyendo obras en carreteras, terminales y estaciones.

Aunque las autoridades aseguran que estos proyectos se retomarán cuando las condiciones lo permitan, la paralización prolongada amenaza con profundizar el deterioro de una red ya afectada por años de falta de mantenimiento.

Dependencia de operaciones logísticas bajo presión

A pesar de las limitaciones, el Gobierno cubano afirma haber garantizado la descarga de todos los buques en puertos como Mariel, con un promedio de 300 contenedores diarios que incluyen alimentos, insumos médicos y piezas para el sistema eléctrico.

Este flujo logístico, sin embargo, depende de una coordinación diaria bajo condiciones de escasez, lo que refleja la fragilidad de las cadenas de suministro internas.

Apuesta por la electrificación en medio de apagones y legalización del transporte informal

Como respuesta a la crisis, el Gobierno impulsa proyectos de transporte eléctrico, incluyendo la incorporación de ambulancias, triciclos y vehículos fúnebres eléctricos, así como la construcción de estaciones de carga. No obstante, esta estrategia choca con la realidad de un sistema electroenergético colapsado, marcado por apagones prolongados que cuestionan la viabilidad de estas soluciones a corto plazo.

En paralelo, las autoridades anunciaron la legalización de vehículos ensamblados de manera informal, como motocicletas y triciclos, una medida que reconoce de facto el papel creciente del sector informal en la movilidad del país.

Este proceso permitirá a sus propietarios acceder a combustible regulado, en un intento de integrar parcialmente estas soluciones al sistema oficial.

Las medidas adoptadas confirman que el transporte en Cuba opera en un esquema de contingencia permanente, donde la prioridad es sostener servicios mínimos más que garantizar una movilidad funcional para la población. 

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