La elite política, económica y militar del régimen cubano se prepara para resistir —y sobrevivir— a un eventual cambio de régimen, mientras la población enfrenta una crisis estructural cada vez más profunda, considera el investigador Carlos Malamud en un artículo publicado en el diario español El Mundo, donde describe una Isla marcada por la decadencia y por una cúpula que intenta preservar sus privilegios ante la perspectiva de un colapso.
Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España, sostiene que en Cuba "la sensación de fin de época es manifiesta", en medio de una combinación de apagones, escasez de combustible, desabastecimiento de alimentos y medicinas, deterioro de los servicios básicos y aumento de la represión y la delincuencia.
Esta percepción coincide con datos recabados por una reciente encuesta de DIARIO DE CUBA en la Isla, en la que más de la mitad de los cubanos encuestados (50,4%) consideraron que "aunque el Gobierno no quiera, el rumbo del país terminará cambiando".
Mientras el país se hunde en la precariedad, las élites vinculadas al poder mantienen niveles de vida muy alejados de los del resto de la población. El académico destaca que "sus élites políticas, económicas y militares mantienen unos elevados niveles de consumo", visibles "en sus barrios y en sus coches eléctricos, alimentados con paneles solares", además de su acceso a bienes fuera del alcance del ciudadano común.
Ese contraste es posible, explica, por el control que sectores del establishment ejercen sobre las micro, pequeñas y medianas empresas creadas en los últimos años. Algunas de estas "florecen gracias a sus conexiones políticas y familiares con el establishment 'revolucionario'", lo que consolida una red económica ligada al poder que podría servir de base para su supervivencia en un escenario poscastrista.
Un país en ruinas
El deterioro social es cada vez más visible. Malamud describe barrios de La Habana con calles degradadas que evocan, salvando las distancias históricas, las ciudades europeas devastadas por la guerra. La crisis energética agrava esa sensación: "cuando cae la noche y los apagones prolongan las alargadas sombras de la desesperanza".
En ese contexto, el sistema sanitario y los servicios públicos también muestran signos de colapso. Enfermedades como el dengue y la chikungunya agravan la situación.
Cita a la expresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba, Yirmara Torres Hernández, quien ironizó sobre el nivel de deterioro al afirmar que "para tener apagones hay que tener electricidad", y describió a Matanzas como "una ciudad de zombis", por el andar "doblado y adolorido" de muchos enfermos.
Recuerda que las carencias han llevado incluso al surgimiento de fogones colectivos en las calles para cocinar o iluminarse, en ocasiones “quemando muebles en desuso”.
El "sálvese quien pueda"
Durante décadas el régimen persiguió la iniciativa privada en nombre de la ortodoxia revolucionaria, añade Malamud. Sin embargo, en medio de la crisis actual, el propio sistema ha generado nuevas desigualdades que alimentan el desencanto social.
Ese contraste, escribe Malamud, refuerza entre los cubanos "la sensación de haber sido traicionados por la revolución". En medio del colapso, añade, parece haberse impuesto la lógica del "sálvese quien pueda". Se trata de otra idea que va en la misma línea de resultados de la encuesta anteriormente citada, según los cuales solo el 5,4% consideró que el Estado ha sido importante en la solución de sus problemas en los últimos años y solo el 5,7% opinó que el Estado y sus instituciones los ayudarán a resolver sus problemas en el futuro.
Presiones externas y negociaciones
La crisis interna coincide con una creciente presión internacional. Malamud recuerda que el presidente estadounidense Donald Trump afirmó el 11 de enero que "no habrá más petróleo ni dinero para Cuba", tras reforzar el control estadounidense sobre el crudo venezolano.
Además, The Wall Street Journal informó recientemente que Washington estaría buscando "activamente un cambio de régimen antes de fin de año" y manteniendo contactos con figuras cercanas al poder que podrían asumir un eventual relevo.
Según el investigador, estas conversaciones responderían a la estrategia del secretario de Estado, Marco Rubio, aunque no se conocen los interlocutores. Para el catedrático, saber quiénes participan permitiría evaluar "la amplitud del relevo en la cúpula" y quiénes podrían formar parte de un futuro gobierno.
Un final que parece inevitable
Pese a las incertidumbres, Malamud considera que el régimen se encuentra en una fase terminal. "Antes del verano o de finales de año, por las buenas o por las malas… es probable que la dictadura caiga", escribe. Su continuidad inmediata, añade, "sería un verdadero milagro".
Sin embargo, advierte que la transición difícilmente será ordenada o limpia. El desafío será evitar un escenario caótico que agrave la crisis humanitaria y provoque nuevas oleadas migratorias.
En cualquier caso, concluye, el sistema parece haber perdido el rumbo hace tiempo. Citando una canción del trovador Ray Hernández sobre el deterioro del régimen, Malamud resume el momento actual con una frase: "Olvídense del tesoro porque perdimos el mapa".
Buen artículo de Malamud. No cabe comparar la situación venezolana antes de la captura de Maduro con la de Cuba hoy. En Cuba la producción industrial y agrícola era ya prácticamente nula por ineficiencias acumuladas y apagones, antes de que Trump anunciara su "ocupación amistosa". Dejar en manos de los mismos que Washington ha acertadamente calificado como ineptos la dirección de la economía, sería insensato. Eso, sin entrar en los diseños políticos y represivos que nadie menciona, o en la depauperación de la sociedad. La nación cubana --a diferencia de la venezolana-- lleva 67 años regada por este mundo, con mayoría en USA, y tanto esos exiliados y emigrados, como los oprimidos de la isla, son los que por derecho propio debieran tener voz en el diseño de su propio país.
Parece que el argentino descubrió el agua tibia. Todos los días pasa algo negativo en la isla y piensa que va a durar hasta... finales del verano, o de año.