La jerarquía del poder en Cuba ha encontrado una vía para que los cubanos puedan leer a pesar de que la Feria del Libro de La Habana correspondiente a este año fue pospuesta o suspendida, debido a la crisis energética por la que atraviesa la Isla.
Se trata de la edición de las Obras Escogidas de Raúl Castro, que fue presentada recientemente en el Palacio de la Revolución, y acto seguido también en la Universidad de la Habana. Con prólogo de Miguel Díaz-Canel y presentaciones de Elier Ramírez Cañedo y Abel Prieto, se hace un ardiente llamado a la juventud para que lean sin pérdida de tiempo los nueve tomos de este texto.
Ramírez Cañedo, quien hizo un alto en sus investigaciones sobre la figura de Fidel Castro, tras ser nombrado flamantemente como segundo jefe del Departamento Ideológico del PCC, vinculó esta presentación con la fecha del 24 de febrero, que como es sabido el castrismo interpreta a su manera. Por su parte, el presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, insistió en la continuidad de Raúl con respecto a la política de su hermano mayor.
En realidad no sabemos qué trabajos del general de Ejército tengan la calidad necesaria para ser recogidos en un compendio semejante. Más allá de cartas familiares y apuntes de poca monta de su etapa al frente del insignificante grupo guerrillero que operó en la Sierra de Cristal antes de 1959, lo único que hizo Raúl Castro fue leer infinidad de discursos —tal vez elaborados por otros— como parte de sus funciones como ministro de las Fuerzas Armadas (FAR), y posteriormente en las funciones de primer secretario del PCC y presidente de la República.
Sin embargo, a los lectores cubanos les gustaría conocer las impresiones del menor de los Castro acerca de variados tópicos de la realidad nacional que seguramente no se encuentran en estas obras. Por ejemplo, lo relacionado con la desaparición del comandante Camilo Cienfuegos. ¿Cómo se habrá sentido Raúl al ser nombrado ministro de las FAR el 18 de octubre de 1959, cuando era evidente que había otro militar (Camilo) que contaba con más simpatías que él entre la población? ¿Fue casual que tan solo diez días después de ese nombramiento se produjera la desaparición de Camilo? Casi nadie puede creerlo.
Nos gustaría saber el papel real desempeñado por Raúl en todo el proceso que culminó con la ejecución de Arnaldo Ochoa y otros tres militares cubanos, acusados de intervenir en operaciones de narcotráfico internacional. ¿Habrá sido un juicio imparcial o la mano de Raúl estuvo presente en la decisión final de fusilar a los inculpados? Tal vez el entonces ministro de las FAR temía que se supiera toda la verdad.
Con relación a la supuesta continuidad de Raúl respecto al Gobierno de su hermano, la realidad marcó en cierto sentido una ruptura. Porque tras la proclama del comandante en jefe leída el 1 de agosto de 2006 por Carlos Valenciaga, en la que delegaba sus cargos en Raúl Castro, este se dedicó a despedir a muchos de los dirigentes del país. El propio Valenciaga, Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Hasan Pérez Casabona y Otto Rivero Torres, entre otros, cayeron en desgracia por obra y gracia de Raúl. Particularmente destacó el caso del ministro de Comunicaciones, Ignacio González Planas, quien había sido designado ese propio año de 2006 cuadro destacado del Estado, y a quien Fidel Castro llamaba cariñosamente Ignacito, quien no resistió la furia cambiaria de Raúl Castro.
Ahora, cuando se pensaba que a sus 95 años Raúl Castro se había retirado de la política activa, y solo quedaba para asesorar a la nueva dirección del país, nos percatamos de que el longevo general sin batallas sigue siendo el hombre fuerte de la nación.
Bastó una sugerencia suya para que el IX Congreso del PCC fuera pospuesto, y en estos días sus amanuenses pretenden poner a leer a todo el país con lo que llaman sus Obras Escogidas. Al paso que vamos, y tomando en cuenta esa costumbre de algunos cubanos de endiosar a ciertos dirigentes, en cualquier momento alguien, parafraseando lo sucedido en los tiempos de Gerardo Machado, exclame "Dios en el cielo y Raúl Castro en la tierra".
Espero que las hojas de esos libros sean lo suficientemente suaves como para hacer uso íntimo. Al ritmo que vamos, será más accesible comprar esos panfletos que el papel sanitario. Vaya uno a saber las boberías escritas que hay en su interior.