El epidemiólogo ruso y exjefe sanitario Gennadiy Onishchenko prendió nuevas alarmas esta semana al recomendar a sus compatriotas no viajar al extranjero, en particular a Cuba, debido al brote de arbovirus, sobre todo de chikungunya y dengue, que golpea a la Isla con una intensidad inédita desde el verano. "Quien aún no ha comprado un viaje, que no lo haga. Y quien ya lo tenga, que lo devuelva", declaró al medio ruso Life.ru.
Onishchenko advirtió que la epidemia registrada en Cuba —que han dejado al menos 33 fallecidos según cifras oficiales, aunque fuentes independientes elevan la cifra— representan un riesgo sanitario real para los viajeros. Los contagios confirmados entre rusos han aumentado, y medios de Moscú hablan de al menos 14 turistas infectados solo en noviembre, mientras más de 1.500 estarían en riesgo.
El especialista subrayó que, aunque el chikungunya no puede expandirse en Rusia por ausencia del mosquito Aedes aegypti, el contagio individual y el "choque térmico" entre clima tropical y temperaturas bajo cero podría agravar el cuadro clínico de viajeros vulnerables. Por eso llamó a reforzar los controles sanitarios en aeropuertos y a evitar "arriesgar salud y dinero" en un destino con una crisis epidemiológica abierta.
Análisis en el exterior muestran un patrón aún más grave
Mientras Rusia lanza advertencias, exámenes clínicos de cubanos atendidos fuera del país revelan un escenario mucho más crítico de lo que admite el Ministerio de Salud Pública (MINSAP).
El doctor Lucio Enríquez Nodarse, quien evalúa casos de pacientes que llegan enfermos al extranjero, denunció este miércoles que los estudios serológicos muestran un patrón alarmante: la mayoría ha pasado simultáneamente o de forma secuencial por chikungunya, dengue y zika, y algunos incluso por virus del Nilo Occidental, que también estaría circulando en la Isla.
En un caso reciente de una cubana que arribó enferma a Italia, los PCR resultaron negativos —indicando ausencia de virus activo—, pero las serologías demostraron infección previa por cuatro arbovirus diferentes. La paciente aún tenía IgM positiva a chikungunya, señal de una infección reciente.
"Esto no lo digo yo: lo muestran laboratorios serios de otros países. Los resultados hablan solos. Y hablan muy fuerte", advirtió el médico. Según señaló, la combinación de coinfecciones, malnutrición crónica y un sistema sanitario sin capacidad de soporte explica el número creciente de muertes, especialmente en menores de edad.
Un brote fuera de control y un sistema sanitario desbordado
La epidemia ha alcanzado niveles críticos en varias provincias, mientras hospitales reportan saturación, falta de sueros, analgésicos y reactivos. El Observatorio Cubano de Conflictos asegura que en zonas del país la transmisión ha alcanzado a "una tercera parte de la población".
La respuesta oficial se ha limitado a negar la magnitud del problema mientras intenta contener el daño internacional. Funcionarios y agentes de viaje rusos han restado importancia al brote, asegurando que "las zonas hoteleras están fumigadas" y que no hay “propagación masiva entre turistas”, a pesar de los reportes médicos y epidemiológicos.
El Gobierno apuesta por Jusvinza como "solución" para las secuelas
En medio de la crisis, el régimen anunció un ensayo clínico en Matanzas con el medicamento cubano Jusvinza, desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), para tratar las secuelas articulares del chikungunya. El estudio incluye 120 pacientes con más de tres meses de síntomas, y busca demostrar una mejoría del 70% en la inflamación crónica, publicó el Periódico Girón.
Pese a la propaganda oficial, la iniciativa no aborda el colapso estructural del sistema de salud ni la incapacidad del país para diagnosticar a tiempo, cortar la transmisión o ofrecer tratamientos básicos.