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Salud

Cinco edades del cerebro: cómo cambia nuestra mente a lo largo de la vida

Un estudio de Cambridge identifica cuatro puntos de inflexión que reordenan nuestras redes neuronales desde la infancia hasta la vejez.

Madrid
El cerebro entre los 66 y 83 años.
El cerebro entre los 66 y 83 años. University of Cambridge

Un equipo de la Universidad de Cambridge propone que el cerebro humano atraviesa cinco etapas de desarrollo bien definidas a lo largo de la vida, marcadas por cambios en la organización de sus redes neuronales. El trabajo, publicado en Nature Communications, se basa en el análisis de resonancias magnéticas de más de 3.800 personas de entre cero y 90 años, lo que permitió identificar cuatro puntos de inflexión aproximados: los 9, 32, 66 y 83 años.

Las neuronas —las "misteriosas mariposas del alma", como las describió Santiago Ramón y Cajal y reseñó El País— establecen millones de conexiones para transmitir la información que sostiene la actividad vital. Según explican los autores, esas redes no son estáticas, sino que se reorganizan constantemente. "Al comprender los puntos de inflexión clave, podremos entender mejor a qué es más vulnerable el cerebro a diferentes edades", afirma Alexa Mousley, una de las autoras.

Las cinco edades del cerebro

El primer gran cambio aparece alrededor de los nueve años. Hasta entonces, el cerebro infantil vive una fase de consolidación en la que sobreviven las sinapsis más activas y se incrementan la materia gris y la blanca. Esta etapa se cierra coincidiendo con el inicio de la pubertad y con transformaciones profundas en el desarrollo cognitivo y socioemocional.

La segunda edad del cerebro, denominada por los investigadores "adolescencia", se extiende aproximadamente de los 9 a los 32 años. Durante este largo periodo, la estructura de las redes neuronales se vuelve cada vez más eficiente, aunque sin alteraciones bruscas. 

Sin embargo, esto no significa que la función cerebral siga siendo adolescente hasta esa edad, aclara Sandra Doval, de la Universidad Internacional de La Rioja. "El estudio identifica cuándo cambian los patrones de reorganización del cableado cerebral, no cuándo el cerebro madura, envejece o declina en términos funcionales", señaló al portal SMC España.

A los 32 años aparece el cambio "más fuerte de la vida", según el equipo de Cambridge. Es la etapa más prolongada, y abarca de los 32 a los 66 años. Coincide con el punto máximo de maduración de la sustancia blanca y con una organización de las redes que, a partir de ese momento, se modifica de manera más lenta. "Este periodo de estabilidad de la red también se corresponde con una meseta en la inteligencia y la personalidad", apuntan los autores.

El siguiente punto de inflexión surge en torno a los 66 años, asociado al inicio del envejecimiento neural y al deterioro cognitivo que suele aparecer en estas edades en países de altos ingresos. Esta fase se prolonga hasta cerca de los 83 años, momento en que se detecta la última transición. A partir de entonces, las diferentes áreas del cerebro muestran más dificultad para comunicarse, aunque los datos disponibles para esta etapa son más limitados.

Para Mousley, comprender estos ciclos de reorganización ayudará a "comprender mejor los cambios relacionados en la cognición y el comportamiento".

Reacciones y cautelas

Rafael Romero García, director del Laboratorio de Neuroimagen y Redes Cerebrales de la Universidad de Sevilla, calificó la investigación como "rigurosa" en declaraciones a SMC, aunque recordó que tiene limitaciones reconocidas por los propios autores: por ejemplo, no diferencia por sexo, pese a que hombres y mujeres podrían seguir ritmos de desarrollo diferentes. 

"Es una gran aportación que ha permitido identificar momentos de inflexión en el desarrollo y que podría ayudarnos a comprender mejor las alteraciones cerebrales asociadas a trastornos del neurodesarrollo y a la demencia", señaló.

Tanto Romero García como Doval advierten que estos rangos no deben interpretarse como "fronteras estrictas". El estudio se centra exclusivamente en conectividad, sin evaluar funciones como memoria, aprendizaje o resolución de problemas. Doval también subraya que los mayores de 60 incluidos en la muestra probablemente presentan un estado de salud superior a la media, lo que podría distorsionar la representación del envejecimiento típico.

No obstante, ambos expertos coinciden en que los hallazgos abren un marco sólido para futuras investigaciones sobre etapas sensibles del desarrollo cerebral y posibles intervenciones preventivas o terapéuticas.

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