La caravana migrante que partió de Tapachula, Chiapas, el 1 de octubre con rumbo a Ciudad de México se encuentra hoy reducida a la mitad, detenida en el municipio de Pijijiapan, y marcada por el cansancio, las enfermedades y la desilusión. Entre los cientos de personas que aún permanecen en el camino, los cubanos figuran entre los más afectados por la precariedad y los operativos del Instituto Nacional de Migración (INM).
Uno de ellos es Adrián Rodríguez, de 27 años, originario de Artemisa, quien padece una grave infección por gusano barrenador en su pierna derecha. Rodríguez pidió ayuda directa a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum para obtener un permiso que le permita viajar en transporte a la capital. "Estoy imposibilitado para seguir caminando", declaró al diario El Universal, tras relatar que la herida lo obligó a detenerse y que, durante la caminata, llegó a desmayarse por deshidratación e infección.
El joven cubano, padre de dos menores de seis y un año y cinco meses de nacido, abandonó la Isla buscando trabajo y estabilidad. Tras dos meses en Tapachula, sin lograr respuesta de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), se unió a la caravana con la esperanza de obtener un documento que le permitiera avanzar hacia el centro del país. Hoy, como muchos otros, se encuentra varado, enfermo y sin recursos.
De acuerdo con la prensa local, la caravana —compuesta por migrantes de Cuba, Haití, Venezuela, Colombia, Brasil, Perú, Ecuador y Centroamérica— se ha visto diezmada: algunos fueron detenidos por la Guardia Nacional y el INM, otros regresaron voluntariamente a Tapachula tras aceptar la oferta de visas temporales por razones humanitarias, y varios más abandonaron la marcha por agotamiento y enfermedades.
El medio Conexión Migrante informó que más de un centenar de migrantes, incluidos cubanos, recibieron visas de visitante con vigencia de un año, lo que les permite residir legalmente en México mientras definen su futuro. Uno de los beneficiados, identificado como Carlos, también cubano, explicó que se entregó a las autoridades debido a las convulsiones que sufría su esposa durante la caminata. Sin embargo, solo accedieron a este beneficio quienes ya habían iniciado trámites ante la COMAR.
Mientras tanto, los que permanecen en Pijijiapan aseguran que no buscan enfrentamientos, solo un documento que les permita avanzar "de manera segura" hacia otras ciudades. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) confirmó que monitorea la situación, luego de denuncias por presunto abuso de autoridad durante un operativo del INM y la Guardia Nacional la madrugada del 9 de octubre, recogió El Universal.
Los caminantes han recorrido apenas 148 kilómetros en diez días, bajo lluvias intensas y temperaturas extremas. Las autoridades locales y organismos humanitarios brindan alimentos, curaciones y espacios para dormir, pero el panorama sigue incierto.