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Crisis Energética

Un nuevo fallo en una subestación de La Habana provoca más apagones en medio del colapso energético

'Son un chiste de mal gusto'; 'Deberían cambiar el nombre oficial a Unión de Fallas Eléctricas', ironizan cubanos en redes sociales.

La Habana
Un billete de tres pesos arde en medio de un apagón.
Un billete de tres pesos arde en medio de un apagón. Diario de Cuba

Una falla en la Subestación de Naranjito, en La Habana, dejó fuera de servicio este domingo a las subestaciones de Apolo, Melones y Talla Piedra, informó la Unión Eléctrica (UNE) en su cuenta de X. Según la empresa estatal, que no ofreció ningún detalle de lo ocurrido, el servicio comenzó a restablecerse "de manera paulatina".

El incidente volvió a encender las críticas en redes sociales, donde usuarios apuntaron al deterioro crónico del sistema eléctrico nacional. "Son un chiste de mal gusto. Así pasarán los años y el país se hundirá más en la pobreza", escribió un internauta. Otro sugirió cambiar el nombre oficial a "Unión de Fallas Eléctricas".

40 horas sin luz y déficit de 1.852 MW

La falla se reporta en medio de denuncias ciudadanas de más de 40 horas sin electricidad en varios puntos del país. De acuerdo con el parte dominical de la UNE, el sistema eléctrico nacional (SEN) estuvo afectado durante las 24 horas del sábado y la madrugada del domingo por déficit de generación.

En el horario pico del sábado, a las 8:20PM, el faltante alcanzó los 1.852 MW, pese a que ese mismo día la estatal informó que se habían incorporado tres unidades termoeléctricas: la 3 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos; la 8 de la CTE Mariel; y la 6 de la CTE Renté, en Santiago de Cuba.

Vidas atrapadas por los apagones

Más allá de los partes oficiales, los usuales apagones de hasta 12 horas diarias trastocan la vida familiar y laboral en Cuba, revelan testimonios recogidos por Food Monitor Program esta semana. 

Luis, un padre soltero en La Habana con dos hijos, relató que vive con una úlcera causada por la preocupación constante. Su hijo de 16 años, en Mayabeque, solo dispone de cuatro horas de electricidad por cada 12 de apagón. Para preparar la comida, la familia depende de ollas eléctricas que quedan inservibles cuando cortan la luz.

Cuando es posible, recurren a comprar carbón a 1.000 pesos el saco para improvisar cocinas en patios o balcones, con los riesgos sanitarios y económicos que ello supone. "Casi siempre terminamos cocinando de madrugada, cuando regresa la corriente", narró Luis.

En La Habana, su hijo menor de apenas tres años enfrenta apagones en horarios de comidas. "¿Se fue la luz?", pregunta el pequeño cada vez que ve la casa a oscuras. El padre teme por las consecuencias psicológicas de crecer en medio de cortes constantes de electricidad y falta de agua, que dependen de turbinas eléctricas.

Una crisis que traspasa fronteras

El trauma de los apagones se extiende incluso a niños emigrados. En Florida, Antonia, de tres años, no puede evitar preguntar a su abuela en Cuba: "Amá, ¿tú tienes corriente?". La niña, que ya no padece calores ni mosquitos, mantiene la angustia de que su ser querido se quede a oscuras en la Isla, según Food Monitor Program.

Estas historias reflejan cómo la crisis eléctrica cubana, agravada este fin de semana por la falla en Naranjito, va más allá de la falta de un servicio básico: alimenta la desesperanza, la migración, el desgaste psicológico de miles de familias y también enciende el malestar y arroja a muchos a las calles en protestas como la ocurrida este fin de semana en Gibara, Holguín.
 

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