Aunque las estadísticas oficiales parecen mínimas, la realidad que viven los niños en Matanzas y otros puntos de Cuba es mucho más compleja. Según datos del Hospital Pediátrico de la provincia, en 2024 se registraron apenas tres casos de maltrato infantil, mientras que 616 menores requirieron atención por accidentes. En lo que va de 2025, ya se han documentado cuatro casos de maltrato y 350 accidentes de niños.
Especialistas consultadas por el periódico local oficial Girón destacan que muchos de estos "accidentes" en realidad ocultan negligencia o maltrato, tanto físico como psicológico. La pediatra Eldalina Rodríguez Hernández subraya que es común que los padres, presionados por la crisis económica o reproduciendo patrones de crianza heredados, recurran a golpes, nalgadas o insultos para "educar" a los hijos. La negligencia, precisa Rodríguez, incluye dejar solos a menores durante horas o no supervisarlos adecuadamente, situaciones que pueden derivar en lesiones graves o incluso la muerte.
El maltrato psicológico, según Luisa María Gesto Espinosa y otros especialistas consultados por el medio estatal, es frecuente y se evidencia en conductas como insultos constantes, menosprecio, desvalorización o abandono emocional. Estas prácticas generan baja autoestima, inseguridad y miedo en los niños, y pueden dejar secuelas duraderas en su desarrollo emocional y social, alertan.
Los profesionales advierten además sobre el subregistro de casos: no todos los niños lesionados llegan a Medicina Legal, y muchas veces los certificados médicos de primera intención —clave para iniciar investigaciones— no se emiten. "Suelen pasar años entre un caso de muerte por maltrato y otro", explica el especialista Norge Estupiñán Rodríguez. La última muerte registrada por esta causa antes de 2025 ocurrió en 2015.
En paralelo, se reporta un incremento de abusos sexuales y del síndrome de Munchausen, casos donde un adulto inventa enfermedades en el niño para mantenerlo hospitalizado. Aunque los casos de maltrato físico intencional son menos frecuentes, suelen ser mucho más severos y ponen en riesgo la vida del menor, añaden.
Las autoridades legales y sanitarias recuerdan que existen canales de denuncia y protección, desde la Policía y la Fiscalía hasta instituciones de salud y la Federación de Mujeres Cubanas, pero en la práctica están lejos de funcionar para la protección real de los niños. También defienden que la prevención requiere vigilancia constante desde la familia, la comunidad y los servicios sociales, ya que el hospital suele ser el último eslabón de una cadena que falla frecuentemente.
La crisis económica, el acceso limitado a anticonceptivos y la sobrecarga de trabajo en los hogares agravan la situación, según psicólogas como Anelkys Reyes y Diadenis Romero, quienes enfatizan que los efectos del maltrato no siempre son inmediatos. Niños maltratados pueden desarrollar conductas autodestructivas, problemas de relación o, en la adultez, repetir patrones de violencia.
A pesar de que la estadística oficial de maltrato infantil en Matanzas parece baja, el testimonio de especialistas y trabajadores de la salud revela un problema mucho más profundo y extendido, que exige coordinación entre escuelas, familias, autoridades y comunidad para proteger a los menores y garantizar su derecho a un desarrollo seguro y feliz, dice Girón.
Casos recientes, incluido el de Roberto Carlos Suárez Machado del que la prensa oficial se hizo eco tras la repercusión alcanzada, evidencian las fallas del sistema de protección infantil en Cuba.
Recientemente trascendió la lucha de una abuela que lleva más de un año intentando obtener la custodia legal de su nieto, Marlon de Jesús Cruz Espinosa, víctima de múltiples agresiones por parte de su madre y padrastro. A pesar de las denuncias formales ante la Fiscalía y las pruebas documentadas, el niño seguía conviviendo con sus agresores, un reflejo de la lentitud judicial y la falta de respuesta institucional.
Este episodio se suma a otros casos graves de maltrato infantil en la Isla, incluyendo golpes, abandono, abuso sexual y negligencia, como recogió un reciente reportaje de DIARIO DE CUBA.
Datos oficiales señalan que más del 40% de los niños de 1 a 14 años han sufrido algún método violento de disciplina, y cerca del 33% ha recibido castigo físico, con provincias como La Habana, Santiago de Cuba y Granma entre las más afectadas.
Aunque el Código de las Familias prohíbe el castigo físico y contempla la suspensión de la responsabilidad parental en casos de maltrato, la brecha entre la ley y su aplicación práctica deja a los menores vulnerables.
Como afirma la abogada de DIARIO DE CUBA Maylin Fernández Suris, "la familia no debe tener licencia para violentar bajo el pretexto de educar. La prevención empieza con educación, con políticas públicas que apuesten por el bienestar emocional de la infancia, y con una sociedad que no tolere más la violencia disfrazada de disciplina".