Mike Hammer continúa su pesquisa. Contra viento y marea, maniobras ridículas del régimen y hasta críticas de supuestos enemigos de la dictadura, el jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba prosigue recorriendo la Isla, recopilando respuestas a esa gran interrogante que todos pretenden conocer, pero nadie había confrontado de esta manera. ¿Qué piensan los cubanos?
El enigma va mucho más allá del alcance de una simple encuesta. Lo paradójico de este asunto reside en que con anterioridad a Hammer, ningún representante oficial del régimen, o del movimiento cívico independiente, se había embarcado en esta búsqueda, persona a persona, con todas las implicaciones que acarrea hacerlo en un país como Cuba. Hace muchos años le sugerí a un líder opositor con alto reconocimiento internacional que hiciera esto mismo, viajar por la Isla para conversar con los cubanos de a pie y escuchar sus puntos de vista. Su respuesta fue: "¡Estás loco! ¡Me arrestarían tan pronto saliera de la casa!". Si Gandhi hubiera pensado de esa manera, nunca se habría realizado la Marcha de la Sal.
Precisamente de eso se trata, colocar al oponente en una situación de este tipo, generar una acción de ganar-ganar para las fuerzas pro democracia y perder-perder para el Gobierno. Si reprime pierde, y si no reprime, también, por lo que se obliga al oponente a escoger lo que considere como el menor de los dos males. Es lo que se conoce en el arsenal de Lucha Estratégica Noviolenta como una acción de dilema. El margen de maniobra del régimen se reduce notablemente ante este tipo de acción porque, de arrestar o limitar los movimientos de Hammer, se expone a una acción similar contra sus representantes en USA u otras represalias, y en caso de dejarlo seguir viajando, como ha hecho, se expone al desplome de muchos de sus mitos de imagen, especialmente el falso diferendo Cuba-USA, y además, a la elevación del perfil político y social de los activistas a los que este visita. Hasta el presente, la ecuación inclina la balanza en favor del diplomático norteamericano.
Con su simple andar, el jefe de la diplomacia americana en Cuba está atacando un pilar de apoyo de la dictadura. Uno de los temas clave de la propaganda castrista siempre ha sido demonizar la imagen de la Yuma, como se conoce a USA en el argot popular cubano, presentándola como la causa de todos los problemas existentes, el eje de un conflicto perenne que existe más en los espejismos del Departamento de Orientación Revolucionaria —el orwelliano Ministerio de la Verdad castrista— que en la realidad cotidiana. Esto constituye un verdadero asesinato del carácter de todo un pueblo, el norteamericano, caricaturizado como arrogante e insensible, una de las tantas aristas de la lobotomía intelectual a que han sido sometidos los cubanos bajo el castrismo.
No nos llamemos a engaño. Esta confrontación pueblo a pueblo fue propagada por todos los órganos de difusión de la dictadura, en todos los ámbitos posibles. "El INDER te invita a asistir a la pelota, porque también en el deporte a los Yankees se derrota", decía el jingle de la radio cubana que anunciaba la Serie Nacional de Béisbol. Los enfrentamientos deportivos entre ambos países se presentaban como batallas.
Alejandro Urgellés fue proclamado como un héroe, por haberle propinado un silletazo a Bobby Knight, coach del equipo de basketball masculino de Estados Unidos en la Universiada de Turin. Nunca fue sancionado por semejante brutalidad, y continuó jugando para el equipo Cuba, incluso en ese evento. Cuando Agustín Marquetti dejó al campo al equipo norteamericano amateur de beisbol con un jonrón, se resaltó el hecho de que había sido "el miliciano más joven de Playa Girón". La asociación de la guerra perpetua contra USA era más que evidente.
Lo mismo el plano cultural. Las entradas para el Havana Jam, con la actuación de Billy Joel, Rita Coolidge, Kris Kristofferson, Stephen Stills, Weather Report, y tantos otros músicos americanos de prestigio, fueron entregadas a través del Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas en los centros de trabajo. Todo lo relacionado con USA era hermético, rigurosamente controlado, como los trenes de aquella película de la Checoslovaquia comunista. Internet fue el primero en derribar esa muralla ficticia, pero nada como lo que continúa siendo el más efectivo medio de comunicación existente, el contacto interpersonal.
Así que este peregrinaje va más allá de una simple acción individual, reviste características de contraofensiva política de alto nivel, ejecutada a partir del más bajo, pero sin embargo más importante, sector de cualquier ordenamiento social, el individuo. ¿Qué piensan los cubanos? ¿Cuáles son sus expectativas de cara al futuro? ¿Cómo perciben al mundo? Aunque abundan las encuestas, tesis, ensayos y todo tipo de publicaciones sobre estos temas, nada mejor que convivir diariamente con ellos, al menos por unas horas, para tener una aproximación lo más exacta posible a este misterio. Hammer lo aborda de manera simple, tocando puertas y hablando directamente con los afectados, presentándose como lo que es: un yuma. Intenta comunicarse con la gente desde un plano horizontal, utilizando los códigos del lenguaje cotidiano.
El tema no es nada nuevo, debería ser parte del trabajo habitual de cualquier diplomático en cualquier país asignado. Ni siquiera es inédito en la diplomacia del vecino del Norte. Fue abordado de forma magistral en la novela El americano feo, un clásico literario que resultó en muchos sentidos profético de los fracasos que condujeron finalmente al involucramiento de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, precisamente por no hacer un esfuerzo por entender las realidades de los nativos para contrarrestar la propaganda comunista. Lo que está haciendo el actual de facto embajador de Estados Unidos en La Habana es un encomiable intento por compenetrarse con el eje fundamental de la nación cubana, los ciudadanos de todas las clases y segmentos poblacionales.
Resulta evidente que no se trata de un impulso súbito, sino de una iniciativa bien pensada. Comenzó con sus reuniones con el exilio cubano en Miami y España, después dentro de Cuba, visitando a líderes opositores y familiares de presos políticos, instituciones religiosas e históricas como el mausoleo de José Martí en Santa Ifigenia, hasta llegar a los encuentros cara a cara con los cubanos de a pie. Una pesquisa requiere de armar todas las piezas de un rompecabezas, para lo cual es necesario conocer y estudiar cada una de ellas.
Existen otras dos grandes paradojas en esta historia, con un gran simbolismo que salta a la vista para quienes pueden verlas. La primera es que la inmensa (por no decir abrumadora) mayoría de los cubanos que han conversado con él no conocen que su nombre, Mike Hammer, es exactamente igual al del famoso detective surgido de la pluma de Mickey Spillane, una de cuyas novelas más famosas fue Una noche solitaria (One Lonely Night), en la cual se enfrenta a células clandestinas del partido comunista en Nueva York. La segunda es que este peregrinaje en busca de una exposición directa a la verdad sobre lo que piensan los cubanos lo esté haciendo un estadounidense, en vez de un cubano o cubana.
Quizás esto no sea más que un comienzo, y esta acción pueda ser replicada por activistas en Cuba con toda la capacidad y autoridad moral para hacerlo, que de hecho sobran. Solo es cuestión de emprender el primer paso. Para definir el espíritu de la novela detectivesca, decía el gran Raymond Chandler, otro de los grandes maestros de ese tipo de literatura: "La historia es la aventura de este hombre en busca de una verdad oculta, y no sería una aventura si no le sucediera a un hombre apto para la aventura".
Mike Hammer no es detective pero es un hombre apto para esta aventura, es lo que ha hecho en los demás países donde ha servido como diplomático. Equipado para ella como todos los cubanos y cubanas que se han embarcado en la aventura del activismo, quienes ya al hacerlo se declaran aptos para adentrarse en la misma. Es hora de mirar hacia adentro, y emprender ese camino hacia el cubano de a pie, un enigma que necesita ser descifrado y, para ello, tiene que dejar de ser la aventura de un hombre para convertirse en la misión de muchos hombres y mujeres. He ahí el dilema.
Hammer quiere decir martillo...curioso.