La reciente visita oficial de Miguel Díaz-Canel a Bielorrusia, donde participó en la sesión del Consejo Supremo de la Unión Económica Euroasiática (UEE), bloque de países exsoviéticos del que La Habana forma parte como Estado observador desde 2020, tuvo un área de carácter digamos familiar que permite vislumbrar cómo funcionan los afectos a nivel de dictadores.
Se trata del intercambio de regalos que realizaron Alexander Lukashenko, conocido como "el último dictador de Europa", quien está a punto de cumplir 31 años ininterrumpidos en el poder, ahogando en sangre y presidio a sus críticos y opositores, y el gobernante cubano, designado por Raúl Castro a cargo del régimen de la Isla.
Si bien esta clase de rituales suelen pasar desapercibidos, la prensa oficial bielorrusa les dedicó espacio. Así pudo saberse que Díaz-Canel recibió una cesta con una selección de quesos y jamón bielorrusos, así como chocolates y conservas, que seguramente degustará con su primera dama, Lis Cuesta.
A ese respecto, entre los regalos está una pequeña figura de metal coronada por acianos, flores azules de una planta herbácea muy común en Bielorrusia. "A las mujeres les encantan esas flores", le dijo Lukashenko.
En reciprocidad, ¿qué llevó Díaz-Canel desde Cuba para obsequiar a su amigo? Pues la prensa local fue enfática al referir las cuatro cajas de puros habanos, entre ellos una de Cohíba, así como un humidor de madera con forma de casa con techo a dos aguas.
"Sé que no fumas, pero puedes ofrecérselo a tus amigos", dijo Díaz-Canel a Lukashenko al presentarle el regalo, refirió el canal Bielorrusia 1. "No, lo intentaré", reaccionó Lukashenko.
Se suma a lo anterior un estuche con una botella de Havana Club Máximo Extra Añejo, una edición de lujo que en tiendas especializadas de Europa cuesta alrededor de 2.000 euros, que se elabora de manera artesanal a partir de rones y aguardientes antiguos, y cuyo frasco es fabricado por "un experimentado maestro del vidrio", según el vendedor.
"Sé lo que es el ron cubano, porque una vez Miguel me regaló ron. ¡Un gran trago!", celebró Lukashenko.
A la lista de presentes se sumó una guayabera marca Lohana, ropa de diseñador que se fabrica en La Habana y a la que suelen tener acceso miembros del cuerpo diplomático y figuras próximas al régimen. La prensa bielorrusa aseguró que la prenda fue elaborada especialmente para el dictador local.
Los reportes señalaron que algunos de los regalos para Lukashenko eran enviados por Raúl Castro, pero no aclararon cuáles.
"Muchas gracias. Quiero reunirme con Castro e ir a ver a Fidel con él", afirmó el dictador bielorruso. "Él lo aprecia mucho", respondió Díaz-Canel.
¿Quién pagó por los caros obsequios cubanos para Lukashenko? ¿El mismo Gobierno que dice no tener cómo financiar las importaciones de leche en polvo para los niños cubanos que le vende Minsk? ¿Tendrán esos regalos el mismo destino que los que recibía Fidel Castro, que repartía entre su séquito de íntimos y familia o abarrotaban alguna de sus muchas casas? ¿Estarán tales agasajos entre los resultados que ofrecerá Díaz-Canel de una visita que no llevará inversiones a Cuba, sino más dependencia de Moscú, el verdadero eje hegemónico sobre La Habana y Minsk?
Coño que mierda la regalo el Singao al Bolo, podría haberle regalado un cayo en el archipiélago como el que le regalo Bola de Churre a Erich Honeken.
Las dictaduras son al final una metáfora de los antiguos reyes y emperadores. En vez de camellos y elefantes éstos viajan en avión con los obsequios y agasajos. Pronto para consolidar los reinos casarán a va la hija de Putin con un nieto de Raúl o Lukachenko. Y así. Pompas y Circunstancias.
El titular "Obsequios por valor de miles de dólares llevó Miguel Díaz-Canel" tira el foco de lo más importante: que lo que Cuba tiene para obsequiar es una porquería. Diaz Canel tuvo que reconocer que regalaba cosas inútiles (ron, guayabera y tabaco para un tipo que no toma ron, no usa guayabera y no fuma): "Para que se lo regales a algún amigo", se justificó.
Raúl Castro tiene orden de arresto de la Interpol por narcotráfico cuando el caso Ochoa. Ochoa pagó con su vida lo que hizo Raúl Castro; así los Castro quisieron lavarse las manos a costa de Ochoa, pero la Interpol no se tragó el cuento. Por eso manda a Díaz Canel a las misiones internacionales.
Se regalan técnicas represivas.