"Hoy me voy con monja, paloma y maleta, desde hace días tengo esa combinación en la cabeza", le dice Mateo Labrador al apuntador. Acto seguido le indica que "con la monja (cinco) y con maleta (73) combíname un parlé".
Este diálogo es cotidiano en todas las calles de cada barriada del país. Cada día el cubano de a pie pone sus esperanzas en acertar un "parlé" o un "cancado", los premios más grandes de la bolita, el equivalente a la lotería en la Isla. Es considerado, por las autoridades del régimen , un juego ilícito y por ende penado por las leyes.
"El Gobierno, desde hace bastante tiempo, se ha hecho la vista gorda con la bolita por varios motivos. En primer lugar, ni siquiera la amenaza de cárcel logra matar las costumbres y tradiciones de cualquier pueblo. En segundo lugar, porque la bolita es la esperanza de los pobres. Los pobres no tienen nada que perder, y como sabe que con cinco o diez pesos no puede comprarse nada, qué mejor inversión que ponerlos a suerte en los números", explica Labrador, joven habanero que asegura tener "mucha suerte con los parlé" y ahorra para convertirse "en banquero".
La bolita es una tabla de números consecutivos del uno al 100. Se dice que los 36 primeros fueron tomados de la antigua charada china. No existe un solo cubano — coinciden todos los habaneros consultados— que no se haya beneficiado directa o indirectamente de las ganancias que genera la bolita.
"El dinero que se genera de la bolita sostiene a todo el entramado social, tanto los que capitanean y trapichean el negocio como aquellos otros que apuestan y se ganan los premios. Es un dinero circulante y que es parte también del universo del mercado negro", acota Aramís Ortega, un habanero que asegura que su suerte en acertar números hizo posible "celebrar los quince de mi hija".
"Los cubanos ni siquiera asumen que jugar a la bolita sea ilegal. Sabemos que es ilegal por ley, pero en la vida cotidiana se sabe que no es un negocio al cual el Gobierno le ponga mucho empeño en erradicar, a menos que esté asociado a negocios más peligrosos, como la venta de drogas o la corrupción de menores. Lo juega todo el mundo, no existen distinciones, y quizá sea eso lo que permite que nadie teme hablarlo en voz alta, como si estuviera comprando un pantalón o un pomo de agua", añade Ortega.
El Artículo 281 del Código Penal vigente prevé penas de hasta ocho años de privación de libertad para quienes ejecuten actividades como banquero, colector, apuntador o promotor de juegos ilícitos. En este apartado también se sanciona, como agravantes, a quienes utilicen en los juegos ilícitos a menores de edad y animales.
"Desde que tengo uso de razón la bolita siempre ha sido menos perseguida que las peleas de gallos y perros. Lo que el Gobierno llama juegos ilícitos es un mundo que jamás ha logrado desarticular ni de lejos porque mayormente implica a los pobres, y los cubanos, después de la revolución, nos volvimos más pobres todavía", señala Vicente, un cabeza de banco de la bolita que también administra una casa de apuestas donde se juega el siló —una variante del dominó— y el trío —una variante criolla del póker— y que jamás le ha generado más problema que alguna que otra "advertencia del jefe de Sector [de la Policía], que no se empapa, pero se moja".
"Lejos de mermar, los juegos ilícitos y las apuestas han crecido en los últimos 15 años. Eso evidencia que, aunque las leyes estén ahí, escritas, millones de cubanos juegan y hasta dependen del juego porque los salarios en Cuba jamás han servido de nada. Por ejemplo, ya no tienes que ir al campo para ver y apostar en las peleas de gallo, porque en La Habana hay vallas donde menos te imaginas. Las peleas de perro sí se han extinguido, pero más por la presión de los animalistas que por el Gobierno mismo. Y la bolita es la reina del carnaval, y con ella no pudo ni Fidel, que tanto negó su expansión", agrega Vicente.
El 24 de noviembre de 1994, en el teatro Karl Marx, el fallecido dictador Fidel Castro aseguraba que "la Revolución liquidó el pordioserismo, la Revolución liquidó el juego, la Revolución liquidó las drogas, la Revolución liquidó la prostitución".
Tres décadas después, esas afirmaciones son objeto de burla y choteo entre los cubanos. La totalidad de los habaneros consultados coincidieron en que, más que exageraciones, las convicciones de Castro "siempre estuvieron ajenas a la realidad del cubano pobre, del cubano de a pie".
"Invertir dinero apostando en la bolita se reconoce como más sustancioso que trabajar por un salario. Muchísimos cubanos, durante años, usaban el salario para apostar en la bolita, buscando el golpe de suerte para alquilar una casa en la playa, comprarse un cuartico en un solar, una bicicleta u otras cosas más simples como celebrar un cumpleaños por todo lo alto", comenta Arístides, quien lleva 20 años como banquero, y revela cuáles son los roles en este negocio.
"Las tres figuras claves son el banquero, el cabeza de banco y el apuntador. El banquero lo asume una persona que tiene mucho dinero y es quien se queda con la mayor parte de las ganancias. El cabeza de banco, también llamado mensajero, es la persona encargada de reunir la jugada de todo un barrio y llevársela al banquero. El listero es quien recoge los números de los jugadores para hacerlo llegar al cabeza de banco y también es quien reparte los premios. En un barrio puede haber varios apuntadores y cada uno tiene su propio modus operandi".
En la bolita solo se premian tres números, uno fijo y dos corridos. El fijo es el más importante, es el primer número de las centenas y su acierto se paga a 75 pesos por cada peso jugado. Por su parte, los números corridos son aquellos que salen en segundo o tercer lugar y se paga a 25 veces la cantidad de dinero que se puso en la jugada. También existen dos jugadas más: el parlé y el cancado. El parlé consiste en acertar una combinación de dos números y se gana entre 800 o 1.000 pesos por cada peso jugado. El cancado es cuando aciertas los tres números ganadores. En este caso se paga 800 pesos por cada uno de los tres números más la cifra que le corresponde a cada jugada.
"Actualmente no solo hay un auge tremendo de la bolita, que hasta tiene una aplicación; sino también todo tipo de apuestas que incluye hasta los deportes", cuenta Javier Proenza, un joven habanero que se ha "especializado en todo tipo de apuestas", y las ganancias las invierte en la bolita "porque es diaria".
"Las apuestas en el fútbol son las más populares, por encima del básquet y el béisbol de las Grandes Ligas. Aunque generan menos ganancias que el siló y el trío, sirven para recoger un menudo que luego apuestas en la bolita. No creo que sea suerte, sino que el jugar todos los días, y las dos veces, te deja más oportunidades. En general, yo creo que no existe un solo cubano que no le ponga, aunque sea un peso a la bolita. En mi propia cuadra hay ancianos que sacan sus mandados de la bodega poniéndole cinco o diez pesos a un número. Y esa es la verdadera realidad: el cubano tiene más fe en sacarse un número que en la llegada de un cambio a Cuba", concluye Proenza.
Más allá del entretenimiento, también reflejan tradiciones y momentos que la gente comparte en su día a día. Me parece curioso cómo hoy en día esa misma idea de diversión se ha trasladado también al mundo digital. Por ejemplo, en https://casoola-es.com/ se pueden encontrar diferentes juegos que mantienen ese espíritu de emoción y entretenimiento. Es una forma moderna de disfrutar algo parecido, pero desde cualquier lugar. Al final, lo importante es que estos juegos siguen reuniendo a la gente alrededor de una experiencia divertida.
Es fascinante cómo el artículo analiza la «bolita» no solo como una apuesta, sino como una parte intrínseca de la identidad cultural y el ocio cotidiano. Esta tradición de buscar la suerte ha trascendido generaciones, adaptándose perfectamente a las nuevas plataformas digitales que disfrutamos hoy en día. Un claro ejemplo de esta evolución hacia lo moderno es el Piggy Power slot de Playson https://mexico-pin-up.mx/ca… que mantiene viva esa emoción del juego con una interfaz innovadora. Al final, ya sea a través de costumbres clásicas o de tecnología reciente, el deseo de entretenimiento y fortuna sigue siendo un lenguaje universal
Leo esta crónica de Jorge Enrique Rodríguez y, si le cambio los verbos en presente al pasado, pudiera ser un relato de mi infancia en los años 50. Anita se llamaba la apuntadora de mi madre, siempre con su libretica de "Memorándum", hasta recuerdo los números, cada semana los mismos. El todopoderoso y omnisciente Fidel Castro aseguró en el 59 que todo eso se abolía, desaparecía, ¡Zas! como por arte de magia. Y ahí está, nunca dejó de existir, ahora mientras más necesidades entre la gente, con más fuerza. Solo falta el juego en los casinos, pero ya vendrá. Propuestas no han faltado, cualquier día...
Había una pareja de mujeres al doblar de casa en Santos Suárez, que acopiaban las apuestas de veinte apuntadores y cientos de apostadores. En su casa, donde también vendían café a granel y vaya usted a saber qué más, conocí al policía de nuestra demarcación... Y en casa de un amigo babalao, a uno de sus ahijados, ese sí "maceta", dueño de un banco, que llegaba con su chofer y un escolta, en un Buick 59 con aire acondicionado... Salí de Cuba en 2003. Bien por Jorge Enrique Rodríguez, su crónica actualiza.