La muerte del niño cubano Damir Ortiz, ocurrida el 5 de abril en el Hospital Pediátrico Nicklaus Children's de Miami, a donde llegó menos de un mes antes para recibir el tratamiento que no obtenía en Cuba, "debe marcar un antes y un después", sentenció el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, en un artículo este lunes.
Para el laboratorio de ideas, el sistema de salud de Cuba, del que fue víctima el menor, no se recuperará mientras el país siga gobernado por una élite que no rinde cuentas.
Damir Ortiz Ramírez padecía Neurofibromatosis plexiforme tipo 1 (NF1) —una enfermedad causada por la falla de un gen de las células del cuerpo humano cuya función es impedir la proliferación de tumores. En Cuba fue sometido a varias pruebas que no arrojaron resultados concluyentes. Finalmente, recibió un diagnóstico de Linfoma de Burkitt o leucemia de células Burkitt, que resultó ser errado.
Su madre denunció, en una conferencia de prensa que ofreció en Miami el 31 de marzo, que, en Cuba, el niño recibió agresivos tratamientos de quimioterapia y radiaciones para un tumor que era completamente benigno y recalcó que eso le había traído "consecuencias en su vida". "Incluso, que por culpa de eso puede que hoy esté enfermo", afirmó entonces.
En un artículo publicado recientemente por DIARIO DE CUBA, el doctor Remigio Cortés, CEO de la compañía Antiage Genoma, afirmó que, "sin duda alguna, un niño con neurofibromatosis tipo 1 plexiforme podría haberse salvado si se hubiera contado con los recursos adecuados en los hospitales y si los profesionales de la salud hubieran estado debidamente preparados".
En el texto publicado este lunes, Cuba Siglo 21 citó una publicación en Facebook de la historiadora y activista matancera Alina Bárbara López Hernández, quien pidió que la lucha y la muerte de Damir "no solo sean motivo de tristeza o de ira", sino que "ayuden a mostrar una realidad que ha afectado por mucho tiempo a la sociedad cubana, y que solo desde el acceso de internet y las redes sociales se puede denunciar".
"Pero, sobre todo, que convenzan de la necesidad de una mayor implicación cívica y un compromiso con nuestros niños y ancianos, los sectores más vulnerables en Cuba", destacó la académica.
López Hernández también apuntó que el Estado cubano "dejó de invertir en salud y asistencia social precisamente en años en que comenzaron a ser criticas la pobreza, la insalubridad y la escasez de alimentos", algo demostrado en las publicaciones de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).
"Fue mucho antes del Gobierno de (Donald Trump)", señaló la historiadora, en referencia al manido argumento del régimen cubano, que justifica el acelerado deterioro de los servicios de salud destinados a la población con el "recrudecimiento" del embargo estadounidense por parte del magnate republicano durante su primer mandato.
"Fue a raíz de la declarada intención de una reforma económica en Cuba. La debacle de la salud fue, aunque creamos que no, consecuencia directa de la reforma", remarcó la académica.
López Hernández invitó a analizar la progresiva caída en las inversiones estatales en salud, mientras el número de decesos en Cuba ha ido en aumento.
"Entre 2007 y 2008 hubo un notable salto de 4.496 fallecidos, al incrementarse de 81.927 a 86.423. Otro pico ocurrió desde 2016 al 2017, cuando la cifra de decesos escaló de 99.388 a 106.949, es decir, 7.561 fallecimientos anuales más. A partir de entonces ha continuado en ascenso. En 2020 ocurrieron 112.441 muertes. Esto significó 32.779 más defunciones que en el peor año del Período Especial —1996—, cuando fallecieron 79.662 cubanos y cubanas. Y fíjense que no incluyo las muertes por Covid-19", expuso la activista matancera.
"Coincidiendo con ese pico de muertes, entre 2016 y 2020 la inversión en Salud y Asistencia social había disminuido en dos tercios: de 232,6 a 84,5 millones de pesos. ¡Dos tercios!", subrayó.
López Hernández también resaltó el hecho de que los recortes se produjeron en las etapas de mayores ingresos por la exportación de servicios médicos, convertida en la principal fuente de divisas de La Habana. Sin embargo, esas ganancias no fueron invertidas en el sistema de salud, sino en el turismo.
Para Cuba Siglo 21, los datos expuestos por la historiadora demuestran que el socialismo autoritario no ha fracasado solo por su inviabilidad desde el punto de vista económico, sino por la imposibilidad de fiscalizar al poder.
"La exclusión social y la crisis económica son consecuencias directas de la exclusión política", sostuvo el laboratorio de ideas.
"La muerte de Damir, como la de tantos otros cubanos cuya dignidad y salud han sido pisoteadas por un sistema fallido, debe marcar un antes y un después", sentenció Cuba Siglo 21 y apuntó que la lucha "no puede limitarse a exigir más insumos en los hospitales. Es una lucha por una Cuba distinta: abierta, democrática, participativa ".
"La salud no se recuperará mientras el poder siga en manos de una élite que gobierna sin rendir cuentas", aseveró.
El caso de Damir generó una ola de solidaridad dentro y fuera de Cuba. El pasado 31 de marzo, en la conferencia de prensa celebrada en Miami, la activista Diasniurka Salcedo, quien fue protagonista en la campaña de recaudación de fondos para que Damir pudiera tratarse en EEUU, destacó que, dentro de la Isla, a pesar de la profunda crisis económica, fue posible recaudar dos millones de pesos para ayudar al menor.
La propia activista informó este lunes en Facebook que el miércoles 9, a las 4:00 PM, se realizará una misa por Damir Ortiz en la capilla de la Necrópolis de Cristóbal, Colón, ubicada en El Vedado, La Habana. La misa será oficiada por el padre Jorge Luis, de acuerdo con Salcedo.