A tres meses exactos de las elecciones presidenciales en Brasil, el clan Bolsonaro que simboliza el polo conservador luce envuelto en un tsunami familiar que terminará beneficiando al presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, quien a los 80 años buscará un inédito cuarto periodo presidencial, algo no visto hasta ahora en la historia brasileña posterior a la dictadura militar.
El bolsonarismo, el referente contrapuesto al proyecto de izquierdas de Lula da Silva, atraviesa una de sus crisis más graves desde la derrota de Jair Bolsonaro en 2022. La fractura pública entre Michelle Bolsonaro, ex primera dama, y Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente, ha expuesto divisiones internas que amenazan con erosionar la cohesión, especialmente entre la base conservadora y evangélica.
Con Jair Bolsonaro confinado en prisión domiciliaria por tiempo indeterminado, limitado en sus apariciones públicas y en el uso de redes sociales, y debilitado por problemas de salud, el movimiento que lo llevó al poder entre 2019 y 2023 parece perder fuerza para disputar seriamente lo que proyectan los sondeos a tres meses de las votaciones: la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva, el referente histórico de la izquierda brasileña y latinoamericana.
La más reciente encuesta de la reconocida firma Atlas Intel para la agencia Bloomberg, realizada entre el 26 y el 30 de junio de 2026 con 4.999 entrevistados, confirma la ventaja de Lula da Silva. En un escenario de primera vuelta con múltiples candidatos, el presidente obtiene el 46,3% frente al 36,6% del senador y candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro. En un eventual balotaje, Lula da Silva llega al 48,8% contra el 42,3% del hijo primogénito del ex mandatario conservador.
Este sondeo, el más reciente, y otros previos sitúan a Lula da Silva como claro favorito a tres meses de los comicios.
Jair Bolsonaro, de 71 años, fue condenado en septiembre de 2025 a 27 años y tres meses de prisión por su participación en un plan golpista tras perder las elecciones de 2022. Cumplía la pena en un complejo penitenciario hasta que, en abril de 2026, el ministro Alexandre de Moraes del Supremo Tribunal Federal le concedió prisión domiciliaria por 90 días por razones humanitarias: se recuperaba de una bronconeumonía grave y presentaba comorbilidades. El 3 de julio de 2026, Moraes prorrogó la medida por tiempo indeterminado, al considerar que el ambiente domiciliario sigue siendo el más adecuado para su recuperación integral.
Aunque Bolsonaro está en casa, eso ocurre bajo condiciones que son estrictas: tobillera electrónica, prohibición de usar celular, redes sociales (directa o indirectamente) y grabar videos o audios, visitas limitadas a familiares cercanos, abogados y personal médico, y restricción de movimientos.
Estas limitaciones, sumadas a su estado de salud frágil, han reducido drásticamente su capacidad de liderar públicamente el movimiento. Lo que antes era una presencia constante en redes y actos masivos se ha convertido en un silencio forzoso que deja un vacío de liderazgo difícil de llenar contrapuesto a la presencia de un Lula da Silva dual, tanto candidato en busca de reelección como jefe de Estado.
La ruptura pública dentro del clan Bolsonaro estalló el 24 de junio, por una disputa en el estado de Ceará. Flávio Bolsonaro impulsó una alianza del Partido Liberal (PL) con el exgobernador Ciro Gomes —quien en el pasado criticó duramente a Jair Bolsonaro— para las elecciones estaduales. Michelle Bolsonaro se opuso firmemente, defendiendo a candidatos más cercanos al núcleo duro bolsonarista como Eduardo Girão.
Durante una llamada telefónica, según la versión que hizo pública la ex primera dama, el hijo mayor de su esposo le habría dicho que "sería mejor que se mantuviera al margen de las decisiones del partido" porque "había llegado ayer y no entendía nada de política". Michelle Bolsonaro describió el episodio como una humillación y una "puñalada". El 24 de junio publicó dos videos de casi 30 minutos en sus redes sociales en los que relató el hecho con detalle y acusó a Flávio de falta de respeto.
La producción y preparación que muestran estos vídeos, según observadores, es muestra de que fue una decisión sopesada exponer públicamente esta grieta familiar.
Aunque inicialmente, Flávio Bolsonaro respondió primero con ironía, luego pidió disculpas: "En ningún momento ofendí ni pretendí ofender a Michelle. Si en algún momento lo hice, pido disculpas una vez más". La actual esposa del ex presidente conservador, sin embargo, escaló el conflicto. El 29 de junio compartió un video sobre una supuesta "fiesta de astronautas" vinculada al escándalo del Banco Master (un caso de fraude bancario en el que el senador ha sido señalado por reuniones con el banquero Daniel Vorcaro).
Un día después, la ex primera dama anunció su renuncia a la precandidatura al Senado y su salida de la dirección de PL Mulher, argumentando que dedicaría más tiempo al cuidado de su marido y su hija Laura.
Analistas coinciden en que el conflicto daña especialmente a Flávio Bolsonaro, ya en desventaja entre las mujeres y el electorado evangélico, dos pilares clave del bolsonarismo. En 2022, el voto femenino fue decisivo para la estrecha victoria de Lula da Silva. Michelle, que goza de fuerte respaldo en ese segmento, representa una amenaza latente: aunque la mayoría de los votantes de Jair Bolsonaro (81,9%) prefieren al hijo como candidato (solo 14,7% eligen a la ex primera dama), la división pública erosiona la imagen de unidad familiar que caracterizaba al movimiento.
Políticos y analistas como Marco Teixeira y Fábio Kerche advierten que la fragmentación es inédita en el bolsonarismo: "Con Jair Bolsonaro retirado, hay una lucha por llenar el vacío que dejó. Enfrentar elecciones con una base dividida, un liderazgo cuestionado y falta de apoyo partidario es una mala señal".
El escándalo del Banco Master, que ya había golpeado la imagen de Flávio Bolsonaro en encuestas anteriores, suma presión. Se filtraron grabaciones del senador pidiendo apoyo al dueño de este banco para grabar un documental sobre la vida de su padre. Esto afecta la imagen del candidato desde mayo pasado.
Mientras tanto, Lula da Silva mantiene una posición sólida. Su Gobierno enfrenta desafíos económicos y escándalos menores, pero la ventaja en las encuestas se sostiene. La encuesta Atlas Intel de junio muestra que los brasileños confían más en el octogenario en economía, inflación y combate a la corrupción, mientras dan cierta ventaja a Flávio Bolsonaro en seguridad.
Sin embargo, un dato que ponen de relieve los observadores: el miedo a una eventual victoria de Flávio Bolsonaro no supera el rechazo a una nueva gestión de Lula da Silva que muestran algunos estudios de opinión pública.