El Legislativo de China aprobó el jueves 12 de marzo una ley destinada a promover la "unidad y el progreso étnicos", una norma que refuerza el marco legal de la política del país hacia las minorías en un momento de creciente énfasis oficial en la cohesión nacional, y que organismos independientes y analistas señalan como generadora de mayor segregación.
La llamada "Ley para la promoción de la unidad y el progreso étnicos" se adoptó con 2.756 votos a favor, tres en contra y tres abstenciones, durante la sesión plenaria celebrada en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, en la sesión de clausura de la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo).
Durante el proceso legislativo, el vicepresidente del Comité Permanente de la ANP, Li Hongzhong, afirmó que la norma pretende convertir en ley la política de "fomentar un fuerte sentido de comunidad para la nación china" y avanzar en la gestión de los asuntos étnicos "dentro del marco del Estado de derecho". citó la agencia de noticias EFE.
El analista Changhao Wei, del portal especializado NPC Observer, consideró que esa formulación forma parte de la política impulsada en los últimos años por el presidente chino, Xi Jinping, para forzar la integración de las minorías dentro de una identidad nacional común.
Según Wei, la ley está diseñada para "codificar la nueva ortodoxia de Xi para gobernar las minorías étnicas", una doctrina que busca reforzar la identificación de los ciudadanos con "una nación china unificada bajo el Partido Comunista Chino".
Esta orientación pretende "no solo fortalecer el sentido de pertenencia a una nación china más amplia, sino también atenuar la expresión de otras identidades" que puedan considerarse competidoras desde la perspectiva oficial, según el analista.
Wei también destacó que el texto prevé reforzar la enseñanza del mandarín desde la educación infantil y establece que, cuando se utilicen lenguas minoritarias junto al chino estándar en espacios públicos, los caracteres chinos deben tener mayor visibilidad.
El texto incluye disposiciones para apoyar el desarrollo económico en regiones con una elevada presencia de minorías étnicas y para promover la "prosperidad común" entre los distintos grupos del país, con medidas relacionadas con infraestructuras, servicios públicos o desarrollo industrial.
Según la agencia oficial Xinhua, legisladores chinos consideran que la norma puede ofrecer "garantías legales" para impulsar el desarrollo de estas regiones y reforzar la cohesión entre los distintos grupos étnicos del país.
Pero la ONG Chinese Human Rights Defenders (CHRD) denunció recientemente que los cambios legales introducidos en China eliminan disposiciones que permitían utilizar lenguas minoritarias como idioma de enseñanza en las escuelas y consolidan una tendencia a sustituirlas por el mandarín como lengua principal de instrucción.
El borrador de la ley, cuya elaboración comenzó en 2023, incluye además disposiciones contra actos que "socaven la unidad étnica", entre ellos el terrorismo violento, el separatismo étnico o el extremismo religioso.
Para el académico Tursun Ebey, citado por Xinhua, la cohesión entre grupos étnicos constituye "la línea vital de todos los grupos" en la región occidental de Xinjiang, con numerosa presencia de minorías étnicas y en la que ONG internacionales han denunciado abusos contra los derechos humanos y restricciones a la libertad religiosa.
La norma exige que todos los niños reciban enseñanza en mandarín desde temprana edad hasta el final de la escuela secundaria, en detrimento de las lenguas nativas de las minorías; incentiva los matrimonios de los integrantes de estas comunidades con los de la mayoría Han; requiere a los padres que "eduquen y guíen a sus menores en el amor al Partido Comunista"; y prohíbe todo acto que las autoridades consideren que va en contra de la "unidad étnica".
El Gobierno chino ha sido acusado durante décadas de aplicar políticas represivas para someter a las 56 minorías étnicas del país. Según analistas y organizaciones de derechos humanos, minorías como la tibetana, la uigur o la mongola pueden verse perjudicadas por la ley.
Xi Jinping ha llamado repetidamente a una "sinización de la religión", reclamando que las prácticas religiosas se alineen con lo que el Partido Comunista considera son los valores y la cultura chinas, y los expertos ven esta ley como un paso más en esa dirección.
"La ley es coherente con un cambio de política reciente y dramático para suprimir la diversidad étnica formalmente reconocida desde 1949", indicó en un informe Magnus Fiskesjö, profesor asociado de Antropología en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.
"Los niños de la siguiente generación quedan ahora aislados y brutalmente obligados a olvidar su propio idioma y cultura", añadió, citado por la BBC. Pekín argumenta que enseñar mandarín a la próxima generación ayudará a sus perspectivas laborales.
La norma proporciona una base legal para procesar a padres o tutores que inculquen en los niños lo que las autoridades consideran como puntos de vista "perjudiciales" para la armonía étnica. Además, pide "entornos comunitarios mutuamente integrados", lo que algunos analistas creen podría resultar en la disolución de vecindarios con alta presencia de minorías.
El gobierno chino comenzó a impulsar lo que describe como la "sinización" de los grupos minoritarios a finales de la década de los 2000 en busca de una identidad nacional más unificada, al asimilar grupos étnicos a la cultura han dominante.
Los chinos Han representan más del 90% de los 1.400 millones de habitantes del país, pero hay también 55 minorías étnicas reconocidas oficialmente. Se estima que millones de chinos forman parte de alguna.
Los críticos dicen que a menudo se ha impulsado una asimilación forzosa en regiones como Tíbet, Xinjiang y la Mongolia Interior, una política dirigida por el Estado que se ha acelerado bajo el liderazgo de Xi Jinping, quien ha adoptado una línea más dura sobre la disidencia y las protestas, especialmente en áreas donde viven grupos étnicos minoritarios.
En Tíbet, las autoridades han arrestado a monjes y tomado el control de monasterios para asegurar que no adoren al Dalai Lama.
El Gobierno chino ha ofrecido durante años incentivos a los chinos Han para que se instalen en el Tíbet o en Xinjiang, en lo que los críticos presentaban como un intento de superar numéricamente a la población autóctona.
Como resultado de ello, las capitales de ambos territorios, Lhasa y Urumqi, han sufrido en los últimos años una gran afluencia de elementos de la cultura Han.
Monjes tibetanos protagonizaron en los meses previos a los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 un levantamiento contra las autoridades chinas en Lhasa. Las protestas fueron aplastadas como otras anteriores. El balance oficial fue de 22 muertos, pero grupos de exiliados tibetanos elevaron la cifra a alrededor de 200.
En Xinjiang, grupos de derechos humanos han documentado la detención de un millón de musulmanes uigures en lo que el Gobierno chino llama campos de "reeducación" y la ONU ha acusado a Pekín de graves violaciones de derechos humanos en este territorio con una gran población musulmana.
Grupos de uigures se enfrentaron a chinos han en la capital de Xinjiang, Urumqi, en 2009, lo que dejó casi 200 muertos.
Cuatro años después, un grupo de separatistas uigures murió cuando conducían un auto cargado de material explosivo hacia los aledaños de la plaza de Tiananmen, en Pekín. Al año siguiente, otro grupo uigur atacó a los transeúntes en una estación de tren en la provincia de Yunan.
Una investigación de la BBC de 2021 y 2022 encontró indicios de la existencia de campos de detención, y casos de abuso sexual y esterilización forzada que Pekín niega.
Varias informaciones señalaron que las prácticas religiosas de los uigures han sido restringidas y varias mezquitas de Xinjiang cerradas.
En 2020, personas de etnia mongola en el norte de China organizaron unas inusuales manifestaciones contra las medidas adoptadas para reducir la enseñanza en su idioma mongol y aumentar la del mandarín. Los padres incluso retuvieron a los niños en protesta contra la política, ya que algunos veían la medida como una amenaza a su identidad cultural.
El Partido Comunista dice que abraza diferentes etnias. La Constitución del país establece que "cada etnia tiene el derecho de usar y desarrollar su propio idioma" y "tiene el derecho a la autonomía".
"La ley deja más claro que nunca que en la República Popular China de Xi Jinping los pueblos deben hacer más para integrarse con la mayoría Han y, sobre todo, ser leales a Pekín", dijo a BBC Allen Carlson, profesor asociado de Gobierno en la Universidad de Cornell.
Este enfoque en el desarrollo y la prosperidad es "revelador", le dijo a la BBC el profesor Ian Chong, de la Universidad Nacional de Singapur. "Es fácil leer este lenguaje como que los idiomas y culturas minoritarios son atrasados e impedimentos para el avance", apuntó.
El enfoque de Xi hacia las minorías es "coherente con su idea de crear una nación china grande y fuerte con un núcleo han del norte... las minorías se ven como ramificaciones de ese núcleo y, por lo tanto, de alguna manera derivadas", añadió.
"En la práctica, esto ha provocado preocupaciones sobre un mayor control y la disminución o incluso represión de culturas e idiomas minoritarios".
Aunque los chinos Han representan alrededor de un 90% de la población en el censo, las tierras de las minorías tibetana, uigur y mongola albergan ricos recursos minerales y agrícolas, y suponen una parte significativa del territorio de China.
Estas minorías han vivido momentos de independencia a lo largo de la historia y viven en territorios grandes y expuestos a contactos con otros países. Tienen sus propias lenguas e incluso sus propia escritura.
En ocasiones, han intentado proteger sus culturas resistiéndose al control de Pekín, aunque no tuvieran éxito, y sus grupos de exiliados son algunos de los más críticos con el poder chino.
Antes de la nueva ley, a menudo las autoridades chinas podían interpretar las normativas existentes a su conveniencia, pero con la nueva norma se hace mucho más fácil para los funcionarios aplicar políticas que llevan tiempo en preparación y que ahora vienen con órdenes más claras desde la cúspide del Estado.
Si alguien no tiene ojos rasgados cae en sospecha de pertenecer a alguna minoría y es discriminado.
Los chinos son otros buitres.. Sinkiang y el Tibet son territorios anexados y no pertenecen a China. Los chinos son los hans, los uigures y los tibetanos son otra nación.