La campaña de EEUU contra el régimen de Venezuela está interrumpiendo un comercio petrolero por valor de 8.000 millones de dólares, luego de que la interceptación e incautación de buques con cargas de crudo del país caribeño interrumpiera buena parte de las exportaciones de petróleo, con buques desviándose, crudo acumulándose en el mar y PDVSA enfrentándose a cierres inminentes de pozos debido a la disminución de la capacidad de almacenamiento.
Los mercados globales siguen estando en gran medida protegidos por ahora, pero los analistas advierten que una disrupción prolongada podría profundizar las pérdidas de producción en Venezuela, señaló el medio de la industria petrolera OilPrice.
Según la propia fuente, los barcos petroleros se están desviando de su ruta hacia Venezuela, y algunos están inactivos en puertos locales, en lugar de partir hacia Asia, mientras que los descuentos del crudo venezolano se están profundizando.
La campaña militar del presidente Trump contra Venezuela amenaza un mercado de 8.000 millones de dólares, vitales para el sostén del chavismo, que ha perdido desde que comenzó el asedio militar de la Casa Blanca ingresos importantes del narcotráfico.
De acuerdo con el diario The Wall Street Journal, hasta 75 petroleros están detenidos frente a la costa venezolana, aunque solo la mitad de ellos están en la lista de sanciones estadounidenses, según datos de TankerTrackers.com.
Los petroleros no autorizados, calificados como "flota en la sombra" porque utilizan tácticas ilícitas para ocultar el origen del crudo o su ubicación, representan hasta el 70% del comercio petrolero venezolano. En números absolutos, la flota de petroleros que transporta crudo venezolano al extranjero, principalmente a Asia, asciende a unos 900 buques.
Estos barcos emplean procedimientos que Irán probó por primera vez después de que Trump restableciera las sanciones estadounidenses a Teherán durante su primer mandato. Las transferencias de barco a barco en el mar son una de esas medidas para evitar sanciones, así como navegar bajo bandera falsa, o apagar los transpondedores para evitar ser detectados. Sin embargo, con la Marina de EEUU frente a la costa venezolana, todo esto se ha vuelto más difícil.
La Agencia Internacional de la Energía estimó la producción de petróleo de Venezuela en 860.000 barriles diarios en noviembre. Ello supuso una caída respecto a los 1,01 millones de barriles diarios de octubre, y un nivel similar, superior al millón de barrios diarios, en septiembre, cuando la producción de crudo de Venezuela alcanzó su punto más alto desde febrero de 2019.
Ahora la producción está a punto de disminuir aún más en medio de la presión estadounidense. Actualmente, unos 11 millones de barriles de petróleo venezolano están atrapados en el mar, según un informe de la agencia de noticias Reuters.
Asimismo, la mayor instalación de almacenamiento de petróleo de Venezuela y los petroleros disponibles podrían llenarse de crudo no vendido en un plazo de diez días. Esto provocaría fuertes confinamientos y un nuevo descenso de la producción.
Según Reuters, Venezuela podría sufrir una pérdida de producción de 500.000 barriles diarios. Mientras tanto, el petróleo exento de sanciones producido por Chevron y PDVSA en Venezuela asciende a unos 143.000 barriles diarios, informó la agencia AP.
"Ya hay barcos que han decidido no salir de Venezuela por miedo a ser incautados, y también que se dirigían a Venezuela para cargar crudo y decidieron regresar", dijo a AP un analista petrolero venezolano de la Universidad de Rice. Según otros analistas, esto no provocará una disrupción amplia en los mercados petroleros, aunque sin duda alteraría el mercado venezolano.
"La volatilidad o incertidumbre en torno a Venezuela no es nueva, no es un shock", dijo Jim Burkhard, responsable de mercados petrolíferos y movilidad de S&P Global Energy. "El mercado hoy no está ajustado. Hay petróleo de sobra", señaló.
Algunos creen que la campaña de Trump contra Venezuela podría salir mal. Según el analista energético Cyril Widdershoven, Estados Unidos no tiene ningún beneficio estratégico con su campaña de presión sobre el petróleo venezolano.
En cambio, el analista argumentó que tal presión solo acercaría a Venezuela a China y Rusia, comprometería las cadenas de suministro globales y alimentaría la volatilidad del mercado. En otras palabras, Venezuela no es la única que puede perder si la situación se intensifica.
Otros analistas han argumentado que Estados Unidos no sufrirá ningún efecto adverso de un bloqueo —o una cuarentena, como algunos en el Congreso insisten en llamarlo— sobre el tráfico de petroleros venezolanos. Las refinerías de la Costa del Golfo, afirman, han abandonado en gran medida el crudo venezolano, por lo que están protegidas de cualquier interrupción en el suministro.
Sin embargo, empresas analíticas como Kpler han advertido que una interrupción en el comercio de petróleo venezolano también afectaría a esas refinerías. De ahí que el mercado de 8.000 millones de dólares que está siendo alterado ahora mismo puede ser solo la primera parte de un fenómeno más largo de disrupción en el mercado petrolero.