Aunque el presidente estadounidense Donald Trump se muestra reservado sobre qué pasos va a seguir en relación con Venezuela, tras una ola de ataques contra embarcaciones dedicadas al tráfico de drogas según la Casa Blanca, su decisión de cortar los canales diplomáticos de comunicación con el chavismo se interpreta como una antesala de una escalada en la crisis.
La decisión, según The New York Times, tuvo lugar el pasado jueves 2 de octubre. Tres días después un enigmático Trump se preguntaba ante la mirada de periodistas sobre qué seguirá con Venezuela. Avisó de que vendría la fase dos de su estrategia, la cual inicialmente parecía enfocada en atacar al tráfico de drogas. Sin embargo, con el paso de las semanas se percibe como una operación para lograr la salida del poder de Nicolás Maduro, una tesis defendida por el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, quien a la par es el consejero de seguridad del presidente.
La instrucción, dada en una sesión con comandantes militares el pasado jueves, obliga al enviado especial Richard Grenell a interrumpir cualquier negociación con Nicolás Maduro y su círculo. La Casa Blanca justifica el corte alegando que el régimen de Maduro dirige redes de narcóticos como el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua, clasificados como organizaciones terroristas extranjeras este año por EEUU.
La decisión, por otro lado, echa por tierra los esfuerzos de Qatar, que en el pasado albergó reuniones secretas entre la Administración Biden y representantes de Maduro, por abrir un espacio de distensión en el que confluyeran delegaciones de Caracas y Washington.
Aunque Grenell ha insistido en tejer canales de diálogo y negociación con el chavismo, esto se limitó exclusivamente a la liberación de estadounidenses presos políticos dentro de Venezuela, acusados de terrorismo. Según The New York Times, el régimen venezolano está cerrado a abordar las denuncias de manipulación en las elecciones de 2024, en las que Maduro se proclamó ganador sin entregar datos auditables, con lo cual han destruido cualquier base de confianza.
Washington mantiene su rechazo a la legitimidad de Maduro, posición que se fortaleció en agosto con una recompensa del Departamento de Justicia por su captura elevada a 50 millones de dólares.
El secretario de Estado Marco Rubio, quien ha impulsado durante años la salida de Maduro, lo califica de "prófugo de la Justicia de EEUU" por nexos con el narcoterrorismo. El secretario de Defensa Pete Hegseth respalda esta visión, refiriéndose a las tripulaciones de las embarcaciones como "narcoterroristas" sobre la base de informes de inteligencia.
Los incidentes con embarcaciones proporcionan el detonante directo. El 2 de septiembre, unidades estadounidenses atacaron un buque en aguas internacionales, causando 11 muertes. Desde entonces se han repetido estos ataques, que inicialmente el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, aseveró que eran falsos y habían sido elaborados con inteligencia artificial.
Estas acciones provienen de una orden de julio que habilita al Departamento de Defensa estadounidense a emplear fuerza contra carteles etiquetados como terroristas. La Administración Trump sostiene que Maduro controla estas estructuras, permitiendo el paso de cocaína por Venezuela. Observadores estiman que una fase dos por parte de la Casa Blanca podría incluir ataques contra infraestructura terrestre que esté asociada a las drogas.
En Caracas, el régimen de Maduro interpreta estos eventos como intentos de derrocamiento. La vicepresidenta Delcy Rodríguez rechaza la influencia de carteles, destacando la falta de drogas confiscadas como prueba de las afirmaciones estadounidenses. Maduro ha activado la Milicia Bolivariana, capacitando a civiles en tácticas de "resistencia extendida" y estableciendo 284 "frentes de combate" nacionales.
Varios académicos consultados por DIARIO DE CUBA temen que un siguiente paso de Maduro sea ordenar una militarización amplia llamando a un servicio militar obligatorio (ahora es opcional) y hacer obligatoria la pertenencia a las milicias para personas mayores de 40 años que estén exentas del servicio militar.
Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana y figura clave en contactos con Washington en los años de gobierno de Joe Biden, ha expuesto intentos por preservar líneas de comunicación a pesar del quiebre. Este domingo, Rodríguez detalló que autoridades venezolanas notificaron a la Casa Blanca mediante tres vías separadas acerca de un riesgo inminente de ataque a la embajada estadounidense en Caracas, inactiva desde 2019.
La alerta advertía de una "operación de falsa bandera" orquestada por "sectores radicales de la oposición interna", que presuntamente colocaría explosivos para imputar responsabilidad a partidarios de Maduro. "Transmitimos información sobre una amenaza de grupos opositores simulando lealtad al presidente Nicolás Maduro", explicó Rodríguez, mencionando que una legación europea actuó como puente.
Se presume que sea la Embajada de Suiza, que quedó a cargo de las operaciones mínimas de mantenimiento de la Embajada de EEUU en Caracas.
Aun así, portavoces estadounidenses no han validado las alertas, y su coincidencia con las tensiones marítimas genera dudas sobre su consideración. Expertos destacan que, de ser verídicas, tales comunicaciones reflejan la estrategia del régimen de Maduro para eludir choques directos mientras atribuye desórdenes a adversarios internos, un patrón recurrente en su manejo de la oposición. Este lunes en horas de la tarde, DIARIO DE CUBA pasó frente al edificio diplomático y no observó una presencia de seguridad ampliada, tal como había anunciado Rodríguez un día antes.
La atmósfera de confrontación actual sobrepasa cualquier crisis anterior entre Caracas y Washington, que en los años del primer mandato presidencial de Trump estuvo bajo severas tensiones, desencadenadas especialmente tras el reconocimiento de Juan Guaidó, entonces al frente del Parlamento, como presidente interino de Venezuela en enero de 2019, lo cual era una manera de no reconocer la legitimidad de Maduro, tras unas elecciones en 2018 rodeadas de irregularidades.
La estrategia de Trump enfrenta cuestionamientos domésticos en EEUU. La línea de Rubio demanda el fin de Maduro, pero voces internas prevén enredos prolongados. Un análisis en The New York Times sostiene que la línea prioriza retribución sobre contención, dado el impacto limitado de Venezuela en flujos de drogas hacia EEUU. Aunque se prevén acciones militares, informes sugieren que Trump los concibe como aplicación para mostrar su autoridad en el hemisferio, no como guerra plena.
Tres escenarios viables para la relación de EEUU con Venezuela
Analistas políticos y estratégicos trazan tres escenarios viables para la relación de EEUU con Venezuela en esta coyuntura, basados en informes del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) e instituciones como InSight Crime.
Contención prolongada sin intervención: Ruta principal, según InSight Crime, que prevé el endurecimiento de sanciones, operaciones focalizadas contra bienes de carteles y remociones masivas para presionar en migración y energía. Ryan Berg del CSIS indica que esto podría restringir ingresos ilícitos de Maduro, sin alterar de inmediato el panorama político. La política de amenazas sin una actuación militar extendida encaja con la doctrina "América Primero" al eludir tropas en tierra venezolana.
Pacto pragmático: El CFR conjetura vías multilaterales, a través de Noruega o Brasil, para la repetición de elecciones presidenciales en Venezuela y suspensiones selectivas de sanciones a cambio de avances electorales. Ryan Berg lo ve como equilibrio entre expectativas y hechos, asegurando suministros de crudo pesado venezolano a plantas estadounidenses y desviando el flujo petrolero que ahora va a China. Sin embargo, el dominio de Maduro sobre el aparato represivo complica una salida negociada.
Desmoronamiento inducido por intensificación: En el portal de inteligencia política The Conversation proyectan este desenlace riesgoso si un suceso naval —pérdidas civiles o estadounidenses— desata ofensivas mayores. Modelos del CSIS anticipan disidencias en milicias que dividen al chavismo, pero una caída abrupta de Maduro podría abrir juego a una actuación de Rusia y China con factores del chavismo que intenten sobrevivir políticamente.
Cualquier proyección, sin duda, debe partir del siguiente punto: Maduro no está negociando o abriendo la posibilidad, al menos hasta ahora, de ceder el poder de forma pacífica, y esta es la línea que ha seguido el chavismo desde que se radicalizó tras las elecciones de 2024, en las cuales no pudo demostrar que Maduro fue reelecto.
En fin, buche y pluma na' ma.
Los comunistas ni los musulmanes entienden de diálogo. Duro con ellos
Sigue la Guerra de las Lanchitas ⛵
Másburro está engordando por horas, al parecer la ansiedad le está pasando la cuenta, un infarto no le vendría nada mal.
Ningun infarto, Cubano libre...soga y guasima..o CECOT con Bukele, sino es posible la guasima.
La estrategia de Maduro esta clara, seguir mandando chalupas para cuando se le acaben los misiles a los americanos pasar el, no se como los analistas no ven esa posibilidad. Ya esto esta para cuento de la buena pipa.
Pacto pragmático: "El CFR conjetura vías multilaterales, a través de Noruega o Brasil, para la repetición de elecciones presidenciales en Venezuela y suspensiones selectivas de sanciones a cambio de avances electorales"
¡Que buen chiste!
Parece que los despistados noruegos y el articulista progresista no se han enterado que Maduro es un narco terrorista al frente de un cartel, que se ha burlado e incumplido la mayoría de los acuerdos emanados de diálogos y que el presidente electo de Venezuela se llama Edmundo González, ese que a pesar de las presiones, acosos e irregularidades, ganó el favor de 2/3 de los votantes.