Los resultados electorales de la provincia de Buenos Aires no son extrapolables para toda Argentina. Desde hace más de siete décadas la provincia es feudo del peronismo, pero la clara victoria del gobernador Axel Kicillof, representa una dura derrota para el presidente ultraliberal Javier Milei que en persona y a fondo se metió en esta campaña sin lograr romper la tendencia histórica.
Hace un mes el presidente Milei personalmente se metió en la campaña provincial, que quedó separada del resto de elecciones provinciales y de medio término legislativo que tendrán lugar el mes venidero. En el inicio de campaña, el mandatario sostenía que la provincia es un reducto del "maldito kirchnerismo", y calificaba al gobernador como "comunista enano". Este domingo, el presidente reconoció la derrota personalmente y analistas creen que erró con su estrategia de insultos contra el peronismo.
Carlos Rodríguez, un destacado economista argentino y fundador de varios centros de pensamiento económico, sostuvo que la derrota de La Libertad Avanza (LLA), la coalición del presidente en la provincia de Buenos Aires, "es un aviso a Milei para que cambie en las próximas semanas. Cambiar en serio. Personas, políticas y modales", de cara a las elecciones de medio término. Rodríguez fue colaborador de Milei antes de que este llegara al poder.
En Buenos Aires, el peronismo, bajo la alianza Fuerza Patria, se impuso con el 47,25% de los sufragios, mientras que La Libertad Avanza quedó relegada al segundo lugar con el 33,72%, en una derrota que no solo frena el avance libertario en el distrito más poblado del país, sino que reafirma el control histórico del peronismo en este territorio. El peronismo creció unos tres puntos en comparación con la anterior elección, mientras que el espacio de centro y conservador, que antes lideraba la coalición Juntos por el Cambio, que fue fagocitada por Milei y su LLA, tuvo diez puntos menos.
Históricamente, la provincia o conurbano que rodea a la capital Buenos Aires ha sido el corazón del peronismo, el distrito donde Juan Domingo Perón construyó su base de masas con políticas laborales y sociales que, aunque innovadoras en su época, sentaron las bases de un modelo populista que apunta a perpetuar la pobreza y el control político de las ayudas del Estado.
La provincia de Buenos Aires resulta estratégica para cualquier opción electoral: con 17 millones de habitantes y el 37% del padrón nacional, genera el 35% del PBI argentino, pero sufre una pobreza del 42%, por encima del promedio nacional.
El académico Andrés Malamud señaló críticamente que "el peronismo bonaerense mantiene su techo electoral en torno al 47%, un porcentaje que refleja lealtad histórica más que convicción en políticas de largo plazo; es un triunfo de la inercia, no de la innovación".
La emergencia de Axel Kicillof como figura central de esta victoria no solo representa un espaldarazo para su gestión, sino una derrota simultánea para Javier Milei y Cristina Fernández de Kirchner. Para el presidente, el resultado es un revés inesperado: LLA no solo falló en recuperar terreno al peronismo —como prometía su campaña centrada en el "fin del kirchnerismo"—, sino que fagocitó a la otrora coalición de Juntos por el Cambio, en cuya base está el partido PRO del expresidente Mauricio Macri. Esta coalición vio diluida y parece destinada a desaparecer.
Carlos Fara, consultor político e integrante del consejo académico de la Fundación Cadal, comentó a DIARIO DE CUBA que "Milei subestimó el arraigo local del peronismo; esta derrota no es solo electoral, es un fracaso en la construcción de hegemonía territorial, donde el PRO fue absorbido sin aportar votos nuevos".
Para la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner la derrota es aún más personal. Desde su arresto domiciliario —condenada a seis años por corrupción en la obra pública—, su influencia se vio eclipsada por Kicillof, quien impulsó la separación de los comicios pese a la opinión contraria de la dos veces presidenta y exvicepresidenta.
El gran ganador es Kicillof, quien fue el blanco de insultos de Milei y némesis de Cristina Fernández de Kirchner en la interna peronista. Los resultados de este domingo lo catapultan como presidenciable para 2027, encarnando una suerte de figura peronista que deja atrás la carga negativa del kirchnerismo.
Andrés Malamud lo resume de esta manera: "Kicillof no es súbdito de Cristina; esta victoria lo posiciona como el líder renovado del peronismo, relegando a Cristina Fernández de Kirchner a un rol simbólico, pero sin poder real en el distrito clave".
El gobernador, en su discurso triunfal, agradeció a "Cristina, injustamente condenada", pero su énfasis en "rectificar el rumbo de Milei" y su proyección al 2027 lo consolidan como figura central, con un 55% de imagen positiva en encuestas de la firma Synopsis.
Esta victoria peronista, sin embargo, no oculta sus sombras. El modelo populista en la provincia de Buenos Aires ha sido criticado por su opacidad en la gestión de fondos: el Gobierno de Kicillof recibe copiosas transferencias del Gobierno federal (asignaciones fijadas por ley), pero el gasto en obra pública se concentra en proyectos electorales, según observadores. Además, el problema de la inseguridad y la deserción escolar marcan la vida cotidiana para los más pobres, que son cuatro de cada diez habitantes.
"El peronismo gana por default, por el rechazo a Milei, pero su hegemonía es frágil; depende de subsidios que no resuelven la pobreza estructural, y esta elección podría ser un espejismo si no hay reformas internas", adelanta Fara sobre los límites del triunfo de Kicillof.
Como advierte Malamud, "esta victoria es un respiro para el peronismo, pero sin autocrítica, el desgaste crónico podría repetirse en octubre". El 26 de octubre, con las elecciones de medio término, en las que se elige la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, el presidente Milei efectivamente se juega la gobernabilidad para el resto de su mandato, mientras que el peronismo deberá demostrar que tiene capacidad de reconectar con el electorado más allá de la provincia que ha sido históricamente su feudo.
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Es cierto que los resultados de Buenos Aires no pueden trasladarse automáticamente al resto del país, pero sí son un fuerte indicador de cómo el electorado percibe las políticas de Milei. El error de insistir en los insultos en lugar de propuestas claras le pasó factura. Kicillof supo capitalizar esa situación y ahora queda fortalecido.
Un poco como en Escape Road: si elegís el camino equivocado y no corregís rápido, terminás atrapado en un callejón sin salida.
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El camarada Cañizales está casi tan feliz como cuando Maduro “ganó” las elecciones, pues resulta que los triunfos de la vagancia, el resentimiento y el welfare, son siempre bienvenidos.
Solo deseo que pierda el buen Milei y vuelvan al estiercolero socialista donde estaban metidos...los latinos, la mayoria lo que les gusta es eso,,,vivir sin trabajar.