El expolítico ucraniano Serguéi Portnov, asesinado por desconocidos el miércoles 21 de mayo en la localidad de Pozuelo de Alarcón, en los alrededores de Madrid, ocupó cargos de relevancia en la Administración del último presidente prorruso de Ucrania, fue acusado de participar en la represión de las manifestaciones pro-europeas del Maidán antes de huir de su país y estaba sancionado por EEUU.
Portnov, de 52 años, fue entre 2010 y 2014 una figura destacada de la Administración del entonces presidente Víktor Yanukóvich, del que llegó a ser uno de los principales asesores, reseñó la agencia de noticias EFE.
De formación jurídica, Portnov estuvo supuestamente implicado, según medios de Kiev, en el diseño de la legislación aprobada el 16 de enero de 2014 por el Parlamento ucraniano para cortar las protestas callejeras que empezaron en noviembre del año anterior, cuando Yanukóvich decidió no firmar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE) para no alienar a Rusia.
Al menos un centenar de personas murieron en enfrentamientos entre las fuerzas policiales y los manifestantes durante los meses que duraron las protestas.
Poco más de un mes después, el 20 de febrero de 2014, Portnov, su jefe Yanukóvich y otros altos cargos de esa Administración escaparon de Ucrania para buscar refugio en Rusia ante la creciente presión de la calle. Según varias publicaciones ucranianas, Portnov se trasladó posteriormente a vivir a Viena.
De acuerdo con el medio ucraniano Hromadske, al que Portnov demandó sin éxito el año pasado por haber señalado su supuesto papel en la toma rusa de Crimea, el exasesor de Yanukóvich asesinado este miércoles en Madrid fue uno de los 18 ucranianos sancionados por la UE por corrupción y violaciones de derechos humanos en 2014.
Portnov fue, sin embargo, eliminado de esa lista de sancionados un año más tarde por decisión de la Justicia europea.
En 2018 el Servicio de Seguridad de Ucrania abrió un procedimiento legal contra él por traición en relación con su presunta responsabilidad en la entrega a Rusia de Crimea que supuestamente exponía Hromadske. Portnov apeló y el caso acabó siendo cerrado.
A diferencia de otros altos funcionarios de la era de Yanukóvich, como el propio expresidente, que tiene varias condenas en ausencia en Ucrania, Portnov siguió en contacto con su país, al que incluso regresó tras cinco años, en 2019.
En 2021 fue Estados Unidos el que dictó sanciones contra él, esta vez por "acusaciones creíbles de utilizar su influencia" para corromper a los tribunales y "socavar los esfuerzos para reformar" Ucrania.
El nombre de Portnov había aparecido en los medios ucranianos de nuevo a principios de este año después de que una petición ciudadana para que fuera sancionado por el Consejo para la Seguridad Nacional y la Defensa de Ucrania alcanzara las 25.000 firmas necesarias que la ley ucraniana exige para que este tipo de iniciativas sean tenidas en cuenta por las autoridades.
Quienes apoyaban la petición consideraban un sinsentido que Portnov estuviera sancionado en EEUU y no en Ucrania.
El exasesor presidencial fue asesinado a tiros frente a un colegio estadounidense en Madrid, según confirmaron las autoridades españolas. Cuando ocurrió el asesinato, Portnov acababa de dejar a sus hijos en la escuela situada en el municipio de Pozuelo de Alarcón, en la zona noroeste de la capital española, y se dirigía a su automóvil en el aparcamiento del recinto escolar.
Al menos un atacante no identificado disparó varias veces contra la víctima, antes de huir a una zona boscosa de un parque público cercano, según relataron testigos, citados por la BBC.
Se desconoce por el momento quién pudo estar detrás del tiroteo, que tuvo lugar sobre las 9:15 hora local, pero el periódico digital Strana.ua reportó que a Portnov le habrían disparado por la espalda, y que lo habrían rematado cuando estaba en el piso, testimonio que también recogen algunos medios en España.
Horas después del suceso no se habían realizado arrestos, y por el momento se desconoce el posible motivo del ataque.
Además de su carrera política, Portnov era doctor en Derecho y profesor universitario en Kiev, con varias publicaciones especializadas en derecho constitucional.
En los últimos años, según periodistas ucranianos, intentó desacreditar las reformas pro-europeas en su país, utilizando campañas de desinformación en internet.
Se desconoce desde cuándo residía en La Moraleja, Madrid, junto a su esposa, quien también posee pasaporte ruso.
Aunque los servicios de inteligencia ucranianos han sido vinculados a varios asesinatos en Rusia y en zonas ocupadas de Ucrania, en el caso de España un atentado mortal en febrero del año pasado se relacionó con sicarios rusos.
Maxim Kuzminov, un piloto de helicóptero ruso, fue asesinado a tiros cerca de Alicante, meses después de desertar a Ucrania.
Las autoridades de Kiev afirmaron haber ofrecido protección a Kuzminov en Ucrania, pero se cree que este se trasladó a la costa sureste de España con una identidad falsa. El hombre fue hallado muerto en el garaje de su casa, en la localidad alicantina de Villajoyosa.
Un par de años antes, cuando apenas se cumplían dos meses de conflicto en tierras ucranianas, en una vivienda de Lloret de Mar, en Gerona, la Policía encontró los cadáveres de Natalia Protosenya y de su hija, Maria, cosidos a puñaladas y hachazos, recordó el diario español ABC.
Al adentrarse en el domicilio, la Policía localizó al presunto homicida: muerto, colgado de una soga en el jardín, estaba Serguéi Protosenya, un multimillonario ruso, ingeniero y economista. Este, sin manchas de sangre.
Los tres fallecidos afincados en Lloret pasaron a engrosar, como Kuzminov después y Portnov ahora, la larga lista de misteriosas muertes registradas desde el inicio de la guerra de Ucrania, entre las que se cuentan cerca de 30 empresarios y oligarcas rusos.
Que en paz descanse
Ahora están diciendo que no fue Zelensky, sino la “mafia”. Siempre culpar a la mafia ha sido un buen comodín.
Un HP menos, traidor a su patria Ucrania.