Las sanciones de EEUU anunciadas esta semana contra las fuentes de financiamiento del régimen de Cuba parecen nuevos golpes en el mismo sentido. Pero bien vistas, responden a un ajuste táctico de Washington ante los movimientos de La Habana para tratar de seguir haciendo negocios en sectores ya castigados por medidas similares.
Después que varias hoteleras internacionales abandonaran en junio la administración de decenas de hoteles en la Isla de conjunto con GAESA, con el propósito de evitar represalias de EEUU, La Habana comenzó negociaciones para atraer potenciales inversores a esas instalaciones.
Lo anticipó el propio Miguel Díaz-Canel, quien afirmó que el régimen está "planteando modalidades de negocio diferentes, con cubanos que quieran invertir y administrar hoteles". En entrevista con el medio digital español elDiario, dijo que habría contactos con "personas de otros países o entidades que no tienen cuentas en EEUU ni dependencia de EEUU y que están dispuestos a trabajar con Cuba".
Esta semana, el medio especializado Preferente informó que "los mandos turísticos cubanos han contactado con potenciales empresarios e inversores de distintos países, incluyendo a españoles con conocimientos del sector. Algunos viajarán en breve a Cuba para sondear el panorama".
Pero, advirtió, "si alguno de los contactados, sean de Baleares o catalanes con residencia dominicana, deciden invertir, estarán corriendo un alto riesgo. La inseguridad jurídica es total y precisamente por ello no hay un fondo inversor ahora mismo que quiera poner un dólar en Cuba".
No es este el único movimiento de La Habana para conseguir reflotar su hundida industria turística. En junio se supo que los departamentos jurídicos de Meliá e Iberostar estudian renovar sus contratos de administración hotelera en Cuba con empresas no afiliadas a Gaviota, la firma del conglomerado empresarial de los militares, GAESA, sancionada por EEUU.
A diferencia de hoteleras como la canadiense Blue Diamond Resorts y la indonesia Archipelago, que abandonaron Cuba, Meliá solo dejó de operar 15 de sus 34 instalaciones cubanas, mientras que Iberostar cedió 12 de sus 18 hoteles. Es decir, siguen trabajando en 25 instalaciones con las cadenas estatales Gran Caribe y Cubanacán, que no estaban incluidas en las potenciales sanciones de Washington.
Las nuevas sanciones, que afectan al Ministerio de Turismo (MINTUR) de Cuba, cambian ese cálculo. Al darlas a conocer, el Departamento de Estado de EEUU señaló que esa entidad es "el principal actor del sector turístico fuera de GAESA". Ahora, hacer negocios con cualquiera de sus empresas afiliadas, que son todas las de la Isla, pone a los inversores en riesgo.
El economista cubano Emilio Morales comentó a DIARIO DE CUBA que las sanciones contra la entidad estatal "tienen el propósito de evitar que las cadenas hoteleras que operaban con GAESA lo puedan hacer por medio del MINTUR, por lo que irremediablemente tendrán que detener sus operaciones en la Isla".
Según su apreciación, los castigos contra una de las principales fuentes de ingresos frescos del régimen cubano "van dirigidos a poner una barrera para cualquier intento futuro de negociación que implique una transacción de compra-venta de hoteles, lo cual evitaría todo intento de comenzar una piñata a la rusa con los hoteles y cualquier otra instalación o inmueble del sector turístico cubano".
"Sin duda alguna, le están cercando todos los caminos para que comprendan que es hora de que la familia Castro recoja las maletas, se marche del país y de paso a una transición", subrayó.
El movimiento táctico de Washington anticipa la acción clave de La Habana para seguir operando sus fuentes de ingresos pese a la presión de EEUU: la reconversión de GAESA, la mutación de sus negocios a través de varios mecanismos de blanqueamiento, que los hagan menos tóxicos para los inversionistas. A ello me referiré en un venidero artículo.
Pues es hora que los Castro se apliquen el consejo de Maria Antonieta ...