En un contexto marcado por la pérdida de credibilidad financiera y el resquebrajamiento integral de la sociedad cubana, las inversiones extranjeras se resisten a llegar al régimen, toda vez que, como señaló hace algunos meses el Departamento de Estado de EEUU, "Cuba no está abierta a los negocios; está manipulada para favorecer a los compinches del régimen". En tal sentido, para hacer negocios y captar capitales, los representantes de La Habana se deben ir cada vez más lejos y exploran posibilidades de inversión con los gobiernos de Vietnam y Zimbabwe.
En el caso de este último, el presidente de la Cámara de Comercio de Cuba, Antonio Carricarte, se reunió este martes con Patrick Ronald Mutasa, nuevo embajador de Zimbabwe en La Habana. En el encuentro, "se identificaron potencialidades de intercambio en áreas clave para el desarrollo de los dos países, como la agricultura, la industria alimentaria, el sector biofarmacéutico y la manufactura", informó la Agencia Cubana de Noticias (ACN).
El encuentro, según Carricarte, abre la puerta a dar pasos concretos a partir de los acuerdos bilaterales ya existentes, así como a "fomentar alianzas estratégicas que impulsen el intercambio empresarial".
En cuanto a Vietnam, el vicepresidente del monopolio estatal BioCubaFarma, Santiago Dueñas Carrera, sostuvo un encuentro con directivos de la empresa mixta Genfarma, como parte de "la proyección de internacionalización de la industria biofarmacéutica cubana, estrategia clave para acceder a nuevos mercados, diversificar fuentes de ingresos y elevar la sostenibilidad del sistema de salud cubano", informó el grupo farmacéutico en su perfil de Facebook.
Según la entidad, la empresa mixta Genfarma presenta "progresos significativos y una clara proyección de los objetivos estratégicos anuales". Sin embargo, el acceso a sus producciones ―medicamentos de alta tecnología, con énfasis en vacunas y tratamientos para enfermedades crónicas― es notablemente limitado para los cubanos, toda vez que el régimen vende en otros mercados lo que allí se produce y así genera ingresos para sostenerse.
El régimen ha subrayado, tras inaugurar dicha planta en 2025, que Genfarma "constituye un paso estratégico en la cooperación con Vietnam". Así, tanto con Hanoi como con Harare, la estrategia de La Habana pasaría por los mismos términos: énfasis en las relaciones políticas que abran las inversiones que el régimen busca desesperado y sigue sin encontrar de forma plena.
La Habana, que ya no cuenta con grandes benefactores, busca hacer negocios con sus pocos aliados e incluso con países como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Corea del Sur, así como con la Unión Económica Euroasiática, pero el flujo de dólares se resiste a llegar a sus arcas.
Según las agencias mundiales de evaluación de riesgos financieros, Cuba está al borde del default, "y eso es fatal para los inversores extranjeros, que no quieren colocar su dinero en el país porque es tremendamente riesgoso", afirmó la economista oficialista Carola Salas, directora del Centro de Investigaciones de Economía Internacional (CIEI) de la Universidad de La Habana.
Así, mientras las presiones de EEUU han impulsado al régimen a hacer llamados engañosos a la emigración cubana para que instale negocios en la Isla, las autoridades cubanas intentan, con escaso éxito, atraer capital extranjero sin desmontar el control estatal.
En la reciente reunión celebrada entre Washington y La Habana, funcionarios estadounidenses advirtieron que la economía cubana está en "caída libre" y que la élite gobernante enfrenta un margen estrecho para aplicar reformas antes de que la situación empeore de forma irreversible, reportó USA Today.
Entre las propuestas planteadas estuvo la introducción del servicio de internet de alta velocidad Starlink en Cuba, condicionada a reformas económicas que hagan al país más competitivo y atractivo para la inversión extranjera.
Inversiones de Zimbabwe.
Ahora sí a llorar que se perdió el tete.