"En Cuba se violan todos los derechos humanos y se violan los derechos de todos", sostiene en entrevista con DIARIO DE CUBA Carlos Quesada, director ejecutivo del Instituto Internacional sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos.
Con esa frase, Quesada deja claras dos cosas: primero, que Race and Equality —nombre más común por el que es conocido el instituto— se aparta del enfoque de otras organizaciones radicadas en Estados Unidos, que consideran al régimen cubano como un ejemplo a seguir en materia de derechos y particularmente en la eliminación del racismo.
Segundo, aunque su nombre pueda sugerir lo contrario, la organización abarca todo el espectro de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.
Esta ONG fue fundada hace 12 años y el tema Cuba ha estado en su agenda desde el inicio. De hecho, estaba entre los intereses de las organizaciones en las que Quesada trabajó antes.
"Fuimos creados en 2014 y básicamente lo que hacemos es fortalecer la capacidad de nuestras contrapartes en América Latina para que puedan utilizar el sistema interamericano de protección de derechos humanos y el sistema universal de protección de derechos humanos. Venimos trabajando Cuba desde que empezó la organización y en realidad desde antes de que empezara la organización. En las otras organizaciones donde veníamos trabajando, también realizábamos trabajo sobre Cuba", cuenta el director ejecutivo.
"Nosotros trabajamos los derechos humanos en Cuba en los cuatro pilares principales de nuestra organización, que son las capacitaciones técnicas, la documentación de violaciones a los derechos humanos, el litigio estratégico y la incidencia", profundiza Christina Fetterhoff, directora de programas de la organización.
"Entonces, hemos acompañado a activistas de la sociedad civil independiente cubana en cada ámbito, capacitándolos para que puedan utilizar los mecanismos de protección de los derechos humanos a nivel regional e internacional, apoyándoles en la documentación de violaciones de derechos humanos en la Isla, proveyéndolos de apoyo legal cuando sea necesario, y luego acompañándolos en oportunidades de incidencia ante las Naciones Unidas o la Organización de los Estados Americanos", detalla.
Parte del trabajo de Race and Equality con activistas cubanos se ha centrado en la población negra y mestiza y en la comunidad LGBTI, a las que han apoyado en la presentación de informes alternativos, "por ejemplo, ante el Comité de las Naciones Unidas que supervisa el cumplimiento y la implementación de la Convención Internacional para Eliminar Todas Formas de Discriminación Racial", explica la directora de programas.
"También hemos apoyado la participación de activistas de distintas entidades en áreas de incidencia, por ejemplo, la Asamblea General de la OEA (Organización de Estados Americanos). Yo creo que es importante destacar que, de punto de vista de la organización, tener identidades interseccionales puede significar también discriminaciones interseccionales. Entonces, por eso intentamos elevar las voces de las personas de esas comunidades", subraya Fetterhoff.
Los derechos de las personas de la comunidad LGBTI y la lucha contra el racismo son temas que suelen abordar, tanto en América Latina como en Estados Unidos, organizaciones afines al régimen cubano y amplificadoras de la narrativa de que la Revolución erradicó la discriminación racial.
Race and Equality ha evadido esa visión edulcorada de la realidad cubana, lo que le ha traído consecuencias negativas, pero también agradecimientos.
"Hemos perdido amigos por dar a conocer la verdad", destaca el director de la organización. "Creo que es importante decir que en el caso de Cuba y de otros países como Nicaragua y Venezuela, no solo trabajamos temas LGBT o afrodescendientes, sino que trabajamos otros grandes temas. Particularmente en estos temas hemos perdido amigos en el camino, pero hemos ganado otros, gente que nos ha agradecido el poder tener esa interacción con organizaciones cubanas que les han abierto los ojos: organizaciones de Uruguay, de Brasil, de Colombia, de Honduras, de República Dominicana, que tenían una idea romantizada de cómo era ser negro, cómo era ser LGBT en Cuba, o cómo es ser mujer o una persona de la tercera edad en Cuba".
"Uno de nuestros éxitos ha sido que hemos fortalecido a las organizaciones dentro de Cuba para que ellas mismas hayan dado a conocer cuál es su realidad. Son ellas las que han cambiado las mentes, no nosotros", puntualiza Quesada.
Al abordar la posibilidad de una transición en Cuba, que parece más probable ahora que en otros momentos, y genera entusiasmo dentro y fuera de la Isla, tanto Carlos Quesada como Christina Fetterhoff subrayan el papel de las organizaciones de la sociedad civil independiente en la documentación de las violaciones de derechos humanos y llaman a que sea tenido en cuenta en las conversaciones que tienen lugar entre Washington y el régimen cubano.
"Quiero dejar muy claro que la justicia transicional ya está pasando en Cuba", sostiene el director de Race and Equality. "La sistematización de violaciones a los derechos humanos de todas las organizaciones con las que trabajamos en Cuba va a servir después para que haya justicia realmente. La parte de sistematización ya existe; es parte de este proceso de justicia transicional, que es un poco la estrategia que utilizamos las organizaciones de derechos humanos para garantizar que, cuando haya algún cambio, tengamos información fidedigna, veraz, para ubicar a los responsables, juzgarlos y que haya procesos de perdón, reparación, etc., realmente objetivos".
Christina Fetterhoff puntualiza los cinco elementos claves de la justicia transicional —la verdad, la justicia, la memoria, la reparación y las garantías de no repetición— y recuerda, como ejemplos del trabajo realizado en Cuba, que "los periodistas independientes han estado rompiendo el monopolio estatal de la información durante mucho tiempo (…); abogados independientes han presentado recursos de habeas corpus o casos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Eso ya es documentación para la justicia. Los activistas que han documentado también patrones de abusos, están creando la memoria de lo que ha estado pasando durante todas esas décadas".
"Creo que es muy importante que en todas las conversaciones que están ocurriendo, que están por venir, esa experiencia de los activistas forme parte y no sea disminuida, porque es un gran trabajo, un trabajo de mucha importancia para el futuro del país", recalca la directora de programas de Race and Equality.