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Crítica

'El asesino de los lunes'

La novela de Agustín García Marrero cuenta la historia de un asesino en serie que comete sus crímenes en Santiago de Cuba, con una impecabilidad dudosa.

La Habana
Cartel del festival 'Pamplona negra'.
Cartel del festival 'Pamplona negra'. ELDIARIO.ES

Para mal, Agustín García Marrero (Cárdenas, 1938) ya viene siendo un escritor bastante prolífico. Aunque su labor profesional como licenciado en Historia se inició en el campo de la docencia, las investigaciones científicas y luego como editor de literatura científico-técnica, no fue, hasta bien iniciado los años 2000, que decidió probar suerte en el campo de la ficción, específicamente en la literatura policial cubana.

Semana Santa en San Francisco (2006), su primer título, es una novela regular de poca promoción en el mundo editorial cubano, la primera de toda una saga —El ocaso de los asesinos, El poder de la muerte y El aliento del diablo— bajo el sugerente rótulo de La Mafia en San Francisco. Todo un Scorsese tropical.

Otros títulos como El sicario de Monte Escondido (2013), El quinto hombre (2014) y Asesinato casi perfecto (2018) —si mal no recuerdo, saldrían divulgadas en una multimedia— completarían la llamativa preferencia de Marrero por el género, y se espera incorpore también otra novela más, Siete días para descubrir un asesino, de la cual, se dice, está pendiente su publicación por la editorial José Martí.

A inicios de este año su más reciente obra, El asesino de los lunes, se ha convertido rápidamente en un éxito de ventas, pues a pesar de su precio bastante alto (20 CUP), para el mes de febrero no quedaba un solo ejemplar en venta en todas las librerías de La Habana. Tengo una especial curiosidad de conocer la reacción de los amantes del género tan pronto terminaron la novela, pues ni bien empieza consigue el mismo efecto que el de una estruendosa bofetada al rostro del lector. Hay en ella todo un rosario de imperfecciones que lastran la calidad estética del libro y, lo peor, lo de policíaco se diluye en un elemental esbozo de folletín telenovelero, al estilo de los pésimos guiones del serial televisivo "Tras la huella".

¿Qué nos cuenta esta novela? Se trata de la historia de un asesino en serie que comete sus crímenes en la ciudad de Santiago de Cuba. Justamente los lunes, casi siempre en la noche, con una impecabilidad dudosa, lo cual coloca en tensión las fuerzas policiales, incapaces de capturar al malhechor. Y dos especialistas en derecho forense (los profesores Rolando Fundora y su esposa Julia) interrumpen sus vacaciones en Topes de Collantes, para colaborar con la fuerza de la ley y el orden.

Estos héroes de Marrero parecen salidos de un folletín decimonónico e intentan convencernos de sus habilidades científicas a fuerza de una inteligencia pueril, bastante lineal, que a veces acude a premoniciones y avisos que le llegan, en sueños, del "mundo de los espíritus".

Entre un crimen y otro, los vaivenes de oficiales impecables entran a escena como garantes de la seguridad nacional, del estado de bienestar social. Porque para Marrero la idea de lo policial permanece anquilosada en los 70, cuando las nuevas obras surgidas dentro del género oxigenaron la narrativa insular con la épica revolucionaria. Lo cual no me parece reprochable, sino la deficiente manera con que establece su construcción narrativa, con un trazado desigual de motivos argumentales y una psicología de personajes que uno como lector no sabe si reír o llorar.

Del asesino, llamado Yunieski Ortega, su autor no encuentra otro motivo de suspense mayor para justificar sus crímenes a inicios de semana: el lunes es su único día no laborable como trabajador de un mercado agropecuario, y claro, no faltaba más, para los asesinatos en serie ya viene siendo un lugar común la vendetta debido a un pasado turbio en la prisión, y un rosario de delincuentes de cartulina.  

Toda la novela se resume en un intento de moralina social, donde vale resaltar que los valores educacionales pueden alejar al individuo del mundo del crimen. Y por supuesto, a exaltar al aparato policial cubano como garantes de la seguridad y el orden. Pero como debe haber un resquicio para la regeneración del sujeto delincuente, no importa que le aguarde la pena máxima ante el paredón, los héroes que antes ayudaron a capturarlo deberán lidiar ahora, a la manera de un "próximo combate", por su defensa ante un juicio, con tal de que el asesino pueda reivindicarse para la sociedad.

Hay que ver los diálogos de esta novela, los modos en que entre villanos y héroes se conciben las estrategias de supervivencia, enfrentamientos y reflexiones sobre la psicología humana para aflorar, de la forma más burda posible, un didactismo ocioso como moraleja.

Sobre esto el propio autor declara en su presentación "Por qué escribí esta novela": "Su contenido también debe representar una advertencia para aquellos que acostumbran a cometer abusos con los más débiles. Si alguno de ellos llega a leer este relato, podrá comprender que no hay enemigo pequeño y que la única fórmula efectiva para lograr una convivencia pacífica y agradable en las comunidades es mediante el respeto entre todas las personas".

Sin dudas, una intención loable, y vaya uno a saber si la repentina desaparición de esta novela de las librerías de La Habana se debe a una probable distribución gratuita en las cárceles del país.

Mientras tanto, la literatura cubana sigue clamando por el renacer del género policial, que nunca llega.


Agustín García Marrero, El asesino de los lunes (Publicaciones Acuario, La Habana, 2019).

 

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