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Historia

El modelismo naval en Cuba, una tradición que pervive

Desde los exvotos de los marineros de la época colonial hasta las maquetas construidas hoy por aficionados con materiales reciclados, el modelismo naval ha acompañado la historia marítima de la Isla.

Madrid
Maqueta del trasatlántico Juan Sebastián Elcano, de la colección del Castillo de la Fuerza.
Maqueta del trasatlántico Juan Sebastián Elcano, de la colección del Castillo de la Fuerza. Museos Arqueológicos de La Habana/Facebook

Construir barcos en miniatura es una práctica milenaria que en Cuba también tuvo especial desarrollo, en gran medida motivada por su filiación al mar. La Habana fue uno de los puertos más importantes de Latinoamérica y durante siglos uno de los principales arsenales del imperio español. La historia de las embarcaciones que surcaron sus aguas y fueron construidas en el puerto, trasciende hoy en maquetas de miniatura que preservan la memoria marítima de la nación.

Galeones, cazasubmarinos, lanchas, guadaños, etc. reproducidos a pequeña escala, ofrecen una herramienta de interpretación histórica que trasciende la embarcación en sí, para hablar de prácticas constructivas, materiales locales, oficios, tradiciones, relaciones navales, rutas comerciales, batallas, transporte doméstico y una imaginería asociada a las leyendas del mar.

Desde los primeros siglos coloniales comenzaron a realizarse con fines exvotos, decorativos e industriales. Primero fue costumbre que marineros sobrevivientes de huracanes y ataques piratas tallaran réplicas de sus barcos y las colgaran en las iglesias como exvoto. Esta práctica constituye registro inicial del modelismo naval en Cuba. En este caso el objeto no cuidaba tanto las proporciones como los detalles y se solía hacer con sobrantes de los astilleros. El principal foco fue el Santuario de la Virgen de Regla, proclamada en 1714 Patrona de la Bahía de La Habana y de los marineros, y muy frecuentado por estos.

En general, el pueblo Regla tuvo relevancia en la fabricación de modelos de barcos en madera o metal. Según Ovidio Ortega, este pueblo de pescadores fue cuna del modelismo en la Isla. Las piezas se colgaban del techo de los salones en las casas ricas, las cuales competían sobre este particular.

El historiador rescata además la descripción que Tomás Romay hizo de un banquete celebrado en 1807, en la Real Factoría de Tabaco (hoy Tallapiedra), donde evidencia la maestría alcanzada por los artesanos del momento y lo apreciado de su trabajo. Cuenta que, en una mesa de 25 metros de largo, se colocó un canal central de 22,5 metros de largo por 0,84 metros de ancho, lleno de agua y peces, donde "flotaban varias embarcaciones de diverso porte: cinco estaban confeccionadas completamente (incluidos velámenes y aparejos) con cristales de diversos colores, otras cuatro eran de madera dorada y al centro un modelo de navío de una vara de longitud [0,84 metros] con todo su aparejo, banderas y velas de seda. (…) se construyó una réplica del muelle de la factoría, mientras que al lado opuesto se mostraba una maravillosa grada de un navío de 80 cañones de porte, de una vara de longitud, el cual tenía un costado perfectamente concluido y el otro en esqueleto mostrando sus cuadernas". Ortega infiere que este último pudo ser el San Pedro (El Rayo), botado en La Habana en 1749, y por tanto puede ser el que hoy exhibe el Museo Naval de Madrid.

Paralelamente, en el Real Arsenal de La Habana los maestros carpinteros de ribera hacían, a partir de los planos, con gran precisión, modelos de las embarcaciones que iban a construir. Con ellas ponían a prueba el diseño hidrodinámico, la distribución de la arboladura y del armamento. En ocasiones eran modelos de "medio casco" (la mitad longitudinal de un barco) que también se enviaban a la metrópoli para la aprobación de la Corona. A estas piezas se les conocía como "modelo de astillero, arsenal o de construcción". Hoy constituyen una fuente de información inapreciable que complementa la documentación existente sobre determinadas embarcaciones históricas.

En el siglo XX, el modelismo naval giró hacia lo recreativo y deportivo. Fueron entonces los aficionados del yachting quienes comenzaron a reproducir en miniatura yates de regata, goletas y lanchas motoras. El modelismo se consolidó en esta época como un pasatiempo. Sobre todo, empleaba kits prefabricados de madera, planos detallados y componentes de radiocontrol importados desde Estados Unidos y Europa, introduciendo el modelismo navegable moderno.

Con la Revolución, este arte se utilizó como recurso de educación patriótica, al encargar el Estado réplicas de embarcaciones involucradas en las guerras de independencia o posteriores, como el yate Granma.

De mano de los aficionados cubanos el modelismo ha subsistido en las últimas décadas a pesar de las grandes limitaciones que existen en el país para obtener planos, materiales, herramientas de precisión y pegamentos. Esto forzó el desarrollo de un modelismo de altísima resiliencia, llamado scratch building extremo. Prescindiendo completamente de kits prefabricados, en Cuba se modela desde cero a partir de planos, utilizando materiales completamente reciclados como cajas de tabaco, varillas de sombrillas, latas de aluminio, radiografías médicas y resinas artesanales, con los que se logran obras de calidad museable.

Una buena parte de los proyectos son piezas que documentan la historia marítima cubana en toda su variedad y riqueza. Así, estos artistas reproducen desde grandes embarcaciones como la nao Santa María, un galeón utilizado por la flota inglesa en la toma de La Habana, el acorazado Maine, el cazasubmarino que hundió un sumergible alemán en aguas cubanas en 1943 y el propio submarino, hasta un práctico del puerto y los guadaños empleados al interior de la bahía para el transporte de personas y mercancías.

Algunos son también los autores de piezas que conforman la colección del Museo de Navegación, del Castillo de la Real Fuerza. Esta institución tiene la colección pública más importante de modelismo naval del país, en la que destaca un modelo a escala monumental (1:25) del mayor navío en línea de la armada española, el Santísima Trinidad. Realizado entre 2006 y 2009 por un grupo liderado por Juan Carlos Zuloaga, dejó abierto un lateral del casco, de modo que puede observarse con detalle la vida al interior de la embarcación.

Con esta amplia trayectoria que ha tenido el modelismo cubano, y que merece más apoyo y vindicación, este año se presenta bastante positivo para este arte. En enero hubo un encuentro de varios modelistas cubanos en el Museo de Pintura Mural de la Oficina del Historiador. El espacio, que contribuye al fomento de esta actividad como parte del proyecto para el desarrollo de emprendimientos comerciales y culturales en instituciones del centro histórico, quedó marcado desde entonces con carácter bimensual.

Dicho apoyo institucional ha facilitado en poco tiempo la celebración de una exposición colectiva en mayo y un evento de modelismo en agosto. Este último se realizó en el Castillo de la Real Fuerza, donde se exhibió una gran variedad de modelos, algunos de los cuales se hicieron navegar en el foso. La gran aceptación que tuvo entre la comunidad de modelistas y el público asistente motivó que, a partir de este 26 de septiembre, se establezca como evento permanente, programado el último sábado de cada mes. Esperemos que posibilite una mayor difusión y consolidación de esta tradición artesana que tanto aporta desde lo artístico y lo documental a la historia marítima del país.

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1 comentario

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Excelente, Yaneli. Mi conocimiento de este arte es muy limitado, pero me encanta ver estos modelos. El museo de la Academia Naval en Annapolis tiene algunos bien bonitos. Me descolocó un poco la foto porque pensé que se trataba del buque escuela que visitó recientemente varias ciudades del este y le estaba buscando los mástiles. Este barco se construyó en la misma época, pero era de vapor y de pasajeros. Realizaba la ruta regular España-Cuba-Nueva York desde finales de la década de 1920. Bien por los modelistas; a esa gente le sobra talento y le falta libertad; si no, le sobrarían los materiales.