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Literatura

Mirta Ojito, la emigración como 'código genético' y la memoria de 488 cuerpos que se tragó el Caribe

La periodista cubana conversa con DIARIO DE CUBA sobre su debut en la ficción con la novela 'La memoria de las olas'. 

Madrid
Mirta Ojito con su novela "La memoria de las olas".
Mirta Ojito con su novela "La memoria de las olas". Editorial Planeta

Del periodismo a la ficción literaria. La cubana Mirta Ojito, ganadora del Premio Pulitzer en 2001 y reconocida por su labor en medios como The New York Times, The Miami Herald y El Nuevo Herald, debuta en la novela, con la publicación de La memoria de las olas, editada por Espasa.

La obra, que toma como marco el naufragio del vapor Valbanera en septiembre de 1919, conecta la emigración canaria de inicios del siglo XX con los dilemas universales del arraigo y el exilio.

A partir del hundimiento cerca de los cayos de la Florida, que terminó con las vidas de 488 personas, Ojito despliega un ejercicio de memoria histórica y búsqueda personal en dos tiempos, dos siglos y una historia común.

En entrevista con DIARIO DE CUBA, Ojito profundiza en los motivos que la llevaron a saltar del periodismo a la creación literaria, las deudas no saldadas con el pasado familiar y el significado del mar en la memoria colectiva de la Isla.

Después de una reconocida trayectoria en el periodismo de investigación y la no ficción, este es su debut en la novela. ¿En qué momento sintió que la historia de La memoria de las olas necesitaba de la ficción para ser contada? ¿Cómo convivieron la rigurosidad histórica con la creación narrativa?

La novela parte de un hecho histórico, el naufragio en 1919 del Valbanera, un barco español que perdió su rumbo porque un huracán azotó a La Habana y no pudo entrar al puerto. Cuando me enteré de esta tragedia, enseguida pensé que escribiría un libro, pero primero pensé que sería como los otros, hasta que, leyendo todo lo que pude encontrar, me di cuenta que ya otros lo habían hecho. No me pareció que podía aportar mucho más a la investigación, y de ahí surgió la idea de la novela.

Además, el día que me enteré del naufragio estaba en Cayo Hueso, hace 20 años, coincidentemente cerca del lugar donde el barco aún yace. Y me vino a la cabeza la imagen de una mujer corriendo por un barco desesperadamente, buscando a su hija. Esa imagen se quedó conmigo por años y fue lo primero que escribí cuando la novela se impuso.

La novela conecta la emigración canaria de principios del siglo XX con las búsquedas de identidad contemporáneas. Como periodista que ha documentado el exilio y las migraciones cubanas, ¿qué paralelismos encuentra entre aquellos que cruzaban el Atlántico hace un siglo y la diáspora cubana actual?

Muchos. Pero no solo con la diáspora cubana, sino con todo aquel que ha salido de su tierra buscando una vida mejor. Es una historia antigua, que se repite y se repetirá. Creo que la inmigración está en el código genético de nuestra especie.

Mara Denis, la protagonista, emprende su viaje a raíz de un hallazgo que desvela una verdad sobre su pasado familiar. ¿Cuánto de su propia experiencia como periodista hay en Mara y en su obsesión por no dejar que las historias familiares queden olvidadas?

Ciertamente hay mucho de mi experiencia como mujer, como madre y como periodista en el personaje de Mara, pero aclaro que Mara no soy yo. Desafortunadamente, yo nunca he hecho lo que Mara hizo: no investigué los orígenes de mi familia cuando mis padres vivían, que tal vez me pudieron haber ayudado.

Mi madre y yo tuvimos muchas conversaciones sobre su niñez en Sabanilla, el mismo escenario que ocupa un lugar tan importante en la novela, pero, aunque tenía una noción de que sus raíces eran canarias, no lo investigué como debí haber hecho. Estoy tratando ahora, pero es difícil sin tener documentación.

Creo que muchos pensamos que tendremos tiempo y, luego perdemos a nuestros abuelos y padres, y con ellos, gran parte de nuestra historia. Si hay algo que me gustaría que los lectores de mi novela se llevaran con ellos es la importancia de hacer preguntas, de indagar y recopilar datos mientras puedan.

El mar es una constante en la experiencia y la literatura cubana, a veces visto como vía de escape, a veces como fosa o barrera. ¿Qué representa La memoria de las olas como parte de esta tradición? ¿Qué representa la novela para usted y qué lugar podría ocupar en la narrativa sobre Cuba?

Para mí, el mar siempre ha sido limitante. Cuando vivía en Cuba lo sentía como una membrana que nos mantenía a todos en la Isla, sin posibilidad de escape. Y, sin embargo, fue el mar el que me trajo a EEUU en la flotilla del Mariel, en 1980. Jamás me lo imaginé. Estoy segura que mis padres tampoco.

Desde esta orilla, ya el mar no me parece limitante, pero todavía le temo. Durante la investigación que hice sobre naufragios en el Caribe para esta novela, me di cuenta que todos mis miedos están justificados.

El mar Caribe es una especie de cementerio acuático. No se sabe y nunca se sabrá la cantidad de cubanos, haitianos, dominicanos y otros que han perecido en esas aguas en busca de una vida mejor.

Por el momento, me gustaría que mi novela ayude a mantener la memoria de los 488 que el mar se tragó con el Valbanera.

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