Entre la urgencia del periodismo y la necesidad de ofrecer un testimonio duradero sobre el dolor permanente de Cuba, la cámara de Luis Felipe Rojas es, desde hace años, más que un mero instrumento técnico. Es una bitácora visual y afectiva que recorre dos décadas de historia reciente: desde el acoso cotidiano en el oriente de la Isla hasta la experiencia del exilio. Su libro No son tus ojos, publicado recientemente y disponible en Amazon, así lo demuestra.
Hacer las fotos… y que la Seguridad del Estado no te las quite
Las imágenes rescatadas en No son tus ojos son, en palabras del autor, "un verdadero milagro" técnico y humano, toda vez que ejercer el periodismo independiente en la Isla a comienzos de la década de 2000 lo convertía en "una especie de kamikaze". Para librar el material de las largas manos de la Seguridad del Estado, Rojas recurrió a la estrategia y a la suerte.
"Yo usaba varios métodos para conservar las fotos: a veces llevaba dos memorias SD. En una había fotos triviales, de familia, amigos, paisaje urbano; y cuando terminaba de hacer fotos a documentos, denuncias escritas, activistas o mis propios entrevistados, la extraía y la ponía en el compartimento de algún bolsillo o la enviaba con alguien a su destino final. Luego montaba la otra SD Card. Muchas veces me detenían, me revisaban la cámara y me la devolvían intacta o me borraban las fotos", relata.
En una época previa a la masificación de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, el registro gráfico respondía a la necesidad de ilustrar boletines clandestinos y medios alternativos. "Perdí mucho material cada vez que me confiscaban o dañaban una cámara", confiesa Rojas, "pero a veces ellos pensaban que borraban todas las fotos y yo mismo las recuperaba con un programa offline. Puro milagro, paciencia, y el ego resguardado a diez metros bajo tierra era el mejor remedio para seguir insistiendo", sostiene.
Entre los retratos publicados en No son tus ojos se encuentra el de la presa política Sayli Navarro en 2015, capturada sonriendo durante una estancia académica en Miami. "Siempre me pareció que aquellas fotos de ella, sonriendo, jugando dominó en una casa de familia en Hialeah decían mucho de la Cuba futura para nosotros", señala el fotógrafo.
"Lamentablemente, tanto Sayli como su padre, Félix Navarro, están en prisión nuevamente tras los estallidos del 11J. Pero ahí están las fotos, espero que las próximas sean en una Cuba libre".
El paisaje del desarraigo
El paso al exilio no interrumpió la mirada crítica en la fotografía de Rojas. Al trasladar su residencia a EEUU hace casi 14 años, el diálogo entre la Isla y el exterior adquirió una nueva dimensión en su trabajo visual. Sin embargo, su posición sigue siendo la del observador situado en los márgenes de las postales publicitarias.
"A mí me encantó Miami desde que puse un pie aquí hace catorce años", confiesa el autor. "Cuando voy a la turística Calle Ocho, nunca parezco un turista —por razones obvias— y sé que nunca seré un 'miamian'. De modo que esa manera de ser un paria y estar fuera de la postal de turismo o fuera muchas veces de lo que llaman 'el cubaneo', me hacen sentir cómodo a la hora de emprender algunos proyectos".
"Se suele repetir con bastante ligereza que detrás de una imagen hay mil palabras, y no siempre es cierto. Yo lo asumo como escritor desde otra perspectiva. Fotografío a mis amigos que viven en la calle, a hombres y mujeres con los que me siento en un parque a beber unas cervezas (...). A esa gente no le hacen falta las palabras. Una foto basta para ver la interconexión que tenemos, lo mismo sea en West Palm Beach, Washington, Nueva York o en Tarpon Springs", opina.
Pasajes de la resistencia democrática
Ante la pretensión del régimen cubano de reescribir la memoria y diluir la causa de los prisioneros políticos, No son tus ojos recoge pasajes fundamentales de la resistencia democrática, como las fotos a las Damas de Blanco en la Quinta Avenida de Miramar, o los últimos testimonios visuales de la líder opositora Laura Pollán.
"Ahí están mis fotos de las Damas de Blanco desafiando al régimen, pero retratadas por el periodismo independiente y no por la permisibilidad a la prensa extranjera o las provocaciones de la prensa oficial", dice.
Así, estas imágenes capturan también el engranaje del control social: "activistas que han fallecido, cómo vestía la gente y cómo había vecinos que se prestaban para vigilarnos —vestidos de civil, codo a codo con los represores de uniforme— mientras protestábamos, denunciábamos las atrocidades de la dictadura y escribíamos para que el mundo supiera que defendíamos los derechos de todos los cubanos".
"El libro tiene una tesis: nunca es el fotógrafo, ni la cámara que use ni la experiencia que tenga… es la gente, son las cosas", concluye Luis Felipe Rojas. "Unos hacen fotos de quinceañeras, otros retratan a una madre que protesta por el asesinato de un hijo en un calabozo policial. Las dos fotos son importantes, la gente no tiene por qué elegir. Mi esperanza es que la segunda quede solo como un anacronismo, no la primera".