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Sociedad civil

La Baraja Castrista: rostros y nombres para radiografiar al verdadero poder en Cuba

DIARIO DE CUBA conversa con Miguel Cossío, director ejecutivo del Museo Americano de la Diáspora Cubana y autor del proyecto.

Madrid
La Baraja Castrista. DDC TV
Detalle de la Baraja Castrista.
Detalle de la Baraja Castrista. Cortesía de Miguel Cossío.

En un país donde los nombres que realmente sostienen el poder suelen estar en la sombra, mostrar a quienes detentan el control político y económico en la Isla y cómo se organiza el poder más allá de los cargos oficiales es esencial en cualquier ejercicio de transición. Es ese, precisamente, el objetivo de la Baraja Castrista que, bajo la autoría de Miguel Cossío, director ejecutivo del Museo Americano de la Diáspora Cubana (MADC), busca ponerlos bajo la lupa.

La Baraja reúne 56 nombres y rostros, seleccionados de forma tal que reflejen la concentración del poder político, económico y represivo en la Isla. "La selección se centra en los cabecillas que cortan el bacalao", dice Cossío. Entre ellos se incluyen altos mandos militares, jefes de los cuerpos de seguridad y funcionarios encargados de las decisiones represivas más críticas. Aunque reconoce que podrían escaparse algunos nombres menos visibles, asegura que el objetivo es mostrar a los que realmente deciden y consolidan el control del Estado.

Esta no es la primera vez que Cossío y su equipo lanzan un proyecto de este tipo. La primera edición, exclusivamente digital, surgió tras la represión de las protestas del 11 de julio de 2021 y se centró en la pirámide nominal de la burocracia castrista. La nueva versión, explica Cossío, es más depurada y precisa: "Ahora están, a mi juicio, los 56 nombres y rostros de quienes concentran el poder político y económico ―el dinero― y los responsables de ordenar la represión. Más del 40% de la Baraja agrupa a altos mandos militares o de los cuerpos de seguridad".

El momento de su lanzamiento no es casual. Para Cossío, acontecimientos recientes en la región y cambios en la política exterior estadounidense han creado un contexto propicio para que el proyecto tenga un impacto real. "Nuestra iniciativa surge después de la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero y de la decisión del Gobierno de EEUU de poner punto final a la dictadura cubana. Esos dos acontecimientos son la muestra más palpable de un cambio de visión de 180 grados en materia política y filosófica por parte de la Casa Blanca hacia el hemisferio occidental. El momento para Cuba es ya y, si no es ahora, cuándo", subraya.

La Baraja, sin embargo, no se limita a señalar nombres, sino que también ofrece información sobre vínculos familiares y relaciones internas del poder. "Al analizar a estos miembros de la nomenclatura cubana, logramos reconstruir árboles genealógicos, identificar vínculos familiares, fechas de nacimiento y otros datos relevantes que permiten entender cómo opera realmente el círculo de poder", explica Cossío.

Para él, mostrar estos vínculos no es un ejercicio de curiosidad, sino una herramienta estratégica: "Una de las posibilidades para que el cambio ocurra es la fractura o implosión del régimen, que figuras, oficiales o funcionarios rompan el dique de 67 años de totalitarismo".

Más allá de la utilidad para los cubanos, "la Baraja constituye una herramienta muy útil para agencias del Gobierno de EEUU interesadas en comprender con mayor precisión la arquitectura del poder en la Isla", asegura Cossío.

El proyecto también pretende ser educativo y simbólico. En tal sentido, mostrar los rostros de quienes detentan el poder es un paso para desmitificar la idea de un régimen monolítico e invulnerable. "Puede servir de mapa e instrumento para los cubanos que anhelan el cambio y para quienes, en el mundo, sobre todo gobiernos, tienen aún una visión y una comprensión muy superficial acerca del régimen, de cómo se estructura y se ejerce el poder", dice, y subraya que "la crisis del modelo totalitario cubano es sistémica y estructural. Está muerto en un punto sin retorno".

La dimensión histórica del proyecto también es relevante, toda vez que "una Cuba libre se construirá sobre la verdad, la justicia y la dignidad de su pueblo. Bajo esa premisa nació la iniciativa de esta baraja", insiste Cossío.

En cuanto a su disponibilidad, confirma que la baraja estará al alcance de investigadores, instituciones y del público interesado. "Mucha gente está interesada en adquirir este naipe", celebra, y agrega: "Estamos en proceso de imprimir los primeros sets. Pronto anunciaremos la información al respecto a través de los sitios web del Museo Americano de la Diáspora Cubana y de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba".

Con la Baraja Castrista, Cossío y su equipo combinan memoria, análisis y visibilidad en un proyecto que trasciende lo lúdico: es un instrumento de comprensión política, un registro histórico y un llamado a examinar críticamente a quienes ejercen el poder en Cuba. La iniciativa demuestra que conocer a los que gobiernan, más allá de los cargos oficiales y las apariencias, es un paso esencial para cualquier proceso de transición en la Isla.

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