La actriz cubana Adela Legrá, uno de los rostros femeninos icónicos del cine del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en la década de 1960, falleció el viernes 2 de enero en Santiago de Cuba, informó esa institución.
Legrá, de 86 años de edad, había sido hospitalizada de urgencia en el hospital provincial de ese territorio oriental, donde murió en la madrugada, detalló el perfil oficial Cubacine, que no aclaró la causa del deceso.
Nacida en Caimanera, Guantánamo, en 1939, se dedicó a las tareas del hogar y ejerció trabajos agrícolas en diversos lugares de la antigua provincia de Oriente, recogiendo café, y en la siembra y recogida de viandas y hortalizas, hasta que el joven cineasta Humberto Solás la convenció, pese a no contar con formación actoral, para que protagonizara el mediometraje de ficción Manuela (1966).
Dos años después, encarnó a una joven campesina en el tercer cuento de la película Lucía (1968), también de Solás, rol que la convirtió en una de las figuras más representativas de la cinematografía nacional.
Pese a lo anterior, su presencia en el cine cubano posterior fue escasa. Luego de mudarse a La Habana, ejerció varios empleos, entre ellos el de proyeccionista de cine.
A partir de la década de 1970, tuvo roles secundarios en las películas Rancheador (1976), de Sergio Giral; El brigadista (1977), de Octavio Cortázar; Aquella larga noche (1979), de Enrique Pineda Barnet; Polvo rojo (1981), de Jesús Díaz, y Vals de la Habana Vieja (1988), de Luis Felipe Bernaza.
En la televisión participó en series como Algo que debes hacer y La gran rebelión.
Volvió al cine de Humberto Solás en las dos últimas películas del director: Miel para Oshún (2001) y Barrio Cuba (2005). También participó en el largometraje de ficción Café amargo (2015), de Rigoberto Jiménez.
Además, varios documentales dedicados a su trayectoria fueron realizados en las pasadas dos décadas y media. Entre ellos se cuentan Adela (2008), de Ramón Ramos; Adela, un nombre de mujer (1999), de J. Rodríguez; Quién me quita lo baila'o (2000) de Guillermo de la Rosa y José A. Estrada; Ecos de un final (2002) y Memorias de Lucía (2002), ambos de Carlos Barba; y Lucía y el tiempo (2003), de Alain Rodríguez.
D.E.P.
E.P.D.
Dejó su legado. En paz descanse.