En el artículo de la semana pasada comentábamos cómo la guayabera llegó, como de casualidad, a convertirse en prenda nacional, colocándose incluso en el ropero de la región caribeña. Sin una larga tradición que sostenga su uso, la guayabera pasó del campo a la ciudad como una moda vestimentaria. Sus principales valores son sus orígenes populares y la ruptura que estableció con el modo de vestir europeo, facilitando mayor confort por su ligereza y frescura ante el tradicional traje burgués. Es una prenda hermosa que, aunque se elabore industrialmente, presenta una ornamentación poco habitual en la ropa masculina, conseguida en la confección de la pieza no en la tela; lo que de algún modo ilustra la influencia de la tradición artesanal femenina que en Cuba tuvo amplio desarrollo desde siglos coloniales.
Mientras el traje masculino apenas varió entre el XIX y mediados del XX, el femenino sí sufrió adecuaciones, con matices que sugieren una manera de vestir propia dentro de los códigos y modelos internacionales. No quiere decir esto que se creara una prenda femenina propia, pero los especialistas sí han identificado en la mujer un "modo de vestir a la cubana".
La mujer cubana se vistió durante siglos según dictaba la moda francesa, con vestidos ceñidos bajo el busto o en la cintura, con corsé o sin él, con crinolina, polisón, drapeados, y conjuntos de falda y blusa que variaban de modelo cada década. Esta moda cambiante que llegaba a la Isla de manos de modistas y sastres europeos, en las revistas y con las familias que visitaban el Viejo Continente, se reproducían con pericia y fidelidad, pero con ciertos detalles que identificaban gustos locales y adaptaciones al clima.
En primer lugar está el color, que siempre fue predominantemente claro. En las pinturas y fotografías puede comprobarse la preferencia de la mujer cubana por el blanco y en su defecto por los tonos claros. Asimismo, gustaban de telas frescas como muselina, gasa, batista y linón. En el caso de los hombres su adaptación fue el uso recurrente del dril (algodón puro) para los trajes.
La ropa femenina estaba debidamente decorada con detalles de encajes y bordados de gran delicadeza. Comprados o confeccionados en casa, completaban el diseño impuesto por la moda europea, pero con una frescura más adecuada al contexto caribeño. Sobre ello describió una viajera: "El laborioso dibujo sobre la ropa de hilo fino y el bordado de los dibujos en delicados diseños de tela de araña, tan complicados que basta mirarlos para que los ojos le duelan a una, no tenían encanto para nosotras, aunque era la ocupación favorita de las señoras cubanas". Tal excelencia llevó incluso a una señora de Trinidad a obtener medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1867, por un pañuelo bordado.
La belleza y elegancia del traje femenino conseguida en la sutileza de su confección, también fue comentado en el siglo XX por el escritor español Vicente Blasco Ibáñez, al decir que "las mujeres visten con un lujo en apariencia sencillo, para no salirse de las reglas del buen gusto, pero en realidad costosísimo".
Por otra parte, en su vestir cotidiano la mujer cubana renunció a complementos como guantes y sombreros. También solían pronunciar más el escote y acortar las mangas. Llamaban la atención del viajero los brazos desnudos de la mujer cubana y la falta de tocado, a pesar de que iban muy bien peinadas. Tanto en la ciudad como en el campo se describen las flores naturales como adorno constante del cabello.
Todo ello definió un modo de vestir de la mujer cubana frente el modelo europeo. A la par refiere el alto nivel de conocimientos de costura que, por necesidad y tradición, permitieron a la mujer cubana reproducir los complejos modelos internacionales, con una excelente factura y delicados ornamentos. La escritora cubana Renée Méndez Capote lo apuntó así en sus memorias de infancia: "Mi madre nos vestía primorosamente, con ropas cosidas y bordadas a mano, como era tradicional en la costura cubana de la época, en que hasta la mujer más modesta iba vestida con buen gusto y espléndida confección y usaba telas de hilo".
Durante el siglo XX, surgió un mayor número de negocios donde encargar ropa a la medida, y comercios donde comprar diversidad de textiles y prendas elaboradas. También aparecieron publicaciones periódicas nacionales que comentaban sobre la moda y reflexionaban sobre sus necesidades en Cuba. Voces como las de Nicanor Mella Breá, prestigioso sastre con estudio en Obispo 75, y las periodistas Ana María Borrero, Leonor Barraqué y Ángela Velarde, expresaron la necesidad de adaptar la moda extranjera a las condiciones de la sociedad cubana, y ensalzaron la calidad y pertinencia de la manufactura local, la cual apoyaron con la organización de exposiciones.
"No es posible olvidar que nuestro clima requiere suavizar las ideas imperantes en países de grandes fríos, sin dejarnos seducir por las tentaciones de colecciones y figurines. No nos obliga esto a apartarnos de las tendencias del momento, si sabemos manejar estas innovaciones con verdadera delicadeza que pruebe lo positivo de nuestros conocimientos y evidencie la personal elegancia" (Leonor Barraqué, 1932).
"Estamos las cubanas forzadas a fabricar una moda propia por la sencillísima razón que la de París o Nueva York no nos viene tan bien al dedo" (Ana María Borrero, 1937).
Este movimiento no llevó a la creación de una moda cubana, pero desde lo teórico intentó trazar el camino y apoyó el desarrollo de la industria nacional. Con la posterior nacionalización de los talleres y desestructuración paulatina de la producción textil, Cuba quedó en buena medida sujeta a la importación de tejidos y ropas. A lo largo de las últimas décadas ha habido diseñadores e instituciones (Taller Experimental de la Moda y Telarte en los 70, Contex en los 80 y La Maison en los 90), que han intentado poner en valor el arte de la costura. No obstante, la moda en Cuba sigue siendo tarea pendiente.
El panorama actual no sugiere un panorama propicio para su desarrollo, en primer lugar, por la falta de suministros, la obsolescencia de la industria, la ausencia de un mercado mayorista y de condiciones para el desarrollo de negocios privados. A pesar de lo cual algunos batallan por crear una marca nacional. Nombres como Clandestina, Dador, El Encanto, Guajiro, Hysteria Colectiva, Jíbaro, Manufactura Propia, Raiko Valladares, Wasasa, Feng, La Pupa Moda Sostenible, Nawe, Zulu, Capicúa Fashion, BeyondRoots, Tumbao de Telma!, Freskitas, Aracnes, Color café, Textura y BarbarA's, defienden un gesto de resistencia cultural que quiere visibilizar el sector de la moda en Cuba y llegar en algún momento al consumidor local. Algunos son graduados de escuelas de Diseño y otros herederos de una tradición costurera que, a través de sus pequeños negocios, pretende mostrarse viva.
Yo era una niña en la década de los 50, mi madre solía ir lo mismo a El Encanto que a la calle Muralla a comprar telas, tanto para hacerse ropa para ella como para mí, en casa se compraba la revista Vanidades y Romances para copiar los modelos, también alguna Lana Lobell había. Las mujeres en general vestían bien, cualquiera que fuera su estatus social, por las redes anda una foto de la Sra. Tania Quintero siendo una niña acompañada de una señora, y como ella misma comentó en su momento, a pesar de ser de clase humilde se vestían bien.
Hubo una modista llamada Juana Dueña que fue donde mi madre aprendió a coser, ella, la modista, cosía para gente "bien" incluso creo que uno de los últimos trajes para Reina del Carnaval lo confeccionó ella.
Desgraciadamente el buen gusto por el vestir se ha ido perdiendo en muchos sitios. Yo, como mi madre solía hacer, me gusta seguir saliendo arreglada a la calle, lo único que ya no uso tacones porque la salud ya no me lo permite.
En los 50, antes de la escasez de tejidos, confecciones y comercio de la ropa que llegó con el 59, las vidrieras de las grandes tiendas de La Habana exhibieron creaciones de casas de la moda europeas y estadounidenses que las mujeres sin acceso a altos precios, copiaban. La influencia de la moda internacional con diseños en revistas predominantemente para mujeres llegó a muchas. Al igual que catálogos de casas americanas --como Lana Lobell--, creados para la mujer trabajadora y de a pie. Los "modelitos" que se ofrecían se adaptaban al corte de tela comprado en las tiendas, teniendo en cuenta el clima y la época del año. No sé cuán cubana llegó a ser la moda en esa década, pero sí puedo asegurar que las mujeres se vestían bien con independencia de la clase social a la que pertenecieran, aunque las telas se hubieran comprado en Muralla, o se hubieran sacado de un saco de pienso para pollos.
Buenas tardes, Dª Ana, qué gratos recuerdos me ha traído con eso de los catálogos de Lana Lobell, yo era una chiquilla y me pasaba un buen rato mirando los modelitos que traía, siempre pensaba que cuando fuera "grande" usaría esos vestidos, claro que la moda cambió, y pocos me puse así. Pero sigo pensando que la década de los 50 fue una de las más bonitas en cuanto a ropa femenina.
¡Qué tiempos, pim-pam-pum, qué tiempos!
La elegancia, no solo al vestir, sino en términos generales ha decaído mucho en el mundo entero, pero indudablemente las cubanas en general que hoy rondan los 80 años o más fueron muy presumidas y elegantes. Viviendo en Puerto Rico, un compañero de trabajo dominicano me comentó en una ocasión, lo bien vestidas, peinadas y arregladas que eran las cubanas, aún siendo ya bastante mayores, que nunca las verías en bata de casa fuera de su hogar. Yo recuerdo a mi madre, que era muy presumida, arreglarse antes que mi papá llegara del trabajo y como decía ella, hacer como las artistas, cambiándose de ropa si tenía que salir para la calle para ir aunque fuera a la bodega. Hoy creo que a nivel mundial, ya no es así, quizás sea más práctico, pero nunca más elegante.
Yaneli, este tema no es de mis favoritos. Fíjate que no escribí nada en el de las guayaberas, a pesar de que eventualmente me visto así. Sin embargo, como es habitual, uno disfruta y aprende leyéndote. Este foro demuestra simplemente que estás “por encima del nivel”. Esa frase de los VanVan tal vez la entiendan los analfabetos que escriben sus “comentarios”. Saludos.
Este artículo --ni ningún otro-- merece las groserías que se publican aquí como comentarios.
Yaneli Leal se toma el trabajo de leer e indagar en libros y artículos informados para poder escribir estos artículos. Eso requiere tiempo, dedicación y también una formación cultural capaz de aprehender lo investigado. Es un trabajo intelectual que el lector recibe como informaciones e ideas muchas veces nuevas. Se aprende con esto cada domingo, y en varias ocasiones otros comentaristas y yo lo hemos agradecido. A veces hemos discrepado y otras veces se han aportado informaciones válidas, siempre con el respeto que su trabajo merece. La falta de respeto, las groserías, la mala educación en un debate no debían permitirse.
Querida, el artículo es genial, nadie lo esta criticando nidiciendo que son falsas las informaciones, lo que pasa es que inevitablemente el articulo te transporta a lo que se esta viviendo de degradación en Cuba, y la mejor manera de describirlo es con las palabras tal y como son, de lo contrario otras personas no entenderían, porque el lenguaje que utilizan la mayoría de los cubanos hoy en día es muy degradado. Cuando hay que ser fina se es fina, cuando una se tiene que tirar pa la calle del medio para expresarse se tira y no pasa nada. Además, lo que complemente el artículo son los comentarios, a veces hasta prefiero los comentarios que los artículos.
Hablando de investigación profunda sobre el tema, el inserto que se ponen debajo de la licra se llana "Crossdresser Fake Vagina Pad Hiding Panty Insert Pads Transgender Fake Pad"
Inicialmente los vendian para trans masculinos, para ocultar el bulto y que pareciera una vagina.
Alguien empezó a comprarlos por cantidades en AliExpress y enviarlos por Cubamax se han popularizado en Cuba entre las mujeres.
Hasta Amazon los vende:
https://www.amazon.com/Sili…
Qué horror. En fin una muestra más de la degradación absoluta de ese ex-país: de las muselinas y gasas a grotescos camel toes de silicona bajo licras fosforescentes.
La grosería no está en los comentarios, está en la calle.
Tiene validez la investigación periodística de quien escribe el artículo, no lo cuestionamos.
Los comentarios es otra cosa, es nosotros reportando lo que vemos, eso también tiene valor.
Y mira, que aunque no quisieramos mirar, siempre se ve lo que contamos. Hasta venden unas prendas con una raja en el medio que se pone por debajo de la licra.
Ve a revolico y búscala, y si te convences reporta aqui en los comentarios como hacemos nosotros.
Eso es periodismo completo, la parte intelectual arriba, a la cubana de nuestros tiempos aqui abajo en los comentarios.
¿Y se visten las mujeres cubanas? es que no puede llamarse "vestirse" a ponerse una lacra vencida toda desgastada que hasta sobresalen los pendejos del bollo, y un baja y chupa incapaz de sostener unas tetas caídas.
Ahora se visten con unas licras apretadas que se les parte el bollo.
totalmente de acuerdo contigo