Hace pocos días, alrededor de 150 simpatizantes del régimen de Cuba en Ciudad de México se manifestaron en contra de la retirada de un parque de esa urbe de dos estatuas de Fidel Castro y Che Guevara. A gritos de "Este parque es de Fidel, este parque es del 'Che'" y "Hasta la victoria siempre", y propinando empujones y tratando de acallar a un contra manifestante cubano, el suceso tuvo algo de surreal.
Digo lo anterior porque no eran personas de la Isla quienes defendían las efigies de dos de los símbolos más frecuentes a nivel global para explicar la revolución cubana, sino sobre todo mexicanos. El diario El Universal precisó que los presentes eran miembros de las organizaciones procastristas Asociación de Cubanos Residentes en México y Movimiento de Solidaridad con Cuba, y del Partido Comunista Mexicano.
Asimismo, los lemas coreados, la exaltación general, el matonismo contra cualquiera que se atreviera a defender una posición contraria a la suya parecía calcado de esas performances públicas del "pueblo embravecido" tan caras al castrismo, tan familiares a los cubanos de la Isla.
Este acontecimiento pudo servir por sí solo como prólogo del volumen Utopía envenenada. Difusión, disputa y desmontaje del sharp power del Estado cubano (Ediciones 4Métrica, Ciudad de México, 2025), coordinado por Rafael Uzcátegui, Armando Chaguaceda y Sergio Ángel, y que reúne a diez académicos e investigadores de diversas nacionalidades para desmontar críticamente el mito que sostiene esos rituales tan vinculados a una tradición que a los cubanos nos resulta poco menos que abyecta.
Sobre los propósitos que sostienen el libro, Chaguaceda, licenciado en Historia y Máster en Ciencia Política por la Universidad de la Habana y doctor en Historia y Estudios Regionales por la Universidad Veracruzana, de México, aceptó hablar con DIARIO DE CUBA.
"Los mitos siempre acompañarán a la humanidad. El mantenimiento de los mitos políticos es uno de los temas más estudiados en la ciencia social, porque detrás de los mitos hay imaginarios colectivos, elementos atávicos del pensamiento de las comunidades humanas, pulsiones a favor de determinada utopía que termina no siéndolo, etcétera", explica.
"En este caso se habla de mitos políticos, instrumentalizados, reforzados, creados en algunos casos, incluso, como los mitos de la salud, la educación, etcétera, y repetidos una y mil veces por un aparato de propaganda muy eficaz, extendido en el tiempo por casi siete décadas, y en el espacio, a escala global", precisa, en referencia al eje de reflexión que explica la existencia del libro.
Chaguaceda enfatiza que hay un abismo entre cómo los cubanos de hoy y personas de otras geografías consideran el asunto, y a ello apunta en buena medida el enfoque de Utopía envenenada...
"Ahora nos parece que ese mito pierde eficacia, sobre todo dentro de Cuba, en la población cubana, donde se ha producido un quiebre psicosocial, donde ya la gente, ante la evidencia de pobreza, represión, distancia entre el discurso y la realidad, ve que esa ideología no le dice nada, incluso la repudia, más allá de que no se pueda rebelar contra ella todo el tiempo y abiertamente. Pero los mitos, insisto, son parte consustancial de la humanidad, y los mitos políticos son parte consustancial de lo que los estados crean, sobre todo los estados totalitarios, para reforzar su hegemonía, su control".
"Entonces, ¿qué justifica la pertinencia de la cuestión, su permanencia? Primero, aprovechar, por ejemplo, ideas como que 'en la izquierda está la justicia social', de que 'el capitalismo es malo porque genera desigualdad y pobreza', de que es posible crear hombres nuevos que cambien la naturaleza humana y crear una sociedad distinta. También la idea del antimperialismo, entendido como el imperialismo norteamericano, que es la causa de todos los males de América Latina... Si te fijas bien, todos estos elementos eran antes asumidos por una buena parte de la población cubana; hoy no lo son y, sin embargo, siguen teniendo resonancia fuera de Cuba por dos razones".
"Primero, en algunos sectores desfavorecidos de los países latinoamericanos, por problemas reales de funcionamiento de la economía capitalista, de la sociedad capitalista, de las democracias capitalistas. Y en sectores intelectuales, a los que no podemos justificar porque ni son, digamos, los que más sufren los problemas entendibles de la economía de mercado de la democracia, pero también porque tienen la suficiente cultura, educación, experiencia para ser más críticos de ello, pues en esos sectores opera un elemento que es el sesgo ideológico que siempre ha tenido la academia y la intelectualidad hacia la izquierda".
Chaguaceda señala que en ese sesgo inciden ideas diversas, como por ejemplo, que "esta vanguardia cultural e intelectual puede cambiar la política a través de políticas de izquierda radical; la idea de la redistribución justiciera en manos de un Estado, aunque ese Estado después termina aniquilado y no pueda producir riqueza material; la idea del antimperialismo obsesivo, que es básicamente antiamericanismo, etcétera".
"Lo que otorga sentido a esta discusión es que en el lugar de origen del mito político que es la revolución cubana, este hace aguas por todas partes porque la población cubana, como ha demostrado con la creciente desafección y protesta, ve que el discurso político va por un lado y la realidad por otra. Pero, paradójicamente, en América Latina y también en EEUU y Europa, sigue teniendo resonancia en sectores intelectuales, movimientos sociales y en determinados sectores de la población. Se aprovechan de elementos objetivos de déficit de las economías y sistemas políticos propios y de los países desarrollados para difundir esta propaganda. Esta aparente contradicción hace necesarios desmontajes como este".
Pero, ¿cómo se destruye de raíz una idea que, como se explicó antes, está sustentada en percepciones, deseos, atavismos e, incluso, en ceguera selectiva?
"Demoler una idea no se puede confiar a la censura o la negación de ella. Esto se produce cuando la realidad misma la niega. Es lo que ha pasado dentro de Cuba. La ideología oficial es absolutamente impopular, la gente repite los rituales que tiene que repetir de manera pública, pero nadie cree en ella, ni los funcionarios ni la población. Cada vez hay más muestras de rebeldía contra la ideología y el sistema que la crea. Si bien en Cuba hay un descrédito y en el mundo todavía es eficaz esa idea, contrarrestarla demanda exponer la verdad".
"Primero, a nivel conceptual, señalando que esa ideología en su promesa de igualdad, de justicia social, de empoderamiento de sectores populares, es fallida. Esa idea de gobierno popular, 'de los humildes y por los humildes', de solidaridad, es una promesa hueca, porque sabemos lo que es, por ejemplo, la solidaridad administrada por el Estado, que en vez de ayudar a otros pueblos con el aporte voluntario lo que hace es exportar capital humano; sabemos que el gobierno del Poder Popular no es más que el gobierno de una casta burocrática antipopular; sabemos que la justicia social no puede existir cuando no hay médicos, medicinas, material en las escuelas".
"Eso dentro de Cuba se sabe, pero hay que explicarlo fuera. Hay que explicarlo con datos, con evidencias, con testimonios de las personas que viven y padecen ese modelo cada día; de países como Venezuela, donde ese modelo ha sido importado, y ha ayudado a destruir sociedades más complejas, ricas y autónomas. Hay que discutir la propaganda con ideas. Desmontar la propaganda exhibiendo la contradicción, la distancia entre la propaganda y la realidad misma, y hacerlo desde todos los ismos posibles, incluyendo los de la izquierda. Porque las promesas de esa izquierda pueden ser contrapuestas a las realidades del régimen posrevolucionario, castrista".
"El mito se desmonta con una labor paciente, sofisticada, sistemática, de explicación, deconstrucción, crítica, de las promesas, de los conceptos, ideas, de esa propaganda. Exponer, ante los dogmas, hechos, y ante las mentiras, evidencias. Y hacerlo tanto con la realidad cubana como con un siglo de experiencia totalitaria de izquierda, que deja un legado de muerte, ineficacia económica, desigualdad, igual o peor que en las sociedades más injustas del capitalismo", subraya.
Volviendo a la manifestación procastrista en Ciudad de México que mencioné al inicio, ¿de dónde salen esos apoyos histéricos, esa reafirmación de algo que no existe? Chaguaceda señala que aquí hay una paradoja: "Si bien el mito político allí donde es originario está en crisis, cada vez más distante de las realidades que pretende describir, analizar o cambiar, el régimen está recogiendo los frutos de una red de propaganda, de influencia, extendida durante el tiempo y el espacio (el Sur Global y espacios de la academia y la política del norte desarrollado)".
"Aún así, en esos espacios ha perdido resonancia, porque es posible mantener con cierta eficacia la propaganda aprovechando las redes de la llamada solidaridad, los grupos organizados por las embajadas, los gobiernos cómplices, lo que se ha conceptualizado como cooperación autocrática, que no es más que la cooperación entre regímenes autoritarios como el cubano, con aliados que pueden incluso vivir dentro de democracias. Por ejemplo, los líderes populistas de América Latina que quieren tomar el poder y en ese proceso usan el control policial, la propaganda, las misiones médicas, para afianzarse".
"Pese a ello, hay cada vez más personas que cuestionan las falacias del modelo. Por muy sofisticada que sea una mentira convertida en propaganda de Estado y en mito político, por muy extensa que sea su red de difusores, por más que pueda aprovechar las contradicciones reales del capitalismo, la crisis del modelo cubano es brutal, multidimensional. Así que cuando la gente sabe que en su país hay un emigrado que tiene que mandar aspirinas a su familia, cuando vemos reproducirse prácticas de Cuba en otros países y estas afectan sus libertades, cuando todo eso pasa, el mito político es cuestionado".
Utopía envenenada. Difusión, disputa y desmontaje del sharp power del Estado cubano puede descargarse gratuitamente aquí.
“en la población cubana, donde se ha producido un quiebre psicosocial”
es posible indicar que viene una ruptura permanente entre los ciudadanos y la autoridad. Porque conducir a Cuba con poca electricidad por un tiempo prolongado afecta el orden básico de la sociedad.