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Política

El rastro del discurso de la oposición cubana en los corpus de entrenamiento de la IA (III)

¿Qué presencia tienen las figuras de la oposición al castrismo que escribieron libros, dieron entrevistas, aparecieron en documentales y otros materiales?

Madrid
Los opositores Martha Beatriz Roque, Carlos Alberto Montaner y Huber Matos, y los oficialistas Armando Hart, Juan Marinello y Blas Roca.
Los opositores Martha Beatriz Roque, Carlos Alberto Montaner y Huber Matos, y los oficialistas Armando Hart, Juan Marinello y Blas Roca. Diario de Cuba

En artículos anteriores determinamos que esta serie de análisis mide cómo se han comportado y posicionado los discursos del régimen cubano y de la oposición en los modelos públicos de entrenamiento de IA. Para ello, empleamos como herramienta de búsqueda el servicio creado por Alex Reisner para The Atlantic en septiembre de 2023. Este recurso realiza búsquedas en diversas bases de datos, entre ellas Books3, con 183.000 libros; LibGen; SciMag, con 18 millones de artículos; transcripciones de 15 millones de vídeos de YouTube; guiones de Hollywood, y conjuntos de datos musicales como LAION y Sleeping-DISCO-9M.

En esta ocasión, mediremos la presencia de las principales figuras opositoras de corte político. Al igual que en los artículos anteriores, se confeccionó un listado que abarca desde 1959 hasta inicios de los 2000. El rango de fecha está determinado porque, a partir de fines de la década de los 2000, la presencia del discurso opositor se multiplicó exponencialmente, gracias a la entrada de las herramientas digitales.

El primer hallazgo es que ninguna de las figuras iniciales con algún tipo de vínculo con los sistemas de inteligencia norteamericano aparece en los registros públicos, pese a que la mayoría escribió libros, brindó entrevistas, apareció en documentales etc. Los registros devuelven cero entradas para los casos de Luis Posada Carriles, Tony Varona, Orlando Bosch, Manuel Artime, Eloy Gutiérrez Menoyo, Manuel Ray, Rolando Cubela. Tampoco arrojan resultados para los antiguos militares batistianos como Martín Pérez o Esteban Ventura Novo.

Lo anterior significa que, en la competencia por el posicionamiento del relato en los modelos públicos, los testimonios, las versiones, y los criterios de una parte importante de la oposición inicial cubana están ausentes.

Este hecho puede tener varias interpretaciones. En primer lugar, no hay manera de saber si existió alguna indicación de los servicios estadounidenses para limitar el acceso de los modelos o —sin ponernos en modo conspiración— resulta más objetivo decir que las figuras que sí aparecen registran su primera entrada a mediados de la década de 1970, mientras que en ningún caso figuran las principales editoriales de Miami, como Ediciones Universal, AIP, El Sitio, entre otras.

En este caso hay un comportamiento similar a lo analizado en la primera entrega: el discurso interno de Miami —al igual que el de La Habana, a través de sus editoriales Ciencias Sociales, Arte y Literatura, etc— no llegó a los modelos de IA. ¿Entonces cuáles llegaron? ¿Qué tienen en común?

Los autores presentes son ocho, abarcan un periodo de tiempo extenso, y salvo el caso de Carlos Alberto Montaner, ninguno cuenta con más de dos obras y cuatro entradas. Ellos son: Hubert Matos, Armando Valladares, Osvaldo Payá, Marta Beatriz Roque, Antonio Veciana, Gustavo Arcos Bergnes e Indamiro Restano.

Sin abordar aún a Montaner, podemos decir que casi todos tienen en común que los circuitos editoriales de la academia norteamericana, presentes en las bases públicas analizadas, los ignoraron. Las excepciones son Gustavo Arcos y Osvaldo Payá, a quienes John Hopkins les publicó dos ensayos. Si el lector regresa a las entregas anteriores de la serie podrá comprobar que el desbalance es notable.

La casi totalidad de ellos comparten la característica de que los textos fueron publicados en inglés. Esta regla se cumple también en el caso de Marta Beatriz Roque, a quien la editora independiente norteamericana SAGE le publicó dos obras. Es decir, el discurso del régimen de La Habana se posicionó en los circuitos norteamericanos y sus subsidiarias en varios idiomas, pero el de la oposición solo en inglés.

No obstante, la excepción al tema idiomático revela que —además de Montaner— los autores publicados en español, que fueron Hubert y Valladares, lo hicieron a través de editoriales españolas como Tusquets, Plaza & Janes y la filial ibérica de Penguin Random House. En el caso de Valladares, su obra Contra toda esperanza fue además traducida al portugués, lo cual cierra el alcance multilingüe de la oposición.

Durante años, el castrismo ha sostenido que necesitaba defenderse del discurso de "los gusanos", que contaminaba y distorsionaba la realidad cubana. Al menos en las bases públicas que sirvieron de entrenamiento a los modelos de IA, eran los opositores quienes necesitaban defender su mensaje.

Es necesario recordar que el panorama descrito no mide aspectos subjetivos como la justeza ni el reconocimiento, sino solo la presencia y sus enseñanzas; esta última confirma en este caso que, si deseamos que el mensaje sea escuchado, hay que escribirlo en inglés.

Lo anterior se confirma con Carlos Alberto Montaner, el autor de más amplia presencia, cuyas obras abarcan editoriales españolas, inglesas, alemanas y norteamericanas, así como bases de datos como JSTOR. Sus entradas muestran, además, un balance entre el español y el inglés.

El análisis de los registros, pese a lo que pueda parecer, no es desesperanzador si tenemos en cuenta que la comparación se realiza entre un Gobierno totalitario —que centralizó el discurso que le interesaba emitir y actuó luego en consecuencia, contando para ello con todos los recursos de una nación—, y sujetos dispersos que escribían mientras trataban de enfrentar los mil y un avatares que la cárcel, la emigración o la represión encierran.

La presencia no es baja, lo que falta en los corpus es un discurso que, en gran medida, no llegó a escribirse porque quienes debían escribirlo estaban presos, exiliados o muertos.

Un análisis cualitativo encuentra que, si se retiran de la ecuación los íconos fabricados por la izquierda mundial como Guevara y Castro, el discurso de La Habana que ha llegado a los modelos públicos de IA se resume —tal como vimos en el primer artículo sobre este tema— en lo siguiente: "Hart es quien reúne más entradas, con cuatro, distribuidas en un libro y tres artículos. Le sigue Marinello, con dos artículos, mientras que Fabio Grobart y Blas Roca registran un libro cada uno". Visto de esta manera, una conclusión que ya analizamos se vuelve a hacer visible: el aparato editorial de la izquierda occidental, la academia norteamericana y la cultura pop de las décadas 1960 y 2000 son quienes sirvieron de vehículo para amplificar el mensaje del régimen.

Sin embargo, más allá de los idiomas de escritura, los datos comparados muestran que lo que más ha pesado a la hora de posicionar el relato en las bases públicas de entrenamiento de IA es escribir dentro de un circuito. Los ocho autores presentes entraron por dos vías: la academia angloamericana —Johns Hopkins, SAGE, JSTOR— o el comercio editorial español —Tusquets, Plaza & Janés, Penguin Random House—. Ediciones Universal, AIP, El Sitio no aparecen ni una vez, igual que tampoco aparecen las editoriales Ciencias Sociales o Arte y Literatura. Cuatro décadas de imprenta cubana a ambos lados del Estrecho de Florida arrojan ausencia en los corpus muestreados.

Un Estado dedicó a su relato imprentas, embajadas, redes clientelares, traductores y tiempo; del otro lado, hubo hombres escribiendo en celdas, viviendas de alquiler y casas prestadas. Que algunos de ellos, pese a todo, hayan logrado posicionar su mensaje en los archivos públicos que hoy alimentan a las inteligencias artificiales es un gran resultado.

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