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Salud

¿Tu colesterol está alto aunque comas sano y hagas ejercicio?

La genética puede explicarlo y es importante saberlo a tiempo.

Madrid
Ilustración.
Ilustración. Infobae

Durante años se ha insistido en que el colesterol alto es consecuencia directa de una dieta rica en grasas saturadas y azúcares, además del sedentarismo. Y aunque estos factores influyen, no explican todos los casos. Existen personas que, sin consumir alimentos ultra procesados ni tener sobrepeso, muestran niveles elevados de colesterol LDL (el llamado "colesterol malo"). ¿Por qué ocurre esto? La ciencia moderna ha demostrado que la genética juega un papel determinante en cómo tu cuerpo metaboliza las grasas.

Gracias a los avances en genómica, hoy sabemos que ciertas variantes genéticas afectan directamente la forma en que el hígado sintetiza, transporta y elimina el colesterol. Algunas de estas variantes genéticas pueden provocar producción excesiva de colesterol LDL, disminución en la capacidad del cuerpo para eliminarlo, alteraciones en los receptores celulares encargados de absorberlo, y aumento del colesterol total incluso con una dieta baja en grasa. Este fenómeno se conoce como hipercolesterolemia familiar o poligénica, y afecta a millones de personas que desconocen que nacieron con una predisposición silenciosa.

¿Por qué es importante saberlo a tiempo?

Porque el colesterol elevado sin control aumenta el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares, arteriosclerosis y enfermedad cardiovascular prematura, incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas. La buena noticia es que saberlo con anticipación te permite actuar antes de que sea tarde.


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¿Qué puedes hacer si tienes predisposición genética al colesterol alto?

1. Personalizar la alimentación acorde con la genética de cada individuo es clave para comprender las alteraciones en la metabolización de grasas, por lo que las recomendaciones generales no serán suficientes. Necesitas una estrategia nutricional que limite grasas trans y saturadas, pero que identifique qué tipos de grasas saludables puedes consumir (por ejemplo, algunas personas metabolizan mal incluso los aceites vegetales); favorezca alimentos funcionales que modulan la expresión genética, como esteroles vegetales, fibra soluble y compuestos bioactivos; y se adapte a tu microbiota intestinal, que también influye en el metabolismo lipídico.

2. Adaptar el entrenamiento al ejercicio aeróbico y de fuerza puede mejorar el perfil lipídico, pero la respuesta al ejercicio también es genética. Algunas variantes determinan si respondes mejor a entrenamientos de alta intensidad o a actividad continua de baja carga. Un plan de ejercicio basado en tu genotipo puede aumentar tu colesterol HDL ("bueno") y reducir el LDL oxidado, que es el más peligroso.

3. Controlar la inflamación crónica mediante la identificación y modulación de variantes genéticas asociadas con la inflamación de bajo grado y la resistencia a la insulina, es el enfoque genómico que permite establecer intervenciones epigenéticas, uso de micronutrientes y hábitos que calmen el sistema inmune y reduzcan la producción de colesterol por el hígado.

4. Optimizar la salud hepática y hormonal es la clave para regular los niveles de colesterol, pero también está influenciado por el sistema hormonal, especialmente en mujeres posmenopáusicas o personas con disfunción tiroidea. Ciertas variantes genéticas afectan la respuesta del hígado al cortisol, estrógenos y tiroides, lo que puede explicar por qué sube el colesterol en algunos contextos, incluso sin cambios en la dieta.

Aún estás a tiempo

Si tienes antecedentes familiares de colesterol alto, infartos o enfermedad cardiovascular temprana, hazte un análisis genómico lo antes posible. No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con información y tomar decisiones inteligentes.

Con pruebas como el You Tomorrow Test, puedes saber si tu cuerpo está predispuesto a producir más colesterol de lo normal, y qué hacer exactamente para evitar que esa herencia se convierta en enfermedad.

Conclusión

El colesterol alto no siempre es culpa de lo que comes, sino de cómo tu cuerpo procesa lo que comes. Si tu genética te predispone, solo un enfoque verdaderamente personalizado puede ayudarte a prevenir lo peor.

La genética no es tu destino, pero es una guía poderosa si aprendes a usarla a tu favor.


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