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Seguridad Alimentaria

'La acera de enfrente': clases sociales y alimentación en la Cuba actual

Un proyecto de 'Food Monitor Program' retrata las cocinas cubanas y saca conclusiones.

Bogotá
Cocinas cubanas.
Cocinas cubanas. Food Monitor Program

Las calles de La Habana son el reflejo de lo que ha sido la política revolucionaria por más de 60 años. Palacetes remodelados en donde residen embajadores, extranjeros o funcionarios privilegiados, junto a edificios derruidos, casas que se caen a pedazos y ruinas de lo que alguna vez fue un espacio habitable, en donde ahora residen ciudadanos de a pie.

El corto de Ricardo Figueredo "Rojo, amarillo y verde" (2020) retrata esta realidad en tres momentos: en rojo se presenta la historia de un padre que habla acerca de la muerte de su hija como resultado del derrumbe de un balcón en Centro Habana; en amarillo, se presenta la historia de una mujer mayor a la que se le prometió ser reubicada y que años después sigue viviendo en un edificio en ruinas; y en verde la creciente industria hotelera que construye edificios por toda la Isla y brinda un paraíso solo accesible a los turistas.

El proyecto "La acera de enfrente" refleja esta paradoja de la cercanía, mediante la confrontación de las diferencias. Se trata de una iniciativa de Food Monitor Program que retrata las desigualdades de clase persistentes en la Cuba actual desde el entorno alimentario familiar, a través de un recorrido fotográfico por las diferentes provincias de la Isla. La preparación de los alimentos, los espacios en los que se comparten los platos, las comidas especiales, las reservas de agua potable, los objetos y electrodomésticos que se usan para la preparación de los alimentos y los implementos de aseo reflejan las diferencias existentes en un experimento social que pretendió eliminar la explotación del hombre por el hombre y terminó con el Estado explotando a la sociedad.

"La acera de enfrente" muestra dos realidades enfrentadas, la de aquellos que viven con comodidad, y la de otros que están al acecho cada día. Una realidad que se encuentra enfrente y que por tanto no es necesario buscar, sino que todos pueden verla ante sus ojos; una realidad que divide a los que tienen acceso a divisas y remesas, de aquellos que viven de su salario o su jubilación, y solo tienen acceso al peso cubano.

La infraestructura es el reflejo de una sociedad que vive en un entorno de carencias y que retrata la persistencia de una sociedad de clases. El socialismo que trajo la Revolución de 1959, con sus promesas de redención de los más pobres, instaló un nuevo capitalismo de Estado, en el que los funcionarios de alto rango son los privilegiados. Una casta que, en lugar de eliminar las clases, terminó por ampliar las brechas y profundizar las desigualdades, dejando como única alternativa de sobrevivencia la migración o la dependencia de las remesas.

Aquellas palabras de Fidel Castro en la Universidad Carolinum de Praga con motivo del Doctorado Honoris Causa que se le otorgaría el 22 de junio de 1972, parecen contradecir lo que hoy se vive en la Isla. El entonces primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y primer ministro del Gobierno Revolucionario sostenía que "la actual generación tiene el privilegio de vivir en una época en que por primera vez el hombre lucha por suprimir definitivamente la sociedad de clases, por hacer desaparecer definitivamente los sistemas políticos de explotación del hombre por el hombre".

Una sociedad de clases que, parafraseando al historiador Rafael Rojas, entre 1954 y 1958 había invertido 92 millones de dólares anuales en la construcción de viviendas, tenía seis millones de cabezas de ganado, un consumo promedio de 2.370 calorías diarias, un automóvil por cada 40 habitantes, un teléfono por cada 38, una radio por cada seis y un televisor por cada 25. Una sociedad con un Producto Interno Bruto de 2.360 millones de dólares y un PIB per cápita de 356 dólares.

Una sociedad que con un poco más de seis millones de habitantes, tenía 58 periódicos, 126 revistas, 160 estaciones de radio y 600 cines (más que en Nueva York) según anota el escritor Amir Valle, y que decidió empeñar su futuro para buscar un cambio. Un salto al vacío que se traduciría en malnutrición, destrucción del aparato productivo, rezago tecnológico y eliminación de todas las libertades, sin hablar de la separación de familias y la migración masiva de ciudadanos hacia otros países.

Hoy, en una acera se encuentran aquellos que pueden acceder a las tiendas en MLC, pueden comprar en las tiendas virtuales o acceder al mercado negro gracias a su acceso a divisas, mientras en la otra acera se hallan quienes subsisten gracias a los productos que proporciona la libreta de racionamiento, asistiendo a los agromercados, haciendo cola por el pan y visitando las carnicerías para reclamar la magra cuota del mes. Las clases de antes se diferenciaban por el acceso a bienes y por los privilegios a los que podían acceder, las clases de hoy se diferencian por el acceso y consumo de los alimentos.


Sergio Angel es cofundador de Food Monitor Program.

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1 comentario

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Profile picture for user EL BOBO DE LA YUCA

Pues, por lo que muestra el sitio (https://www.foodmonitorprog…) Cuba está de maravillas!

Las fotos de las familias más pobres (menos de 4250 CUP/mes, en https://www.foodmonitorprog…) presentan un entorno "digno", incluyendo refrigeradores con algo más que agua... y hasta microondas.

No sé si esas familias, para evitarse problemas, hicieron lo que las escuelas cubanas cuando recibían una inspección anunciada, pero me imagino que media Cuba debe estar envidiando a las familias García, Gutierrez y González que aquí se presentan como las más pobres.