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Opinión

El estilo es el régimen

'Cada vez que apelamos a descalificaciones e insultos groseros en nuestro debate político estamos aplaudiendo a Fidel Castro.'

Madrid
Bruno Rodríguez y la delegación de Cuba en la ONU.
Bruno Rodríguez y la delegación de Cuba en la ONU. DDC

El grosero comportamiento de la delegación de Cuba en una reciente sesión de la Asamblea General de la ONU y la agresión de que fue objeto un funcionario de Estados Unidos por parte del primer secretario de la Misión de Cuba ante el organismo internacional, que dio lugar a su inmediata expulsión del territorio norteamericano, sirven para resaltar —para vergüenza de todos los cubanos— el vulgar matonismo de la gentuza que manda en nuestro país desde hace casi 68 años.

Hay que insistir que este comportamiento es —y ha sido desde el principio— consubstancial a la gestión castrista, con el consiguiente desconcierto que suele provocar en las esferas diplomáticas donde los más enérgicos pronunciamientos se suelen ventilar en una atmósfera de moderación y de buen gusto. Desde el principio, el régimen cubano se ha destacado por su estridencia y sus acciones de chusma con que ha querido, una y otra vez, dinamitar las denuncias en su contra. (Hay que recordar cuando Raúl Roa se acercó al podio de la Asamblea General con manifiesto ánimo de agredir al representante de Chile, que entonces gobernaba el general Augusto Pinochet).

Parodiando a Buffon —cuando afirmaba en su discurso de ingreso a la Academia Francesa, que "el estilo es el hombre"—, aquí podría decirse que "el estilo es el régimen". No se trata de un accidente ni de un exabrupto de los representantes de un Gobierno que reaccionan ante el acoso de implacables acusadores, sino de genuina naturaleza. La revolución cubana significó desde el primer día de su asalto al poder el menosprecio de todas las fórmulas de convivencia civilizada a favor de la más grosera expresión canallesca. Lo peor de esa revolución no ha sido la represión (lo cual ya es un delito grave) sino la calculada exaltación de los ademanes de una mafia crapulosa que ha ido deliberadamente degradando a nuestra nación hasta llevarla a límites irreconocibles.

Basta repasar la lista de quienes fueron el rostro de Cuba hacia el exterior en todo el tiempo que duró nuestra república democrática —Orestes Ferrara, Cosme de la Torriente, José M. Cortina, Juan J. Remos, Jorge Mañach entre otros destacados hombres públicos— y compararlos con la caterva de impresentables que han representado al castrismo (con la honrosa excepción de Roberto Agramonte que apenas duró seis meses en el cargo) para darnos cuenta del descenso bochornoso de la sociedad cubana. En la Cuba que fue, Roberto Robaina, Felipe Pérez Roque y Bruno Rodríguez Parrilla —para mencionar los más recientes ministros de Exteriores del castrismo— ni siquiera podrían haber aspirado a ser mensajeros de ese ministerio, cuanto más sus titulares. No hay prueba más fehaciente del envilecimiento de nuestro pueblo.

Lo más triste es que sobran anticastristas —que opinan en este y otros foros— que apelan al mismo lenguaje, vulgar y degradado, para denunciar la tiranía; sin darse cuenta de que ese discurso rastrero es la prueba más obvia del triunfo del castrismo. Cada vez que apelamos a descalificaciones e insultos groseros en nuestro debate político estamos aplaudiendo a Fidel Castro. Cada vez que sustituimos un argumento racional con una palabrota ayudamos a consolidar el "orden" espurio que suplantó las instituciones democráticas de nuestro querido país.

Si queremos de veras rescatar la sociedad que el castrismo nos arrebató, es menester reconstruir nuestro discurso sin hacer la menor concesión a la vulgaridad que ese régimen impuso desde sus tribunas. Si anhelamos que la nación que amamos se levante debemos volver a la civilidad que instiló en los fundamentos de nuestra república José Martí, quien sigue siendo el primero de los cubanos y el más notable hermeneuta de nuestra realidad.

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6 comentarios

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Profile picture for user Plutarco Cuero

Pues yo como dicen en la Inglesa Católica, "por mi culpa, por mi gran culpa" ... me cago en Fidel Castro y todos sus descendientes genéticos ... Ahora Echerri dándose de fino y educado ... que no nos obligue a repasar su estancia en Labana ... que el que tiene techo de vidrio, no debe tirar piedras ...

Profile picture for user Weston

Echerri tiene razón. La grosería es propia de los cubanos comunistas, pero lamentablemente también de los supergusanos.

Profile picture for user Mascara Negra

Por eso tu avatar aqui en este foro tiene... "una grosería [...] propia de los cubanos comunistas"..TAL PARA CUAL.

Profile picture for user Plutarco Cuero

Mascara: ¿tú no dices malas palabras, nunca has sido grosero?

Lo que yo no puedo comprender es cómo no se expulsó de Estados Unidos a la llamada “delegación” de la dictadura, una caterva de chusmas chancleteras, breteras de solar que no tienen cabida ni en los más zarrapastrosos solares.

Profile picture for user Balsero

No podría explicarse al régimen cubano sin mencionar la personalidad sicópata de Castro I.