El tablero político en Venezuela sigue en proceso de redefinición, según analistas. Después de estar tras bambalinas en ocasiones de diálogos anteriores, a partir del 1 de agosto se abrirá una negociación política en Venezuela entre factores de oposición y el chavismo que tendrá a EEUU acompañando de cerca el proceso, pero con la notable ausencia —por ahora— de María Corina Machado o sus representantes en la mesa.
Ricardo Sucre, un conocido observador político y crítico de Machado en diversas ocasiones, adelantó a DIARIO DE CUBA de que aún hay tiempo para representantes de la Premio Nobel de la Paz estén en el proceso que arranca el 1 de agosto. Este jueves el secretario de Estado Marco Rubio precisó que Machado, como todos los actores de oposición debería estar representada en la Mesa. Sin embargo, Sucre matiza y según su lectura todo apunta a que la líder opositora no tendrá un rol protagónico en este proceso.
Siete meses después de la caída de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 —tras una operación militar estadounidense que lo capturó y lo trasladó a EEUU—, Venezuela transita por un escenario político fluido pero frágil.
En un contexto de reconstrucción tras el doble terremoto del 24 de junio que dejó miles de muertos y daños masivos en infraestructura, Washington ha dado un respaldo explícito a un proceso de diálogo que comenzará el 1 de agosto de 2026 entre la Asamblea Nacional electa en 2015 (representada por la exdiputada exiliada Dinorah Figuera) y la actual Asamblea Nacional controlada por el chavismo, presidida por Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta interina Delcy Rodríguez.
El secretario de Estado Marco Rubio calificó el acuerdo como "muy buenas noticias" y anunció que EEUU "estará muy involucrado" en su seguimiento. Paralelamente, el dirigente opositor Henrique Capriles lanzó una advertencia contundente: cualquier negociación que excluya a María Corina Machado y lo que ella representa "estará condenada a fracasar".
Machado es la principal figura de la oposición y quien, según encuestas de Atlas Intel, ganaría de forma clara unas elecciones presidenciales si se celebraran de inmediato. Tras no mencionarla inicialmente, Rubio precisó que Machado debe estar presente al igual que "otros actores".
El 20 de julio, el propio secretario de Estado, Marco Rubio informó en una rueda de prensa en la Base Aérea Andrews que un grupo que representa a la Asamblea Nacional de 2015 —la última elegida democráticamente y reconocida por Washington como institución legítima— se reunió con el Gobierno interino y pactó "establecer un formato y un foro no solo para conversaciones de reconciliación, sino también para comenzar el proceso de transición, que es lo que necesita el pueblo de Venezuela".
Rubio enfatizó que el acuerdo fue recibido en Venezuela como "una excelente noticia" y que EEUU permanecerá "muy involucrado".
Este respaldo se produce en paralelo a la asistencia humanitaria estadounidense por los terremotos, que ya supera los 180 millones de dólares y seguirá aumentando. Washington también trabaja para facilitar el acceso de Venezuela a financiamiento y créditos internacionales mientras se elabora la estimación total de los costos de reconstrucción.
Dinorah Figuera, quien regresó a Caracas hace aproximadamente un mes tras ocho años de exilio, agradeció públicamente el apoyo de Rubio y anunció que la Asamblea de 2015 convocará a "todos los sectores democráticos" para elaborar una hoja de ruta orientada a la reinstitucionalización y a una transición electoral pacífica y democrática. Figuera ha evitado referencias directas a Machado.
Para analistas, Henrique Capriles —exgobernador de Miranda y candidato presidencial opositor en 2012 y 2013— ha dado una suerte de clarinada: "Cualquier proceso de negociación no puede ser un cálculo de alguien, o contra alguien o para excluir a alguien", escribió. Y añadió: "Una negociación excluyendo a María Corina Machado y lo que representa estará condenada a fracasar". Dentro de Venezuela este pronunciamiento tuvo mucho impacto porque Capriles, también desde el campo opositor, ha sido un recurrente crítico de Machado y sus estrategias.
Su postura coincide con la de analistas que destacan que Machado representa el sector mayoritario de la oposición y cuenta con el mayor respaldo popular según múltiples mediciones. Excluirla, advierte Capriles, restaría legitimidad al proceso y podría generar divisiones internas en la oposición que debiliten cualquier acuerdo futuro.
Dinorah Figuera, expresidenta de la Asamblea de 2015, ha sido promovida por el Departamento de Estado para impulsar reformas electorales (incluida la renovación del Consejo Nacional Electoral) y para establecer una "mesa técnica y política paritaria". Esta aproximación permite a Washington utilizar estructuras remanentes del anterior sistema para iniciar la transición, al tiempo que el chavismo —históricamente reacio a sentarse con Machado— encuentra en Figuera un interlocutor más aceptable.
En contraste, la comunicación con María Corina Machado —quien ganó las elecciones presidenciales de 2024 según la oposición y mantiene un liderazgo sólido— ha sido menos fluida en esta etapa, pese a que ella se encuentra exiliada en Washington.
Encuestas de Atlas Intel realizadas en 2026 confirman que Machado lidera ampliamente las preferencias electorales y goza de la mayor imagen positiva entre las figuras opositoras.
El diálogo que comienza el 1 de agosto enfrenta varios desafíos estructurales, según la lectura que hacen analistas y observadores:
- Inclusividad real: Figuera ha convocado a "sectores democráticos", pero la ausencia inicial de delegados de Machado genera escepticismo, pese a la rectificación de Rubio de este jueves. El analista Sucre apunta asimismo la ausencia del exgobernador opositor Manuel Rosales, quien fue candidato presidencial unitario de oposición en el pasado.
- Instituciones clave: Analistas como el exdecano de Derecho de la Universidad Católica, Jesús María Casal destacan que los primeros pasos deben incluir la renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE), instituciones clave para cualquier transición creíble.
- Contexto humanitario y económico: La reconstrucción post-terremotos (remoción de escombros, infraestructura) requiere estabilidad política y acuerdos institucionales de largo plazo, por ejemplo, para contraer acuerdos con entidades como banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo.
El proceso que inicia el 1 de agosto representa un cambio de estrategia de EEUU: de un enfoque más alineado históricamente con la oposición unitaria liderada por Machado hacia una aproximación que prioriza el diálogo directo con estructuras chavistas remanentes a través de Figuera, cuyo exilio y expropiación de inmuebles en Venezuela dan fe de su no alineación con el régimen de Caracas.
Al mismo tiempo, el respaldo explícito de Rubio y el involucramiento estadounidense ofrecen una ventana de oportunidad para avanzar en reconciliación y transición. La piedra de tranca en procesos anteriores ha sido la falta de voluntad a largo a plazo del chavismo, pero a diferencia del pasado la presión que esté decidido a ejercer EEUU podría marcar la diferencia.