Cuba, Nicaragua y Venezuela sin libertad de prensa. Los tres países con modelos autoritarios en la región cierran la clasificación de libertad de prensa en las Américas según el informe anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) correspondiente a 2026, un ranking que evalúa a 180 países y territorios y que refleja el peor retroceso global de la libertad de prensa en sus 25 años de historia.
Los tres países en los que no se celebran elecciones libres ocupan los puestos más bajos de la región: Venezuela en el 159, Cuba en el 160 y Nicaragua en el 168 a nivel mundial, lo que los sitúa en la categoría de "situación muy grave" y confirma una tendencia de represión estatal sistemática que sofoca el periodismo independiente, teniendo como telón de fondo un preocupante retroceso global para la labor periodística en el continente americano.
El informe de RSF, cuya sede principal se encuentra en París (Francia), alerta que la libertad de prensa en las Américas ha perdido 14 puntos en la clasificación general desde 2022, un deterioro comparable al de Europa del Este y Asia Central o al de Oriente Medio y Norte de África. En lugar de proteger a los periodistas perseguidos, las autoridades de varios países de la región los amenazan, los criminalizan o los obligan al exilio.
"Resulta preocupante constatar que algunas de estas tendencias —represión estatal y ataques directos— se asemejan a las formas más tradicionales de censura que prevalecen en países como Nicaragua (puesto 168), Cuba (160) y Venezuela (160), donde la libertad de prensa sigue estando en el nivel más bajo de la región", subraya el balance de la entidad al referirse al continente americano.
En Nicaragua, el panorama mediático está "en ruinas", según RSF. La represión sistemática del Gobierno de Daniel Ortega ha destruido cualquier espacio para el periodismo independiente. Decenas de comunicadores han tenido que exiliarse, pero incluso desde el extranjero enfrentan persecución judicial transfronteriza. Las detenciones arbitrarias, el cierre de medios y la censura total han convertido al país en el peor de América Latina.
Cuba, por su parte, mantiene a los escasos periodistas independientes en la clandestinidad. La vigilancia constante, las restricciones impuestas durante manifestaciones y la ausencia de pluralismo informativo obligan a operar "bajo tierra", con un control estatal absoluto sobre los medios.
Venezuela, aunque registró la liberación de algunos periodistas encarcelados a inicios de 2026, sigue sumida en una "gran incertidumbre" respecto a las garantías plenas de libertad de información bajo el Gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, mano derecha de Nicolás Maduro hasta el pasado 3 de enero, cuando el exgobernante fue capturado y extraído por tropas estadounidenses.
Las persecuciones judiciales, las campañas de desprestigio y la instrumentalización de la justicia mantienen un clima de intimidación permanente en Venezuela, aun bajo un nuevo esquema político donde las palabras "elecciones libres" sigue estando vetada en los medios radioeléctricos del país.
Este trío autoritario no es un caso aislado, pero sí el más extremo en una región que RSF describe como azotada por "violencia política e inseguridad". En Ecuador (posición 125), los asesinatos de periodistas como Darwin Baque y Patricio Aguilar provocaron una caída de 31 puestos en un año. Perú (posición 144) registró cuatro homicidios de comunicadores en 2025 y perdió 14 posiciones. Argentina (posición 98) descendió 11 puestos por la hostilidad gubernamental y el acoso judicial.
Entretanto, El Salvador (143) retrocedió ocho posiciones tras la aprobación de leyes que criminalizan el financiamiento externo de medios. Incluso Brasil, que subió 58 puestos desde 2022 hasta el puesto 52, enfrenta presiones. En contraste, países como Colombia (102), Uruguay (48) y Guatemala (128) mostraron leves avances.
El contexto regional se agrava por la fragilidad económica de los medios, la violencia de cárteles sin protección estatal y el uso de retórica hostil contra la prensa. RSF denuncia que, en lugar de ayudar a los periodistas perseguidos, las autoridades los amenazan con leyes restrictivas y campañas de descrédito. "Allí donde el crimen organizado mata, la clasificación de los países cae en picado. América Latina se hunde", resume la organización.
Este deterioro en América Latina forma parte de un retroceso global histórico. La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026 revela que la libertad de prensa vive su peor momento en 25 años. Por primera vez, más del 52,2% de los países —más de la mitad— se encuentran en situación "difícil" o "muy grave", frente al 13,7% registrado en 2002. La puntuación media mundial alcanzó su mínimo histórico.
El indicador legal es el que más se ha deteriorado: empeoró en el 60% de los países (110 de 180) por el abuso de leyes de seguridad nacional, antiterrorismo o contra el "extremismo", que criminalizan el periodismo.
RSF, organización no gubernamental internacional fundada en Francia con estatus consultivo ante la ONU, la UNESCO y el Consejo de Europa, elabora su ranking desde 2002 mediante cinco indicadores clave: clima político, marco jurídico, contexto económico, marco sociocultural y nivel de seguridad de los periodistas. Un comité de expertos académicos y periodistas actualiza anualmente los datos.
El informe 2026, que conmemora los 25 años de la Clasificación, lanza una pregunta urgente: "¿Hasta cuándo vamos a tolerar la asfixia del periodismo?".
Las consecuencias de estos retrocesos son profundas para la democracia. Sin prensa libre, los ciudadanos pierden acceso a información veraz, se debilita el control al poder y se facilita la corrupción y los abusos. En Cuba, Nicaragua y Venezuela, la ausencia de pluralismo informativo perpetúa regímenes que controlan la narrativa y silencian disidencias. Con matices entre sí, estos tres regímenes se caracterizan por ser enemigos de las elecciones libres y esta postura repercute directamente en el ejercicio del periodismo.