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Asia

Camboya: Del terror comunista a la 'dictadura perfecta'

Hace 50 años, Fidel Castro celebró la victoria de Pol Pot y los Jemeres Rojos, y solo se distanció cuando ya era demasiado tarde. ¿Qué sucede hoy en la nueva Camboya?

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El genocida Pol Pot y un campo de exterminio en Camboya.
El genocida Pol Pot y un campo de exterminio en Camboya. ZENDA/SPENGLER

La sangre se hiela al pisar la S21, el mayor centro de torturas de los Jemeres Rojos en Nom Pen. Suele pasar en lugares estigmatizados por la perversidad. Aún hay marcas en paredes y suelos —pátinas de sangre y restos orgánicos—, y alambradas en muros y ventanas.

Fotos de fallecidos y un pavoroso conjunto de instrumentos lacerantes atestiguan la era de Pol Pot en Camboya. Pese a todos los avisos, resulta imposible no sobrecogerse ante las pruebas del horror comunista. Se estima que unas 14.000 personas pasaron por allí entre 1976 y 1979; de ellas, solo se conoce una docena de supervivientes.

Lo que antes funcionaba como escuela secundaria se transmutó en punto neurálgico del crimen jemer. Cuando Pol Pot ordenó a todos marchar al campo, portar gafas y "parecer un intelectual", entre otras paranoias, bastaba para ingresar en la prisión. Les arrancaban confesiones, incluso inverosímiles, y luego eran masacrados lentamente.

"Los ejecutaban a golpes para ahorrar balas", explican en el actual Museo del Genocidio Camboyano.

Las cifras son difíciles de calcular, aunque hay consenso en torno a unos dos millones de asesinados. "Todas, todas las familias tenemos a alguien desaparecido", asegura un residente de Siem Reap, centro logístico del complejo histórico de Angkor Wat.

"Es también una victoria de Cuba"

Aunque el museo "olvida" mencionarlo, Fidel Castro alentó la cruzada "antiimperialista" de Pol Pot y celebró como propia la toma de Nom Pen, hace 50 años. En un mensaje enviado en 1975, el dictador cubano admitió una "profunda alegría".

"Al saludar este triunfo, que pone fin a largos años de agresión imperialista y de régimen entreguista, reafirmamos nuestra más decidida solidaridad con el pueblo de Camboya y su Gobierno. La victoria de Camboya es también una victoria de Cuba y de todas las fuerzas revolucionarias del mundo", escribió entonces Castro.

¿En qué momento —y por qué— La Habana retiró su apoyo a Pol Pot?

Según la versión oficial, por los "aberrantes crímenes" de los Jemeres Rojos, aunque Castro —con importantes matices de escala— los replicara en su propia isla. La clave del desencuentro, sin embargo, no fue ética, sino geopolítica: los jemeres amenazaban a Vietnam, el fiel amigo de La Habana, y además contaban con el apoyo de China. En aquellos tiempos, Moscú y la prensa oficial cubana atacaban permanentemente a Pekín.

"Hasta la Cumbre de Países No Alineados de La Habana, en 1979, ellos estaban en perfecta armonía y Cuba apoyaba plenamente a los Jemeres Rojos", aclara a DIARIO DE CUBA el politólogo y exdiplomático Juan Antonio Blanco.

El Castro de las torturas, los fusilamientos, el exilio forzado y la represión contra intelectuales, rompió con Pol Pot cuando ya era demasiado tarde.

¿Representó la Kampuchea Democrática la deriva más extrema del comunismo desde Stalin? "Si no lo fue, compite bastante bien. En la China de Mao se hicieron también horrores, pero no se puede comparar con el número de muertos de Camboya, por un problema de escala entre una población y la otra", añade Blanco.

¿Qué pasa hoy en Camboya?

Desde la invasión vietnamita que acabó con la era Pol Pot, una misma familia gobierna el país con mano de hierro. El exjemer Hun Sen se desempeñó como primer ministro durante 38 años, hasta que en 2023 escenificó el relevo en favor de su hijo, Hun Manet, para reservarse la presidencia del Senado. Camboya celebra elecciones periódicas, pero los partidos más competitivos pueden ser ilegalizados por razones variopintas.

El año pasado, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Camboya, Vitit Muntarbhorn, expresó preocupación por el restringido espacio cívico y político en el país.

"Los partidos de oposición se han visto debilitados por unas elecciones que no han sido ni libres ni justas en los últimos años. La misma camarilla ha disfrutado de un poder monopolístico a pesar de los cambios intergeneracionales", afirmó entonces Muntarbhorn.

Camboya es hoy una especie de protectorado chino: depende de forma extrema de su Inversión Extranjera Directa (IED), de la titularidad de la deuda externa y del desarrollo de infraestructuras críticas bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Según datos del Banco Mundial, la cuota de IED china escaló al 65,5% en 2024, comparado con el 41,3% en 2019, en sectores donde el capital chino domina la industria textil, el pilar de las exportaciones camboyanas.

"Pekín ha ayudado al régimen de Hun Sen a construir su sistema de vigilancia en línea. Si alguien publica algo demasiado crítico con el Gobierno, las autoridades pueden rastrear rápidamente la dirección IP, gracias a la ayuda china. También le ha suministrado armas", afirma Michael G. Vann, profesor de la Universidad Estatal de California, en declaraciones a DIARIO DE CUBA.

El experto en Estudios Asiáticos asegura que en 2018 Estados Unidos criticó al régimen, pero entonces "Hun Sen le respondió que se largara, que la República Popular China le brindaría toda la ayuda necesaria".

En 1999, Hun visitó La Habana y fue condecorado por Fidel Castro con la Orden José Martí. Luego regresó en 2022 y se reunió con Raúl Castro.

"Mal informados sobre el genocidio"

En Camboya también se manifiesta el dilema entre "progreso autoritario" y democracia plena. El Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (IDH) sitúa al país en la categoría media (puesto 151 de 193), con un aumento del 56,6% entre 1990 y 2023. La esperanza de vida al nacer se ha modificado en 15,5 años y el Ingreso Nacional Bruto per cápita ha crecido aproximadamente un 307,7%.

"La gran mayoría de los camboyanos están muy mal informados sobre los años del genocidio. Esto se debe, en parte, a que Hun Sen y otros funcionarios son exjemeres rojos", razona el académico Vann.

Sostiene que Hanói entronizó a Hun como "gobernante títere" en la década de 1980, pero era muy difícil hablar sobre los Jemeres Rojos, ya que las muertes masivas se llevaron a cabo "en nombre del comunismo", y Vietnam, obviamente, era comunista.

"Mientras Hun Sen intentaba reconciliar y reconstruir Camboya, el debate sobre los abusos de derechos humanos cometidos por los Jemeres Rojos se mantuvo deliberadamente vago y ambiguo. Siendo generosos, esto ha ayudado a Camboya a avanzar. Sin embargo, muchos asuntos siguen sin resolverse y la población tiene una comprensión muy confusa de esos años", añade Michael G. Vann.

Como advirtió el Relator Especial en el Consejo de Derechos Humanos, tras el espejismo del progreso económico, la disidencia política y el activismo ambiental siguen bajo asedio.

Académicos residentes en Camboya declinaron contestar a las preguntas de este periódico.

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5 comentarios

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ese hp se murió de viejo

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Como Barbaetruco y pronto su hermana Pamela 🤷🏻‍♂️

Profile picture for user GigaPanda

Cuando el comunismo "No se implementa bien".

Profile picture for user Mascara Negra

Pruebas IRREFUTABLES del horror comunista.PRUEBAS DE QUE TODO COMUNISTA NO ES UN SER HUMANO. CADA COMUNISTA ES UN ANIMAL RABIOSO, UNA BESTIA CON FORMA HUMANA QUE CAMINA EN DOS PATAS POR UN MILAGRO DE EQUILIBRIO.

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Excelente artículo que describe la metamorfosis socialista y sus crímenes en esa nación asiática, pero como suele suceder con las fechorías de la izquierda, se esconden, justifican y pronto se olvidan.