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Venezuela

El chavismo desata nueva ola represiva en medio de la canonización de primeros santos venezolanos

Las gestiones de la Iglesia católica por un clima de tolerancia en torno a la canonización de los dos primeros santos de Venezuela, chocó con la posición del chavismo.

Caracas
Adoración del beato venezolano José Gregorio Hernández, canonizado ya.
Adoración del beato venezolano José Gregorio Hernández, canonizado ya. Vatican News

En un marcado contraste entre la celebración espiritual y la represión política, el régimen de Nicolás Maduro ha intensificado sus medidas represivas durante este mes de octubre, coincidiendo con la canonización de los primeros dos santos venezolanos, el doctor José Gregorio Hernández y la religiosa Carmen Rendiles.

Mientras la Iglesia Católica y una parte mayoritaria de la sociedad venezolana, tradicionalmente católica, conmemoraba este hito histórico, el chavismo respondió con un aumento significativo de detenciones arbitrarias, teniendo como objetivos particularmente a miembros del partido Vente Venezuela, fundado por la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, líder de la oposición prodemocracia, así como a activistas ciudadanos por el voto que participaron en las elecciones presidenciales del 2024.

De acuerdo con datos recopilados por diversas fuentes periodísticas y organizaciones de derechos humanos, durante octubre, hasta el día 20, se registraron al menos 31 detenciones políticas, con una frecuencia alarmante de casi una cada 24 horas en el pequeño estado (provincia) de Trujillo, en la zona andina venezolana. Trujillo ha estado movilizado, pero por razones religiosas ya que allí nació el santo venezolano José Gregorio Hernández.

En Isnotú, Trujillo, el pequeño poblado donde nació Hernández, un dirigente opositor local fue detenido durante una vigilia en honor a los nuevos santos, un acto que simbolizaba la esperanza de libertad y justicia. Este caso, documentado por medios como El Carabobeño, ilustra cómo el régimen ha aprovechado eventos de alta visibilidad para intensificar su control sobre la disidencia.

A contramano de lo que podría esperarse en un contexto como el actual, donde hay un foco puesto en Venezuela por la canonización de los dos santos y por el otorgamiento del Premio Nobel a María Corina Machado, el chavismo lejos de excarcelar a presos políticos, como se le había solicitado con insistencia, optó por una ola represiva que ha aumentado el número de detenidos por causas políticas.

El ministro del Interior y número dos del chavismo, Diosdado Cabello, en los días previos a la canonización que tuvo lugar en Roma este domingo, había sostenido que esta celebración religiosa sería aprovechada por María Corina Machado para generar caos en el país, cosa que no ocurrió.

En las semanas previas a la canonización, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela (Clippve) lanzó una campaña para solicitar la liberación de los presos políticos. La iniciativa buscaba convertir el evento religioso en un momento de presión moral y espiritual sobre el Gobierno, argumentando que la santidad de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles debía ser un signo de unidad, compasión y justicia.

Sin embargo, la respuesta del régimen no pudo ser más opuesta: en lugar de excarcelaciones, el número de presos políticos aumentó, sin que se registrara ningún gesto de conciliación por parte de Maduro.

La ausencia de liberaciones a pesar de las peticiones nacionales e internacionales (incluida la propia Iglesia Católica por canales diplomáticos), revela la determinación del chavismo de mantener su control a través de la intimidación y la fuerza, incluso en momentos de supuesta paz espiritual.

En tanto, en respuesta al aumento represivo, justamente en el marco de las canonizaciones, desde Roma, donde se llevaba a cabo la canonización, el cardenal Baltazar Porras, la voz con más autoridad de la Iglesia venezolana, ofreció un diagnóstico crudo de la realidad venezolana. Durante un acto en la Pontificia Universidad Lateranense, el prelado describió la situación del país como "moralmente inaceptable".

Porras no solo criticó la militarización del Estado y la persecución a la disidencia, sino que también destacó la figura de José Gregorio Hernández como un ícono que trasciende las divisiones políticas, un mensaje que contrasta drásticamente con la polarización impuesta por el régimen.

La respuesta del chavismo a las críticas de Porras no se hizo esperar. En un discurso transmitido por medios estatales, Nicolás Maduro arremetió contra el cardenal, acusándolo de haber conspirado contra la canonización de José Gregorio Hernández. Sin ofrecer pruebas, Maduro insistió en que Porras y una supuesta "cofradía" fueron derrotados por "Dios y el pueblo".

Estas acusaciones forman parte de una estrategia recurrente del régimen de deslegitimar a sus críticos, especialmente a aquellos con autoridad moral o religiosa.

Los ataques de Maduro no solo revelan la intolerancia del régimen hacia cualquier forma de disenso, sino también su disposición a instrumentalizar eventos religiosos para fines políticos. Al atribuirse el mérito de la canonización, Maduro busca proyectar una imagen de liderazgo espiritual, a pesar de las evidencias de su responsabilidad en la crisis humanitaria y política que atraviesa Venezuela.

Junto a todo esto, el Vaticano hizo este lunes su crítica más directa y cruda en contra del régimen de Maduro, en un giro de 180 grados si se le compara con las posiciones tibias o el silencio durante el papado de Francisco.

En una misa pública, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de El Vaticano y exembajador de Roma en Caracas, llamó este lunes a "abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos", al referirse a la situación de Venezuela.

Para observadores, la intervención de Parolin no solo refuerza las denuncias previas de Porras, sino que también eleva el tono de la condena internacional. El hecho de que el segundo hombre más importante de la Santa Sede se pronunciara de esta manera durante un evento de tanta relevancia espiritual subraya la gravedad de la crisis venezolana y la urgencia de una solución.

La canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, destinada a ser un momento de orgullo nacional y renovación espiritual, ha sido eclipsada por la represión del chavismo, en Venezuela. Mientras la Iglesia Católica y la sociedad civil intentaron encontrar en este evento un rayo de esperanza, el régimen de Maduro respondió con más detenciones, ataques verbales y un rechazo rotundo a cualquier llamado a la reconciliación.

Para el chavismo, la celebración espiritual no es sinónimo de apertura y entendimiento, sino que devino en un nuevo capítulo represivo.

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