Back to top
Oposición

Aquel mes de junio de 1997

Una crónica de la disidencia cubana con dos protagonistas: el héroe Gustavo Arcos Bergnes y la chivata Odilia Collazo.

Lucerna
Gustavo Arcos Bergnes y Odilia Collazo.
Gustavo Arcos Bergnes y Odilia Collazo. Diario de Cuba

Estaba en la sala geriátrica del hospital Calixto García, cuidando a mi tía Candita, quien por el glaucoma se había quedado ciega, cuando desde un teléfono público llamo a mi casa y me dicen: "Te llamó una tal Odilia Collazo, que pases por la casa de Gustavo Arcos Bergnes a recoger cien dólares de un dinero que envió Frank Calzón".

Era el jueves 26 de junio de 1997. Lejos de alegrarme, me desagradó. Un recado así, tan explícito, no lo deja un verdadero disidente, por la 'buena costumbre' de la Seguridad del Estado de escuchar y grabar conversaciones de opositores, activistas y periodistas independientes.

Alrededor de las seis de la tarde dejé a mi tía al cuidado de un familiar y me dirigí al domicilio de unos amigos que vivían cerca del hospital. Desde allí llamé a mi primo, Vladimiro Roca Antúnez, para pedirle la dirección y teléfono de Gustavo.

—Qué bueno que me llamas —me dijo Pepe, como le decíamos—. Iba a llamarte esta noche, para decirte que mañana vamos a dar una conferencia de prensa en casa de Martha Beatriz [Pérez Roque] en Santos Suárez.

—Pepe, qué lástima, no puedo asistir porque mañana le dan el alta a tía Candita y quedé en estar a las nueve en el hospital. Excúsame con Martha, René [Gómez Manzano] y [Félix] Bonne.

—No hay problema. El sábado vienes a mi casa y te pones al día —me dijo, pues desde 1996 yo reportaba para Cuba Press las incidencias del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna.

El sábado 28 de junio, Vladimiro me daría pormenores sobre el lanzamiento de La Patria es de todos y un ejemplar del documento redactado por ellos cuatro y también por el economista Arnaldo Ramos Lauzurique.

Volviendo a Gustavo. Desde hacía años vivía con Teresita, su esposa, en una casa de huéspedes en la calle H entre 13 y 15, Vedado. Salió a recibirme con una impecable pajama. En la mano traía un papel y la "tabla" (billete de cien dólares). El papel era un recibo que firmé y puse la fecha.

En varias ocasiones y en distintos lugares, coincidí con Gustavo y Teresita, un matrimonio muy bien llevado. En particular no olvido una tarde de 1999 o 2000, en la residencia del jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en ese momento.

Cuando ya habían llegado todos los invitados, en el salón principal, donde habían situado un piano, los presentes se agruparon. Unos minutos después Odilia Collazo comenzó a hablar. Inmediatamente salí y me dirigí a la terraza.

Allí se encontraba Gustavo, con una guayabera blanca de mangas largas. Nos alejamos un poco y en voz baja me dijo:

—No soporto a esa mujer. 

—Yo tampoco, Gustavo. Estoy convencida que trabaja para la Seguridad del Estado.

Y le conté del presentimiento que siempre tuve hacia Odilia Collazo, corroborado cuando el 16 de julio de 1997, con un aparatoso operativo, detuvieron a Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano, Félix Bonne Carcassés y mi primo Vladimiro y ella solo fue "detenida" unas horas en Villa Marista.

Odilia Collazo encabezaba el "comité de apoyo al Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna", un engendro creado por la Seguridad del Estado para propiciar y justificar que la Collazo andara pa'rriba y pa'bajo con los cuatro disidentes, participara en reuniones que ellos tenían con diplomáticos de la UE, Canadá, Estados Unidos y España, entre otros, y estuviera en contacto con los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana.

Gustavo había sido atacante del cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 junto a su hermano Sebastián, ya fallecido. Pronto los Arcos Bergnes se dieron cuenta de quién era Fidel Castro y del fracaso de la revolución socialista.

A pesar de la diferencia de edad (Gustavo nació en 1926 y yo en 1942) y de ser muy distintas nuestras trayectorias, teníamos una intuición especial para percatarnos de quién era quién dentro de las filas de la disidencia. Gracias a ese sexto sentido, pudimos evitar que las ventosas de las medusas lanzadas a la oposición por la Seguridad del Estado se nos pegaran.

En agosto de 2006, en el periódico El Mundo, Raúl Rivero recordaba a Gustavo Argos Bergnes:

"La trayectoria, compleja, diversa y dramática, de la sociedad cubana en su camino definitivo hacia la libertad y el progreso tiene un punto y aparte, una especie de frontera etérea, en la figura de un hombre sereno, callado, firme y obstinado que se llamaba Gustavo Arcos Bergnes.

"No creo que él mismo admitiera, de ninguna manera, el tratamiento de héroe o de persona fuera de serie y, por lo tanto, no pienso ofender su memoria con unos adjetivos que le sobrarían a su nombre y su apellido y dejarían sin equilibrio esta nota.

"Lo cierto es que Arcos Bergnes, nacido en Caibarién en 1926, y fallecido en La Habana en el verano de 2006, fue un cubano que trabajó desde su primera juventud contra las dos dictaduras que le tocó vivir en su país. Primero, los siete años que gobernó Fulgencio Batista y, después, la eternidad que llevan en el poder la familia Castro y sus fieles afiliados.

"Fue uno de los jóvenes que participó en el asalto al Cuartel Moncada y allí, en la refriega y el tiroteo en la fortaleza militar, fue herido en la columna vertebral. Arrastró una lesión por el resto de su vida (...). 

"No olvido las visitas que le hacía a Gustavo, que estaba siempre como escondido en un balcón de juguete, en El Vedado, leyendo libros de historia o tomando notas en unas enormes hojas blancas. Lo recuerdo con una mano tendida, dándole alpiste a sus mascotas, dos pericos desconfiados y torvos que comían a toda velocidad.

"En el viaje de la liberación de Cuba, tiene un asiento seguro el espíritu de Gustavo Arcos Bergnes".

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Archivado en

Sin comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.